Lo Último

Breyta! (02/??)



(2007, Texas. Kevin Mosh)

¿Recuerdan esa escena del rey león donde Mufasa muestra a Simba el reinado y le explica que algún día será el dominante de todo lo que toca la luz? En ese momento, Simba comprendió que era alguien muy importante, y que una gran responsabilidad caía sobre sus hombros… ahora, imaginen que Simba tenía dos hermanos mayores mucho más geniales y atractivos que él; y no solo eso, también son más astutos, inteligentes y talentosos. Teniendo hermanos tan fascinantes, es obvio que todos los animales del reino esperaran cosas fantásticas de Simba… de hecho olviden a Simba y toda la analogía del rey león, no sé por qué la empecé en primer lugar… estoy hablando de mí, ¿de acuerdo?

El nombre es Kevin, el apellido es Mosh. Soy el cuarto hermano de una legacía de cinco criaturas nacidas de una inestable y extraña relación que va y viene como las olas del mar. Siendo mi hermana menor la primera niña de la familia, acabé siendo el último hijo varón, y tal vez sea por eso que me persigue la desgracia… tal vez mis hermanos se quedaron con todos los cromosomas Y de calidad

Para poner un poco de contexto a mi eterno complejo de inferioridad, he de aclarar que los Mosh son algo así como los ídolos de mi ciudad. Cuando mi padre y su hermano eran jóvenes fueron tan populares y queridos que sus hazañas se volvieron leyendas urbanas, y cuando mis hermanos expandieron la leyenda aún más con sus encantadoras personalidades y diversos talentos, fui yo el encargado de destruirlo todo con mi torpeza natural y mi desabrida envoltura. Nadie nunca me lo dijo directamente, lo sé; pero he aprendido a notar y lidiar la decepción que dejo a mi paso… cuando mis compañeros de clase se enteran que compartirán clase con un Mosh, pegan saltos de emoción, pero cuando descubren como soy en realidad, bueno… todo se desvanece.

― Tal vez, Dios me castigue por algo muy malo que hice en una vida pasada… tal vez, fui una persona muy promiscua, infiel y popular que por castigo divino reencarnó como un vil friki.

― Nah ― Negó de inmediato Abisaí, sin separar la vista de su libro de cómics. ― Dudo mucho que alguien que conozca la definición de ser “promiscuo” pueda reencarnar de alguien tan genial.

― Gracias, mejor amigo… gracias de verdad.

― De nada. Oye, ¿tienes té?

― ¿Tan pronto vamos a dejar de lado el tema de mi triste existencia?

Abisaí suspiró con pesadez, y haciendo un puchero bajó su historieta con notorio desencanto. Era un chico de la misma edad que yo (16) solo que por alguna razón era mucho más alto que yo -lo cual por cierto encontraba injusto, si tomábamos en cuenta que fue concebido junto con una hermana gemela y aun así se las arregló para desarrollarse más que yo- esperen, ¿en qué estaba? Ah sí, de voz gruesa, con cabello castaño claro lacio de corte natural oscuro y una complexión de nadador; no se podía esperar menos de un miembro del equipo de natación escolar… y aun cuando siempre se quejaba de esto, al haber sido arrastrado por su hermana para unirse a la fuerza, cumplía con creces en los entrenamientos y siempre daba todo de si durante las competencias.

― ¿Qué te deprime esta vez, Kevin? ― Preguntó, poniendo los ojos en blanco. ― Siempre has sido algo oscuro, amargado y negativo… pero desde que ocurrió tu vergonzoso incidente con la nueva eres mucho más emo de lo habitual... creí estabas contento de que te perdonara y quedaran como amigos.

― ¡Es que no sé! ― Repliqué, enterrando la cabeza en el colchón de mi cama. ― Estoy acostumbrado a que las chicas de las que me enamoro me manden a la friendzone… pero esta vez fue muy distinto… ¿será porque ella es una Clearwater y soy el primer Mosh en querer salir con una y fracasar?

― ¿No crees que se deba más bien a que ella te gusta más de lo que te han gustado las otras? Y que incluso te has ido enamorando de su forma de ser… digo, es tan extraña como tú… siempre diciendo cosas intelectualoides y citando gente muerta…

― S-sí, eso también puede ser… y es que… sé que prácticamente quemé todas mis posibilidades con lo que hice… pero… no quiero dejar de intentarlo… ¿sabes? No sé por qué y me aterra solo imaginarme intentando algo, pero quiero seguir intentando conquistarla…

Abisaí guardó silencio por varios segundos, mientras me veía con sorpresa; nunca me había visto así.

