Lo Último

viejo amo a mi esposa 11


Sobre las enfermedades psicológicas, sobre mi cambio repentino de actitud y del miedo. (Ellie)
(2005, Texas)
-¿Qué están haciendo ahora? –Preguntó Karla; que miraba esa extraña escena con algo de perversión.
-Al parecer quieren ser animadores. –Respondí.
-Eso está bien… Pero… ¿no deberían los hombres animadores usar el uniforme de hombres?
En medio de la práctica de animadoras, Zack y Junior llegaron vestidos como animadoras y empezaron a calentar con nosotras con naturalidad, en ese momento los dos estaban siendo rodeados por las otras novatas coquetas y curiosas; acosándolos con preguntas.
-¡Esperen chicas vamos a hablar con nuestras amiguis! –Exclamó Zack, colándose del montón de chicas; Junior hizo lo mismo.
-¿Cómo están campeonas? –preguntó Junior, levantando su falda como una señorita e inclinándose para hacer una reverencia.
-¡Amiguis cuanto sin verte! –Exclamó Zack, acercándose a mí y besándome en ambas mejillas. –Muack, muack.
-¿Y esto a que viene, Zack? –Pregunté, mirando su aspecto de travesti.
-Ayer vimos “Legalmente rubias” y decidimos aportar nuestro granito de arena al estilo en las animadoras de nuestra escuela. –Respondió Zack, mirándome con una gran sonrisa.
-Creo que tú novia va a asesinarte. –Murmuré, mirando a los alrededores.
-Por suerte ella no está por aquí. –Suspiró Zack, encogiéndose de hombros. –Ha estado muy malhumorada últimamente, debería aprender a ser como tú, Ellie.
-¿Y eso porque?
-Pues tú, aunque eres igual de amargada y mandona… Eres más abierta y te das la oportunidad de divertirte de vez en cuando, eres algo así como una bruja buena.
-¿Es ese tu mejor halago? Porque si es así, mejor prepárate para morir en soledad.
Diciendo esto le solté una gran sonrisa que él me devolvió al instante.
-Lo que pasa es que estás celosa de que yo soy más hermosa que tú.
Ambos soltamos una gran risotada; hasta que una voz severa y altanera nos paró en seco.
-¡Zack! ¿Qué demonios estás haciendo?
Giré la cabeza, angustiada; quien había hablado era la sub capitana de las admiradoras: Helena, e iba acompañada de la capitana: Elizabeth.
-Oh, ¡Hola Helena! –Saludó Zack con gran naturalidad. – ¿Cómo has estado?
Ella miró de arriba abajo a su novio vestido de animadora y después me dedicó una mirada de muerte.
-¿Por qué les permitieron esto? Tendrían que haber ido a quejarse con la entrenadora.
-Bueno es que ellos acaban de llegar. –Se interpuso Karla, que hasta hace unos momentos estaba coqueteando con dedicación con Junior.
-Exacto. –Complementó Junior. –Apenas tenemos un par de segundos aquí, hermana Gashapona.
-¡No me llames así! ¡Vayan a vestirse antes de que me queje con el sub director!
-Tranquila, Helena. –Se interpuso Zack. –Solo queríamos divertirnos un rato, ya nos vamos… ¡Relájate!
Elizabeth soltó una gran carcajada; todos la miramos confundidos y sorprendidos.
-¡Ustedes siempre me hacen reír, muchachos! ¡Dios! ¿Recuerdan cuando trajeron un vago a la ceremonia de apertura en la secundaria?
Junior y Zack empezaron a reírse como locos; recordando algo aparentemente épico.
-Capitana… –Imploró Helena, mirándola con desesperación. –Ellos han faltado al respeto a nuestro grupo…
Elizabeth puso su mano sobre la barbilla, dando a entender que estaba pensando en algo.
-Tienes razón, creo que tendrás que imponerles un pequeño castigo de mi elección…
Zack y Junior agacharon la cabeza, fingiendo estar nerviosos.
-Lo siento, cariño… Te lo mereces esta vez.
-Bien, yo digo que vayan a comprar pollo frito para todas.
-¿Eh? –Preguntó Zack.
-¿Eh? –Preguntó Junior.
-C… Capitana…
-¿Qué pasa? El pollo es caro, además de que creo que ya ha pasado tiempo desde que nos hemos relajado. –La capitana me soltó un guiño y después acarició la cabeza de Zack. – ¿Puedes imponerles ese castigo?
Helena estaba notoriamente molesta, tenía sus puños algo apretujados y se le veía en los ojos intenciones suicidas.
-Vayan a comprar pollo para todas las animadoras. –Ordenó, con indiferencia.
-Bien, ¡nos vemos más tarde chicas! –Se despidió Zack, no sin antes soltarme una gran sonrisa.
-¡No vayas a irte vestido así! –Le grité, burlona. – ¡Nunca se sabe a quién te puedas topar en un restaurante!
-¡Voy a morir solo de cualquier forma! –Respondió sin darse la vuelta.
-Elizabeth, creo que has sido muy liviana con ellos. –Se quejó Helena. –Me has hecho quedar como la mala.
-Tranquila, Helena… ¿No ves que no hay peor castigo que el gastar del bolsillo propio? Además, creo que ellos son divertidos… Y él es tú novio, ¿Cómo puede pasar por tú mente el perjudicarlo? Al menos podemos estar seguras de que nada malo les va a pasar comprando pollo.
Miré a Elizabeth con admiración; ella era una chica seria y profesional, por no mencionar que como animadora era la mejor; y sin embargo siempre se mostraba abierta a las bromas y a la socialización, era sin duda alguna un ejemplo a seguir.
-En fin, ¡A entrenar señoritas! –Elizabeth se alejó de nosotras; pero Helena se acercó aun más a mí y me miró con desafío.
-No me molesta que hables con él, pero al menos borra esa sonrisa de idiota que siempre pones cuando lo haces, ¿Sí?
Dicho eso se alejó; Karla y yo nos aguantamos la risa y volvimos a la práctica.

