Lo Último

Cambios del blog, actualizaciones y planes futuros.

Saludos, queridos lectores de Vozdormidah.blogspot.com. Les habla Mario Chaparro, como siempre.

Últimamente el blog ha estado algo abandonado, sí... estoy concentrado en un proyecto importante, sí... pero eso no significa que tenga derecho a dejar solitario este sitio que me vio nacer.

Por ello, les presento la remodelación del blog:

BAM!

-Una pestaña en la parte superior que muestra las entradas más recientes, por si llegaste a perderte alguna o no encuentras que leer

-Links a las historias largas en las imágenes (de nuevo) esta función la desactivé por un menú superior que tuve que quitar en esta versión.

- Un método de encontrarme en mis redes sociales, facebook, twitter y tal.

-Un buscador de entrada más poderoso que el anterior. Esta vez es posible buscar incluso comentarios en el mismo blog.

-Quité el chat, aunque tenía la utilidad de decirme si había gente leyendo, nadie lo pinches usaba

-Cambio en colores, pero bueno, eso ya es notorio

-Ellie, Ruth y Zack han sido desplazados de la imagen en miniatura de la web, y ahora ocupan su lugar Alice y Marco




Eso es todo por ahora. También quiero anunciar formalmente que he retomado las historias Amo a Zack! (Creo) y Asociación de lectores y escritores. Espero, esta vez sea hasta el final.


Tan en serio voy, que a Asociación de lectores y escritores ya la he estado editando capítulo por capítulo, corrigiendo errores y mejorando detallítos. Pueden leerla dando click en la imagen correspondiente a un costado

Amo a Zack! (Creo) (15/??)

El cigarro del sujeto de cabello negro (Tercera parte y final)

Zack

(2005, Texas)

Me estremecí al escuchar su pregunta. Debo admitir que durante un instante no sabía de que estaba hablando, pues el camino de regreso a casa había sido lo suficientemente largo como para que mis pensamientos divagaran en las distracciones, pero una vez comprendí de qué iba la cosa… no supe que decirle.

Busqué en su mirada antes de pensar en una respuesta. La verdad es que estaba hecha un nudo de nervios, incluso miraba al suelo con inseguridad y ya fijándome mejor podía notar como su mano derecha temblaba incluso descansando en su brazo contrario. Claramente estaba preocupada por lo que había visto en mi casa hacía un momento. Recordé entonces que Ellie estuvo presente cuando Demian me golpeó aquella ocasión, y que seguramente al verlo en la sala se sintió tan alarmada como yo.

Pensé en lo difícil que debió ser para ella tomar el salto de valor necesario para preguntarme como estaba, dada mi sombría y callada actitud en suma a la violenta escena que había plantado minutos atrás en casa. Y eso no era todo; si le sumábamos que había visto como Demian me partía la cara, seguramente dentro de ella había un inmenso abismo de confusión para con mi situación actual.

En mi mente se inició un extraño debate. No lograba descifrar si Ellie lo hacía únicamente por amabilidad (esta posibilidad impulsada a por la Ellie que sufrió por mi error de manipularla y que dio por terminada nuestra amistad y ahora abrió un pacto de tregua para hacernos mejorar por el bien de las animadoras) o si lo hacía porque estaba preocupada por mí (esta, impulsada por la Ellie que conocí primero, la que era mi gran amiga y por la que sentía un cariño importante).

Si era la primera opción y yo le contaba mi situación familiar, solo estaría aburriéndola con cosas que ella no deseaba escuchar e incomodándola más de lo que ya estaba por tener que caminar un enorme tramo de silencio con alguien que no se encontraba en su mejor versión. Por otra parte, si era la segunda opción, ella me escucharía y trataría de demostrarme su apoyo e incluso darme un par de consejos…

Pero no sabía en qué situación estábamos, no sabía en donde estábamos parados Ellie y yo. Peor aún, no sabía siquiera en donde estaba parado yo… la realidad es que solo pensar en lo que me aguardaba en casa amenazaba con sumirme en la negatividad total, así que hablarlo, o pensarlo siquiera, no era una opción a no ser que deseara deprimirme durante horas enteras. Lo mejor, era sin duda: dejarlo pasar.