― Vaya… nunca habías dicho algo tan varonil en toda tu vida.

Gracias, Abisaí… gracias…

― C-como sea… ¿qué crees que deba hacer?

― Veamos… no eres atractivo como tus hermanos, no tienes pizca de encanto o liderazgo, no tienes ningún talento…

― Oye, oye, tampoco me halagues tanto, déjale algo a Chelsea Clearwater.

― ¡Eso es! ― Exclamó, alzando su pulgar en señal de aprobación. ― ¡Los dos tienen un enemigo en común! Tienen motivos de sobra para detestarla, de hecho, eres tal vez la única persona en la escuela capaz de defenderla en un enfrentamiento directo con la reina Maléfica.

― Pero que mi mayor chance de acercarme a ella sea saber insultar y enfrentarme a su prima es un poco patético…

― ¿En serio? Mi hermana me contó que Sharon le dijo que estaba muy feliz por tenerte de su lado, dijo que la forma en que te enfrentas a Chelsea es muy valiente y genial.

… ¿eh?

¿EH?

― ¿E-en serio? ¡¿L-LE DIJO ESO A AILANA?!

― Sí bueno, pero no te hagas muchas ilu…

― ¡ES MI CHANCE, MUCHACHES! ― Exclamé, levantándome de golpe, apretando mis puños. ― ¡MAÑANA VOY A IR A BUSCARLE PLEITO A CHELSEA EN LA CAFETERÍA!

― Oye, tampoco te pongas a la misma altura que Chel…

― ¿No te ha contado otras cosas tu hermana? ¿Como qué clase de chicos le gustan o algo así?

― No, fíjate que no hemos tenido chance de sentarnos a pintarnos las uñas y a chismear de muchachos…

― Es una pena, ¡asegúrate de sacarle información!

―… Ok, ya te perdí ― Suspiró profundo, volviendo a abrir su cómic. ― Seguiré leyendo… no grites tanto mientras saltas y das vueltas como una niña de 13 que ha descubierto que los Jonas vienen a la ciudad.


Aunque mínima, patética e insignificante… una oportunidad había surgido en mi interior… tal vez no estaba destinado al fracaso como yo creía, tal vez incluso tenía la elección y la oportunidad de buscar por más.

Breyta! (01/??)

(2007, Texas. Sharon Clearwater)

―… y por eso, sospecho que la secuela de Batman Begins será aún peor que la primera parte. Aceptémoslo, Linda, las películas de superhéroes nunca van a ser buenas en una generación independiente, inteligente y cultural como la que estamos forjando jóvenes finos como tú y yo.

― Aja, muy informativo eso… pero, esto es una sesión con tu psicóloga escolar, no un club de reseñas cinematográficas, Sharon. Otra cosa, te he dicho muchas veces que me llames Profesora o señorita, deja de usar mi nombre de pila.

― Siempre consideré que usted y yo teníamos una relación especial, ¿sabe? Como si fuésemos personajes en una especie de película romántica de adolescentes. Usted la carismática y relajada profesora interpretada por una actriz poderosa como Jane Lynch o Lisa Kudrow que ayuda con su sabiduría y amistad a una joven y perdida protagonista, que soy yo. Sobre las posibles actrices que pudieran interpretar a mi personaje, imagino a una Emma Roberts teñida de rubia, o a Emma Stone, o a Emma Watson… ya sabe, cualquier Emma me serviría, son preciosas las…

― Sharon, solo estás yéndote por las ramas ― Me interrumpió en seco la joven psicóloga, suspirando hondo. ― Sé que no eres tan cinéfila como lo eres lectora, y que esas que acabas de mencionar sean probablemente las únicas actrices cuyos nombres conoces.

― Bueno, para ser honesta ni siquiera sé cuál Emma es cual, excepto ya sabe, Hermione…

― Sharon… te repetiré la pregunta antes de que se nos acabe el tiempo: ¿te sientes cómoda en casa de tus tíos y en tu nueva escuela? Han pasado ya dos meses desde que llegaste a la ciudad, y sabemos bien que tus primeros días no fueron precisamente los más adorables…

― ¡No me lo recuerde! ― Supliqué, cubriéndome el rostro con ambas manos. ― La vergüenza se quedará conmigo hasta el día en que muera…

Permitiendo que pequeñas aperturas entre mis dedos actuaran como persianas, aprecié que la paciente mujer aguardaba por una respuesta a la pregunta formulada, haciendo caso omiso de las devastadoras cicatrices psicológicas que mis primeros tres días como estudiante de Mc Highley pudieron dejar en mi joven y frágil persona.