(2010, Los Ángeles)


-No podemos criar a un niño aquí, cariño… ¡Tenemos que conseguir una casa!
-Ellie, no podemos pagarla… Lo siento, tendremos que arreglárnoslas aquí de alguna forma.
Esta discusión ya llevaba varias horas en pie; gracias a Doña Concha me había dado cuenta de que un departamento de una sección tan antigua de la ciudad nunca sería un ambiente ideal para un hijo; por lo que me sugirió exigirle a Zack un cambio de domicilio (esto por supuesto con la doble intención de alejarme a mí, a mi bebé y a mi esposo de la niña exploradora).
-¡Estoy harta de esto, Zack!
-¿De qué rayos hablas? –Preguntó el, sin alterarse.
-¡No he conseguido ninguna audición desde mi debut con el comercial del champú, trabajo como esclava en esa maldita tienda todo el día para llegar a este feo y pequeño departamento que no puedo llamar mi hogar porque si no pagamos renta nos sacan a patadas! ¡Es muy injusto, Zack!
-Ellie nosotros…
-¡Nosotros somos buenas personas! ¡Tú trabajas en home Depot todas las mañanas como un esclavo por igual y ensayas en las tardes! ¿Por qué no podemos darnos lo que merecemos? ¡Una casa propia! ¡Un lugar que nuestro hijo pueda llamar casa!
-¡Ellie escúchate! ¿No estamos aquí para cumplir nuestros sueños? ¡Necesitamos paciencia! ¿Por qué quieres la casa tan de pronto? Tal vez en un par de años pues…
-¡No! ¡No quiero esperar un par de años para ser dueña de algo, Zack! Mira, he hecho cuentas… Podemos ir a un área residencial a ver las casas más sencillas y engancharnos con una inmediatamente.
-Sí hacemos eso terminaremos en bancarrota, Ellie; no podemos hacerlo.
-¡No es justo! ¡No lo es! ¡NO!
Corrí a nuestra habitación y me tiré en la cama, dándole la espalda a la puerta; esperando a que Zack corriera para acceder a mi petición, eso no ocurrió.
-Ellie, no tenemos dinero… ¡Lamento no ser rico! –Gritó, desde la sala.
-¡Quiero una casa!
Estaba realmente sensible, mis estados de ánimo se veían brutalmente atacados por el mar de hormonas que el embarazo comenzaba a prepararme y presentía que esta era la primera de muchas discusiones tontas con Zack.
-Recuerda que hoy tenemos nuestra primera cita con el médico por la prueba de ultrasonido. –Murmuró Zack, al momento en que asomaba la cabeza en el cuarto.
-No quiero que vengas conmigo. –Gruñí, solo pude escuchar un suspiro y el sonido de la puerta abrirse y cerrarse.
Una hora más tarde la doctora me recibió amablemente; era una mujer de color con unos gruesos rizos de cabello, su rostro era amable; me presenté, nerviosa.
-M… Mi nombre es Ellie… Ellie Mosh.
-Mucho gusto, señora Mosh; puede llamarme Clara, por favor recuéstese en la camilla aquí a mi lado.
Hice lo que me indicó y sin previo aviso levantó un poco mi blusa, dejando mi vientre al aire.
-Te va a dar un poco de frio. –Me advirtió la mujer.
-Estoy algo nerviosa… ¿Usted es madre?
-Así es, tengo 3 bellas criaturas; todas ya mayores de edad a excepción del menor, que tiene 18 años; no se preocupe, las cosas se van a poner peores más adelante, ¡esto es lo bonito!
Por alguna extraña razón, las palabras de la mujer no provocaron ningún efecto positivo en mí, sino todo lo contrario; mis sentimientos se vieron interrumpidos por un frio y baboso gel que ella arrojó sobre mi vientre desnudo, solté un grito ahogado por la sorpresa.
-¡Está helado! –Exclamé.
-Se lo advertí. –Soltó una risa. –Bien, ¿Cuánto tiempo dice que tiene de retraso en su menstruación?
-Pronto se cumplirán dos meses, lamento haberme tardado en venir a verla, ¡Es que estaba muy sorprendida! Sabe… No quiero que a mi bebé le crezca un brazo extra solo porque estoy sumida en la miseria y estoy muy estresada…  Así que quiero que me haga todos los exámenes que tenga para hacerme, ¿Es posible que me haga uno de esos donde me conectan cables y me ponen a correr?