― ¿Bien? Ah… lo dices por lo que pasó en mi casa, ¿cierto?

Asintió.

― Esa es… una larga historia. Pero no te preocupes por ello, estaré bien. Prometo que no será una distracción para las prácticas.

― ¡No lo dije por eso! ―Exclamó, realmente tomándome por sorpresa. Sentí un calor sanador en el pecho… como sintiéndome aliviado de saber que ella no se preocupaba únicamente de mi desempeño en el equipo. ― Es solo que… bueno… sé que te tiene molesto y quería que supieras que puedes hablarlo conmigo si quieres… yo… yo soy buena escuchando.

Suspiré, liberando una gran cantidad de tensión que ni yo sabía que tenía guardada. No sé como tuve la fuerza de voluntad de aguantarme el ponerme a bailar como loco para celebrar, o mejor aún: correr y darle un abrazo y luego un beso. En serio, eso mismo estaba pensando en ese momento… aunque luego recordé el tema capital tratado y todo volvió a la normalidad.

― Gracias Ellie, aprecio mucho eso… pero no es algo que quiera hablar. No me lo tomes a mal. Pero agradezco tus buenas intenciones… prometo acudir a ti cuando quiera hablar de algún problema. ¿Bien?

― Está bien entonces… ― Esbozó una sonrisa insatisfecha pero resignada. Me hubiera gustado poder darle una respuesta que la hiciera sonreír, pero en esos momentos sencillamente no me era posible. ― ¿Nos vemos en el gimnasio entonces?

― No me tardo ni 5 minutos…

Me alejé a paso semi lento y me metí en los baños de hombres. ¿Lo primero que hice? Fui a los lavabos y me mojé la cara para espabilar.

― ¡Despierta infeliz! ― Me ordené a mí mismo, parpadeando con fuerza.

Mi cabeza, como seguro ya habrán notado, era un reverendo desastre. Pero sin importar que tantas cosas conquistaran mi mente en el momento, mi mayor problema iba a seguir siendo aquel que estaba en casa… ¿Por qué mi madre le dejaba entrar a nuestro hogar y sentarse en nuestro sofá después de todo el enorme daño que le hizo? Me frustraba como no tienen idea cada vez que ella cometía esta clase de errores, así como también me molestaba un mundo cada vez que ella trataba de realizar un sacrificio para que nosotros estuviéramos bien.

― Madre ― Murmuré para mis adentros, mientras observaba mi reflejo en los espejos del baño. ― ¿No has sufrido suficiente ya?





― ¿Qué podemos hacer? ― Pregunté finalmente a Bruno, cuando fui capaz de hablar. Luego de casi una hora llorando.

Bruno hizo la mueca que siempre hacía cuando un asunto estaba complicado. Mientras yo estuve llorando, él se había quedado a mi lado. Mirando en una dirección incierta, paciente a que pudiera yo asimilar toda nuestra verdadera situación.

― Intenté hablar con mamá cuando me enteré… pero ella se enojó por qué andaba yo metiéndome en cosas que no me correspondían ― Explicó, tomando una pelota de beisbol que tenía a la mano. ― No hay nada que podamos hacer… no somos más que dos mocosos.

― ¿Y si le decimos a papá? Tal vez él pueda ayudarnos.

Bruno soltó una risa sarcástica. No se volvió a mirarme, cuando era muy chico para él era mucho más fácil tratar los temas difíciles sin contacto visual. No perdió esta costumbre hasta muchos años después.

― No deberías de confiar tanto en papá, Zack… al menos no para cosas importantes… él nunca está cuando más se le necesita.

Pensaba defender a papá, pero no era ni el tiempo ni el lugar para iniciar una terca defensa a un padre que en ese mismo momento se encontraba desaparecido como casi siempre. En lugar de eso, preferí quedarme en silencio, pensando en alguna forma de ayudar a mamá… aún si éramos un par de mocosos, tenía que haber algo que pudiéramos hacer.

― Podemos llamar a la policía… ― Sugerí, en voz baja por el peso de la idea misma. Traté de ignorar que lo dije, pero no había paso atrás.