Aunque, la señorita Rottenmatoes hacía una pregunta interesante y digna de indagación: Independientemente de lo aterradores que fueron mis primeros días en Texas, lo cierto era que la pesadilla viviente se volvió más tolerable con el pasar de los días. Claro, seguía compartiendo habitación con la más grande perra que ha existido en el mundo: mi “querida” prima Chelsea Clearwater, y en la escuela esta me hacía la vida imposible cada vez que podía en compañía de su ejército de perras plásticas; pero ahora tenía un grupo de amigos con los que resguardarme de tan comunes desafíos… supongo que mis mayores problemas durante mis primeros días en Texas, que eran la soledad y la falta de comprensión, quedaron contrarrestados gracias a un buen y confiable grupo de gente lo suficientemente extraña como para acogerme bajo su protección.

―… ¿te digo algo, Linda? Creo que empiezo a sentirme cómoda… no te voy a mentir, ha sido muy difícil… casi toda la escuela me odia, y dependo de un grupo de gente que me conoce de un par de meses para sobrevivir socialmente… pero, ya no me la paso llorando. Encontré gente curiosa que hace de mis días algo interesante y emocionante, e incluso empiezo a creer que Chelsea empieza a tomarme cariño… ¿quién sabe? Tal vez incluso nos volvamos buenas amigas.


(Más tarde ese día…)


― ¡Hola, Chelsea! ― Saludé, entrando con la respiración agitada a la habitación, yendo directamente hasta el rincón asignado para mis cosas para dejar mi mochila. ― F-fue muy divertido eso de hace rato, donde tú y tu amiga pretendían querer arrollarme, persiguiéndome por la calle en esa enorme camioneta…

― Muérete, perra. ― Replicó con simpleza, poniendo los ojos en blanco, mientras texteaba a gran velocidad.


Me encogí de hombros.



― Sí ― Pensé, haciendo un puchero de resignación. ― Empieza a tomarme cariño sin duda…

BREYTA! "LOS LAZOS DE NUESTRA AMISTAD"

Por una mala jugada del destino, Sharon Clearwater fue obligada a mudarse a casa de sus tíos en Texas, donde comparte habitación con su prima Chelsea, de la misma edad que ella. Una vida nueva en un nuevo hogar será el más grande reto de su joven existencia.

El destino juega con nosotros en formas misteriosas, ¿quién sabe que le aguarda a Sharon en el futuro? Tal vez una vida atada a un sitio donde no encaja y donde debe compartir techo con su peor enemiga no sea tan malo como parece... al menos no con los amigos correctos


Lista de capítulos

Seré inmortal

Que este adiós no sea un adorno más en la pared de tu pretencioso ego, me voy por mi voluntad.

Porque yéndome, no tendré más nunca que aguantar tu rostro insoportable, o el de tus amistades idiotas y superficiales.

Apartándome, regreso el equilibrio al orden supuesto e ideal; regresaré al escalón arriba donde siempre pertenecí, y te dejaré a ti con tu mortalidad e incomprensión, con tu incapacidad de volar.

Sí, me rindo, pero tú no ganas; mientras tú vas a quedarte plasmado, boquiabierto y asustado en tu patética bolsa de huesos que llamas cuerpo, yo me elevaré.

Seré tan superior y majestuosa, que como viendo al sol, arderás si tratas de buscarme en el cielo.


Cuando termine de alzarme, seré inmortal. No podrás lastimarme de nuevo.

El lugar donde todo comenzó

Por más de treinta minutos caminamos hasta que los pies de Ruth se detuvieron. Para el punto en que su andar cesó, nos encontrábamos en una zona de la ciudad desconocida para mí: decenas de viejos condominios en ruinas cubrían los alrededores; uno asumiría que eran una serie de edificios abandonados de no ser por las mantas y ropa colgadas al sol, además de los eventuales gritos provenientes de sus interiores.

En la calle, a un costado de nosotros, un grupo de hombres habían colocado algunas sillas plegables y bebían mientras veían un partido en un televisor pequeño, haciendo un tremendo escándalo a cada tantas sin importarles en lo más mínimo que se encontraban en un área pública.