-No creo que esos sirvan para el embarazo. –Murmuró la mujer, soltando una risa al momento en que colocaba un aparato con forma de T en mi vientre y lo movía entre el gel, mirando una pequeña pantalla a su derecha.
-Alguna otra prueba debe de existir, tengo miedo que mi bebé sea un monstruo, ¿sabe?
-No se preocupe, señora Mosh; no tiene nada.
-¿Segura?
-Completamente.
Esbocé una gran sonrisa y miré al techo, emocionada.
-¿Es niño o niña?
Hubo un par de segundos de silencio; la doctora me miraba con severidad.
-No sé cómo decirle esto…
-¿ES AMBOS?
-En realidad… No hay bebé.
Me levanté de forma abrupta y la miré con desesperación, sentí cómo sí un balde de agua cayera sobre mí.
-¡¿Sé cayó?!
La doctora desvió la mirada a la pantalla.
-Uhm… No, no está embarazada; señora Mosh.
-¿Qué? P… P… P… Pero… ¡Las pruebas de embarazo todas fueron positivas! ¡No estoy menstruando! Tengo nauseas… Y… Y….
-Usted quiere tanto un bebé que su cuerpo ha estado imitando los síntomas, es una enfermedad común en las mujeres que tienen un desorden sentimental y/o grandes deseos de tener un bebé; llamado embarazo psicológico o embarazo histérico.
-P… Pero he subido 3 kilos…
-Puedo jurar que el ultrasonido detectó una alita de pollo entera, seguramente es por comer mucho.
-¡No puede ser! –Me llevé las manos a la cabeza y empecé a llorar, con desesperación. – ¡No es justo!
-Escuche, sí usted desea tener un bebé, ya sucederá… Solo que hoy no fue su día de suerte.
Volví a casa con cientos de cosas en la cabeza, no ayudó mucho la presencia de la niña exploradora acompañada de otra chica de cabello negro con rayos rubios y rosas; con un aspecto de ramera.
-Vaya, la tropa se multiplica, ¿Eh? –Murmuré, al ver a las dos chiquillas en mi sala, hablando con Zack; que me esperaba con una gran sonrisa.
-¡Cariño no me lo vas a creer! ¡Gracias a Ginnie despidieron al profesor de música en su preparatoria!
-Que le puedo decir… Simplemente soy grande. –Presumió la niña exploradora #2 (que por cierto se veía a mares que era 400% más ramera que Ruth, vistiendo una minifalda de mezclilla rasgada con botas de piel negras y una blusa que mostraba el vientre).
-Vaya, pues felicidades. –Respondí, confundida.
-¡espera cariño! –Me riñó Zack. –Aun no viene lo mejor.
-Ah, ya veo…
-¡Inmediatamente Ruth me llamó ordenándome que fuera a su escuela por ellas, al entrar me esperaban en compañía del director, le dijeron que yo era un genio de la música y me ha ofrecido el trabajo!
Abrí los ojos, sorprendida; pese a que me alegraba la gran noticia de Zack me era difícil concentrarme a causa del shock de ser una mujer psicológicamente inestable; me limité a extender mis brazos para abrazarlo y a sonreír cómo si en realidad supiera lo que eso significaba para nosotros, cuando tuve a Zack en mis brazos el murmuró con ternura a mi oreja izquierda.
-Trabajaré en la escuela por las mañanas, ensayaré en las tardes y trabajaré en las noches en home Depot y tendremos nuestra casa… ¡¿No es genial?!
No se me ocurrió nada para responder en el momento, solo lo abracé con fuerza.
En el momento en que me separé de Zack, la tropa de rameras se encaminó hasta la puerta.
-Bien, ¡nosotras nos vamos! –Anunció la chica exploradora #1.
-Un placer hacerte el día, Zack. –Se despidió la chica exploradora #2. Abrazando a Zack; definitivamente ella era una ramera más ramera que Ruth.
-¡Muchas gracias a las dos! ¡En serio me han ayudado mucho! –Se despidió Zack, antes de chocar su mano con la de Ruth en un saludo secreto bastante complicado, ¿En qué momento habían inventado eso?
La puerta se cerró tras ellas y Zack se volvió a verme con una gran sonrisa.
-¿No estás emocionada por que podremos tener nuestra propia casa?
-Sabes… Hoy fui con la doctora y…
-¿Sí? –Preguntó el, mirándome con ternura.
Sentí una gran presión; recordé a las ahora dos niñas exploradoras y un gran escalofrió recorrió mi cuerpo; ¿Qué debía hacer?
-¡Es un niño!
Bueno, ya lo pensaría después.

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