Las calles, terrosas y sucias, parecían enmarcar a la perfección la clase de área en la que estábamos; era una zona muy pobre, tanto así que pocas eran las edificaciones que podían presumir de no estar cubiertas de Grafiti, y abundaban las zonas derruidas que fungían como tiradero clandestino de basura y chatarra.

Como para agregar la cereza del pastel, pasó delante de nosotros un niño de unos diez años, iba descalzo, sin playera, y fumaba un cigarrillo con tranquilidad. Tras presenciar esto, pensé en hacerle un comentario a Ruth al respecto, así que me giré en su dirección, y cuando iba a abrir la boca, lo vi…

Era un terreno mediano, con tres edificios de dos pisos esparcidos con aparente aleatoriedad. El área se encontraba cubierta por un liso piso de cemento, cubierto en su extensión con varios juegos de piso dibujados con pintura blanca, ya casi totalmente desgastada.

Ya observando con más detalle, al fondo del lugar podía apreciarse una estructura más, sería apenas un cuartito construido con ladrillo y techo de lámina. Se le veía oxidado y deplorable, no desentonaba con el resto de los edificios: solo uno de ellos estaba pintado, y aún ese se encontraba cubierto por rayones de grafiti de distintas bandas.

El edificio más grande, el central, parecía ser el más viejo de todos ellos. De color gris por los blocks con los que fue construido, parecía estar conformado por varias habitaciones a lo largo de sus tres pisos. A uno de los cuartos le faltaba una puerta, y ahí mismo pude ver pasar a una pequeña de unos cuatro o cinco años vistiendo únicamente con una camisa de tirantes que le quedaba inmensamente grande… ¿qué era este lugar?... ¿por qué Ruth me trajo aquí?

Una ligera brisa de viento agitó sus rojizos cabellos, despejando su frente. Entrecerró sus ojos azules, al irritarse estos por la sensación del viento pegando directo en su rostro pequeño. Se encontraba aferrada con ambas manos al maltratado enrejado que cubría todo el terreno que teníamos delante. Su rostro nostálgico, hermoso y distante parecía expresar apenas la superficie de las profundidades en que sus pensamientos nadaban en ese momento.

Fue muy hermosa ― Murmuró, apenas moviendo sus labios y sin desviar su mirada del triste escenario delante suyo. ― La canción que tocaste… fue muy bella. Gracias.

Extrañado, tardé un poco en responder. No esperaba que hablara, y mucho menos esperé que dijera algo referente a mi actuación en el funeral del hermano de Ben.

Gracias… pero, ¿por qué me agradeces? ¿Pasa algo, Ruth?

Ella negó con la cabeza, esbozando una pequeña sonrisa. Aún sin girarse en mi dirección.

No pasa nada… hace tiempo que no pasa nada.

Con su mano, se acomodó el flequillo tras su oreja, aunque la gran mayoría de este regresó a su sitio original.

… Ellie quiere que te alejes de mí, ¿no es así?

Sentí como mi estómago se comprimía en reacción a sus palabras.

¿Nos escuchaste?

Solo un poco ― Replicó, suspirando bajo. ― Las paredes son delgadas… y para ser honesta, ya lo veía venir.

Ella está muy dañada…

La entiendo, créeme… es tu esposa, no se supone que tenga que compartirte con nadie. Mucho menos con otra chica.

No quiero herirla más…

A ti también te entiendo. Es tu esposa… tu deber es ser feliz con ella, y hacerla feliz. Nada más.

Me encanta ser tu amigo, Ruth. Pero…

Sí, a mí igual… fue bueno mientras duró. Acepto que nunca tuve un amigo tan bueno como tú… gracias.

Tal vez en otras circunstancias…

Sí, yo pensé lo mismo. En otras circunstancias donde tú no estuvieras casado, pudimos estar juntos lado a lado por muchísimo tiempo.

Lamento que las cosas terminaran así… nunca antes había terminado con una amistad, así que…

Igual lo siento… ¡pero vamos! No te pongas así, hombre. Si Ellie te viera tan triste por despedirte de mí solo la harías sentir peor. No seas dramático, y sonríe. Siempre sonríe.

Finalmente desvió la mirada de aquel triste lugar para fijarse en mí. Tenía en su rostro la misma sonrisa radiante y amigable del día en que nos conocimos. Sus ojos, aquellos ojos capaces de hacerte recapacitar y de remover ideales, que tenía tan poco tiempo de haber conocido pero que ya comenzaba a adorar, brillaban como siempre, como grandes puertas de posibilidades.

Adiós, Zack. Cuídate mucho, y hazla muy, muy feliz.

Le devolví la sonrisa lo mejor que pude, a pesar de saber que mi sonrisa nunca sería tan fantástica como la suya.

Gracias por todo, Ruth. Adiós.

Me giré en la dirección en que llegamos, y a paso firme me alejé de ella.

Vaya persona, vaya forma de sonreírle a la vida y afrontarla como debe ser. Jamás pensé que pudiese existir una persona tan grande como ella. Cierto era que Ruth, en el breve tiempo en que nos conocimos, fue capaz de hacerme pensar fuera de mis sueños. Me recordó de la existencia del presente, y de la importancia del mismo. Jamás pensé que existiría alguien capaz de hacerme recapacitar de tal manera… alguien capaz de hacerme cambiar…

Cualquiera que no conociera a Ruth, daría por imposible que una chica de dieciocho años sea capaz de guardar en su interior tamaña sabiduría y sapiencia. ¿Y cómo culparlos? Para que una adolescente promedio pensara como Ruth lo hacía, requeriría que experimentara la vida entera de un anciano, y siendo estos los tiempos del “qué dirán” y donde la moda dicta lo que eres, era imposible, por decir lo menos, que existiera alguien más como ella en el mundo.

¿Y eso no significaría que, después de todo, hay algo detrás? ¿Qué si en cada una de sus palabras se guardaba una experiencia pasada que forjó parte de su carácter y actitud actual? Detuve mi andar, y con cuidado pensé en esta posibilidad.

Recordé entonces sus palabras el día en que nos encontramos al perrito tirado en medio de la calle:

“Esto pasa todo el tiempo… lo que no queremos simplemente lo tiramos a la calle, como basura. No nos importa que tenga sangre, corazón y vida.”

Y sus palabras sobre el cuadro de mi apartamento:

“Este cuadro fue pintado con la mera intención de impresionar a quien fuera su maestro de pintura. Desde pequeño estuvo perdidamente enamorado de él... y cuando su maestro despreció el fruto de su más puro y bello esfuerzo, llamándolo vacío y superficial, él simplemente no pudo más… se fue.”

O cuando hablamos sobre la posibilidad de volar o la comodidad de vivir en el suelo:

“Vivir el día a día, respetar el presente como lo más importante, y dejando el mañana para alguien más apta como lo será mi “yo” del mañana… en mi opinión es ese el mejor modo de transitar por la vida. Pienso que es más importante no tropezar en el suelo, antes que intentar volar… después de todo, ¿no es el no saber lo que te traerá la vida al día siguiente lo más hermoso de estar vivo?"

Tal vez Ruth guardaba en su interior mucho más de lo que alguna vez me detuve a imaginar. Posiblemente, detrás de su sonrisa yacía escondido algo más fuerte y oscuro; algo tan dañino que destrozó durante años enteros sus sueños. ¿Por qué otro motivo viviría su vida con tal perspectiva siendo tan joven? ¿Qué la detiene de aspirar a más de lo que tiene, que la hace bajar sus expectativas? Todo este tiempo pensé que su espíritu y filosofía de vida estaban inspirados por su sabiduría… pero pensándolo bien… poniendo todas las piezas en su lugar…

Un día papá y mamá patita tuvieron que irse, más prometieron regresar, por lo que los dos bebés patitos prometieron esperarles en su misma casita…”

… ¿era posible?

“Un día, patito bebé mayor también se fue sin decir nada y patito bebé menor se quedó solo”


Ansioso, y con creciente desesperación, busqué con la vista por el enrejado hasta encontrarme con lo que buscaba. “Orfanato St José”, podía leerse en un deplorable letrero de madera a medio caer.

“1,2,3,4,5…”

Todo tomaba sentido ahora.

Sin dar espacio a la duda, me di media vuelta y corrí en dirección a ella. Permanecía estoica donde estaba cuando nos despedimos.

Hace unas horas, estaba seguro de conocer a Ruth a la perfección, de captar su personalidad, de comprender sus expresiones y su modus vivendi… que equivocado estaba, Dylan tenía razón. No la conocía, Ruth era una completa desconocida para mí. Nunca escuché historia alguna sobre su pasado, nunca traté de saber más de sus padres, y jamás me paré a pensar por un minuto en las cosas que adolecían en su interior. ¿Con qué cara iba por ahí sintiéndome su mejor amigo cuando no era más que un amigo de su cubierta superficial?

Sin decir nada, llegué hacia ella y la abracé por la espalda. Entrelacé mis brazos a su pecho con todas mis fuerzas, aprisionándola completamente con mi arropo y calor corporal. Estaba tan tensa, tan fría, y tan frágil, que por un momento pensé que se rompería. A pesar de no inmutarse físicamente por mi gesto, sus palabras dejaron en claro cuán importante fue mi gesto para ella.

… Cuando me dijiste que nunca me libraría de ti… nunca fui más feliz. Por primera vez en mi vida sentí que alguien se interesaba y preocupaba por mí con sinceridad… pensé “finalmente lo he encontrado” ― Hizo una pausa, sentí como su cuerpo se estremecía, liberando un sollozo. ― “He encontrado a quien me va a ayudar a salir adelante, a quien va a estar conmigo”. Me lo dijiste con tanta seguridad que en serio te creí Zack… estaba segura que… corrijo, aún estoy segura de que si hay alguien capaz de estar conmigo, de salvarme, ese eres tú.

Los sollozos le hicieron detenerse, iban en aumento. Aunque no podía ver su rostro, estaba seguro de que el llanto de sus ojos corría incesante, podía sentirlo en su respiración agitada creciente.

… Pero incluso al traerte a mi lado la vida me jugó una broma pesada… te trajo a mí casado con otra.

Sin responder, recargué mi rostro en su nuca, apretándola aún más contra mí; ella alzó sus manos y las posó sobre mi cabeza, entrelazando sus dedos en mi cabello abundante y apegándome aún más a su pequeña humanidad. Olía muy bien.
Quería sentirla cerca, quería darle de mi calor, quería protegerla. Quería estar con ella, aún si estaba mal, quería permanecer a su lado, acabar con sus lágrimas y colocar una sonrisa verdadera en sus labios.


… Aquí es donde todo comenzó, Zack… aquí es donde mis memorias comienzan.

El abrazo invertido

Sentándome sobre mis rodillas, repose su cabeza sobre mis piernas, buscando detener el sangrado. Angustiada, al notar que el mismo no se detenía, arranqué de mi cintura el pareo largo que había comprado esa misma tarde y limpié su rostro ensangrentado con movimientos suaves. Conforme despejaba su rostro, pude notar su labio superior partido, además del ojo derecho que comenzaba a amoratarse visiblemente.

No parecía tener intenciones de abrir los ojos pronto, y eso me asustó al punto de entrar en completo pánico. Con penuria, acaricié sus mejillas una y otra vez buscando hacerlo reaccionar; (bien, lo admito, de hecho lo abofeteé una y otra vez… ¿ya mencioné que estaba muy asustada?)

 ¡Por todos los cielos Zack, despierta! ¡No mueras, por favor! A-al menos no cuando yo puedo verte ― Supliqué, apretando los puños sobre su rostro. ― ¡T-tienes prohibido morir mientras yo te veo! ¿E-escuchaste?

Para mi gran alivio, recibí una respuesta del pelinegro; un quejido de dolor fue suficiente para hacerme saber que estaba con vida; y ya que aquellas señales de sobrevivencia fueron provocadas por mis gentiles y suaves “despertadores”, repetí la dosis anterior.

― ¡Si mueres aquí mismo vas a traumarme! ¿Puedes vivir sabiendo eso? Mejor dicho, ¡¿puedes morir sabiendo eso?! ¡Tendré que ir a un psicólogo y sabemos que esos no son baratos! Te mandaré las facturas, e-estarás a cargo de pagar por mis tratamientos.

―… ¿No se supone que estaría muerto? ― Susurró, con debilidad. ― Más importante que eso, golpeándome no vas a hacer que mejore.

Sus ojos, apaleados como el resto de su rostro, se abrieron lentamente. Pude apreciar el momento justo en que el brillo de los mismos regresaba a sus pupilas. Al ser mi rostro angustiado lo primero que vio, y visiblemente confundido por el ángulo en que lo hacía, movió su cuello de lado a lado para percatarse que se encontraba de hecho, descansando en mis piernas.

― Estamos en el jardín frontal de tu casa, vino un hombre y…

― Si, recuerdo esa parte ― Me interrumpió, llevándose la mano derecha a su frente, como tratando de amedrentar los fuertes dolores que experimentaba. ― Pero…

― ¿Pero…?

Rió bajo, fue algo inesperado dada la situación; ¿cómo podía hacerlo apenas minutos luego de haber recibido una paliza?

― Si hace una hora un encuestador se hubiera acercado a mí preguntándome los diez lugares donde mi cabeza nunca tendría contacto, tus piernas desnudas serían el tercer lugar. ¡Y mírame!

―… veo que te pegó muy duro el tipo, ¿eh? ― Pregunté, sonriéndole a pesar de que su mano cubría sus ojos al momento. ― Ya hasta has perdido tu capacidad de pensar antes de decir cosas extrañas.

Fue en el momento en que me percaté de que Zack se encontraba lo suficientemente bien como para hacer bromas tontas, en que me permití caer en cuenta de lo que acababa de suceder: un sujeto extraño acababa de atacar a un compañero de clases ante mis ojos, dejándolo inconsciente y sangrando. El miedo que tanto tenía fue liberado y reemplazado poco a poco con el creciente alivio de mi interior. Por suerte estaba bien, y no pasó a una situación mayor.

Choqué mis manos contra sus mejillas y las presioné con fuerza, provocando que Zack formara una trompa graciosa. Mientras hacía esto, gruesas lágrimas liberadoras de tensión, miedo y angustia escaparon por mis mejillas; el ruido de mis sollozos llenó el vacío y calmo silencio nocturno de la tranquila zona residencial.

Un par de mis lágrimas cayeron sobre la frente de Zack, que me observaba con estoica curiosidad desde que comencé a apretar sus mejillas.

― Estoy un poco perdido… ― Dijo finalmente, arqueando una ceja. ― Es a mí a quien le han pateado el trasero, pero eres tú quien llora… ¿de qué me perdí?

― ¡De que estaba asustada, grandísimo tonto! ― Grité, con la voz descompuesta a raíz de mi llanto. Irritada por su insensibilidad, presioné con aún más fuerza sus mejillas. ― ¡Pensé que te habían asesinado!

― ¿Entoncesh no esh sholo que estásh felizh por no neceshitar terapia? ― Preguntó a continuación, de una forma graciosa por ser víctima de mi presión facial.

― ¡NO SEAS IDIOTA! ― Bramé ahogando mis sollozos por un momento, abofeteándolo con tal salvajismo que moví su cabeza; el pobre entonces soltó un fuerte grito de dolor. ― ¡P-perdón, Zack! L-lo siento, olvidé que estás herido… ¡pero es tu culpa, me haces enojar! No hagas ver como si no estuviera preocupada por ti.

― Ah, ¿entonces, estabas preocupada por mí? ― Cuestionó, esbozando una sonrisa coqueta; dicho gesto pudo haber sido encantador y seguramente me hubiera hecho sonrojar, de no ser porque tenía toda la boca cubierta de sangre seca. ― Así que tú también te das el lujo de decir improperios insinuantes… vamos avanzando, sin duda.

― Por supuesto que me preocupé por ti, tonto ― Repliqué, ignorando por un momento el hecho de cuanto me irritaban sus preguntas tontas con respuestas obvias. Al bajar la intensidad de mi dialogo, el llanto volvió a retomar el control de mi estado, y se me dificultó seguir explayándome; aun así, hice un esfuerzo por darme a entender. ― No sé cómo te gusta todo eso de las venganzas y l-los golpes y demás soluciones vi-violentas. Déjame darte un flash informativo: ¡N-no tiene nada de genial ponerte en peligro así! P-podrías acabar muerto, Zack… los golpes que te daba el tipo se escuchaban súper fuertes… y… y…

Sin moverse de su posición actual, Zack alzó ambos brazos en mi dirección, y envolvió mi cintura con ellos. Pude sentir sus cálidas palmas hacer contacto en mi espalda baja. Me estremecí por completo apenas sentí su cálido contacto alrededor de mi cuerpo; era una sensación nueva para mí, pero para nada desagradable… incluso, fue tranquilizador. ¿Cómo podía seguir regañándolo si me sorprendía de esa forma?

Busqué una explicación con nerviosismo en sus grandes ojos zafiro, que ya desde un tiempo atrás me observaban con detenimiento; no fue necesario que dijera palabra alguna: su mirada y sus labios expresaban agradecimiento.

― Este es el abrazo más peculiar que he dado en toda mi vida ― Confesó, con una risita. Presionó sus manos contra mi espalda con fuerza mientras hablaba. La sensación cálida traía calma a mi corazón agitado… ya no sentía la necesidad de llorar.


―… Nunca me habían abrazado así.

El fiel amor de una botella

El fiel amor de una botella

Yo conozco tus sonrisas. Conozco por igual tus tristezas.

Hoy hace un día gris. Lo sé, porque tu ausencia me ha hecho mirar por la ventana una y otra vez. La melancolía susurra en mi oído historias del pasado más brillante de nuestros ayeres, y sobra relatar que el anhelo se hace presente, inquietando mi poco autocontrol.

Hace nublado en ti, y por causa y efecto, en mí también.

Allá, en la lejanía, una tormenta causa estragos. Puedo sentir los truenos retumbando en mi cuello, rugiendo con fiereza. Reclaman injustos tributos, como si debiéramos a ellos algo más que nuestros llantos. El brillo de sus rayos me ciega, me impiden seguirte.

Tú te has aventurado al ojo del bestial desastre natural. Sentiste que era algo que tenías que afrontar por ti misma. Sola, descalza, escapaste de mi protección mientras dormíamos y caminaste por un sendero  terroso y espinado, resguardado por las arrogantes sombras de tus miedos.

Con los susurros incesantes de tu mente atormentada como única compañía y soporte contra la pérdida de tus sentidos y sanidad, caminaste sangrante a un sitio donde ningún alma solitaria debería deambular, una tierra donde los puntos pierden lo cardinal, y donde ningún mapa te encontrará.

Tenías miedo y frío. En tu pecho algo te decía que lo que te esperaba del otro lado sería muy fuerte para ti, pero ya estás acostumbrada a ello; ¿qué podía ser distinto esta ocasión? Lamentablemente para ti, todo era diferente… y es que, del otro lado te esperaba el mayor reto para cualquiera que se jacte de tener sangre por sus venas: un adiós.

Imaginarte en el momento me destroza el alma; puedo dibujar con precisión tus ojos, tu rostro, tu mente… tu corazón.

Habrás sentido una oleada de sensaciones y sentimientos indescriptibles de un segundo a otro; se te vino el mundo abajo apenas el desconcierto se alejó de ti. Lágrimas, lamentos, gritos, berridos, desconsuelo, abrazos vacíos, palabras sin significado que no llegaban a tu interior.

Un corazón desconsolado, una imploración ahogada, recuerdos, memorias, ironías…

Las despedidas no son fáciles, y cuando es alguien importante quien se va, son imposibles. Te entiendo a la perfección, porque comparto tu dolor.

Te imagino en tu distante soledad, en una vacía habitación a oscuras. Abrazas una almohada, con las rodillas flexionadas... nada existe que pueda hacerte sonreír, o que clarezca el panorama para ti. Tus ojos hinchados, nariz rojiza, labios secos y cabello enmarañado solo son una pizca de lo que te ocurre, en el interior residen los mayores estragos de tu penuria.

Si llegaste a pensar que iba a pedirte que sonrieras, o que te ayudaría a salir adelante, estás equivocada. No puedo simplemente jurar que detendré tus lágrimas, o pedirte con egoísmo que sonrías para mí; ¿quién sería para cometer semejante acto de injusticia? El llanto, contrario a la creencia popular, es algo que debe terminar por causas naturales, y no por homicidio de un sentir. Si estás triste, sigue así; abrázate a la soledad, sufre en silencio, sufre con ruido trepidante… nadie va a detenerte.

En lugar de intervenir en tu sufrimiento, haré lo que pienso correcto, que es: estar contigo.

Cada día, cada instante. No voy a dejarte sola nunca.

Cuando sientas ganas de llorar, lloraré contigo.

Cuando sientas ganas de mandar todo a la mierda, haré lo ídem codo con codo.

Cuando quieras hablar de él, te escucharé con estoica atención.

Cuando busques un abrazo, ya estaré entre tus brazos.

Cuando quieras callar, callaré contigo.

Cuando quieras estar sola, te daré tu espacio y esperaré donde siempre te he esperado.

Fielmente, sin fallas, y únicamente porque te amo. Sé que has tenido una pérdida muy difícil y necesitas todo el apoyo del mundo, y es por eso que desde ahora voy a ser todo tu mundo.

No dudes más… tómame entre tus brazos, y bébeme.


Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.