Bruno se volvió a mí con la boca abierta. Para ambos parecían palabras extremas, fuertes y de fuerza mayor… pero al ser mamá a quién queríamos proteger, lo más resultaba poco.

Aún recuerdo el miedo que me inundaba en esos momentos, recuerdo todo el pánico que me provocaba hacerme a la idea de que todos estos años los había vivido cómodamente en una burbuja mientras que mi madre cobraba los platos rotos en el miedo y la incertidumbre del maltrato… incluso hoy día cuando pienso en ello, sigo sintiéndome culpable por haber sido tan ciego y haber permitido que eso siguiera por tantos años.

Bruno asintió en silencio. Con el pesar del movimiento de su cabeza dejaba bien en claro el miedo que compartíamos, pero también la necesidad de hacer algo por nuestra familia.

Más tarde ese mismo día mamá se fue al supermercado. Como casi siempre, se llevó a Becky y a Kevin con ella. Nos prohibió salir y cerró la casa con llave. Aprovechamos entonces para bajar a la planta baja y apoderarnos el teléfono… recuerdo que duramos muchísimos minutos en ponernos de acuerdo sobre quién haría la llamada y luego gastamos más tiempo aún tomando el valor para hacerlo.

― ¡Ya, dame! ― Le dije, arrebatándole el teléfono y marcando al 911 sin pensármelo dos veces. Convencido de que una vez dado el primer paso todo sería más fácil.

― ¿Emergencias? ― Respondió de inmediato una secretaria.

― Si, ho-hola ― Saludé, muerto de miedo. ― Disculpe… quisiera reportar un… un caso de… violencia en mi casa.

― ¿Cuál es tú nombre mi amor? ― Me preguntó la mujer tomando un tono maternal.

― S-soy Zack Mosh, señora…

― Ok, Zack Mosh, mi amor voy a necesitar que me des tú dirección, paso seguido voy a necesitar que me des una descripción de qué clase de violencia se está dando en tú casa. ¿Alguien que vive contigo te ha pegado?

― N-no… a mi mamá… su… su…

― ¿Esposo?

― Algo así.

― ¿Unión libre?

― E-eso creo.

― Bien, cariño. De esto se encarga una organización que existe llamada protección familiar, entonces, una vez que me entregues tú dirección voy a pasar el reporte ahí, ellos se van a encargar de todo así que tranquilízate y no te preocupes, ¿bien?

La señora no hubiera dicho que no me preocupara si supiera que en ese mismo momento, un recién llegado Demian se había quedado pasmado tras la puerta principal mientras me escuchaba al teléfono. Bruno y yo nos lanzamos a lo bestia a presentar la denuncia, y olvidamos completamente que el enemigo vivía bajo el mismo techo... no haber estado 100% seguros de que estábamos solos fue el primero de nuestros grandes errores, y el segundo de ellos fue denunciar a Demian, que apenas terminé de entregar la dirección de la casa, hizo presencia en la sala.

Recuerdo que su mirada era más neutral que de enojo. Incluso, si trato de reproducir el recuerdo en mi mente lleva en su mirada una extraña y torcida sonrisa irónica en el gesto. Tomó asiento frente a nosotros y se cruzó de brazos.

Pocas veces he estado tan asustado como aquella ocasión, y creo que para Bruno era bastante parecido.

― Parece que tendremos visitas próximamente ― Bufó Demian. En un tono cómico lleno de acidez que me revuelve el estomago de solo recordarlo.

Respeté a Demian desde que le conocí hasta ese día, cuando Bruno me dijo lo que le hacía a mamá mi respeto se convirtió en temor… pero cuando lo vi sentándose frente a nosotros con actitud altanera, con unos aires de confianza que inmortalizaban la poca importancia que brindaba al daño que le hacía a mi madre, comencé a odiarle… le odié con todo el corazón.





Tomé mi celular del bolsillo e inmediatamente llamé a Bruno. Pero él no respondió.

― ¡Seguro estás con la maldita mujer vampiro esa! ― Maldije, golpeando con una patada una de las puertas cerradas del baño.

― O-ocupado ― Respondió un sujeto desde adentro, espantado.

Frustrado e incapaz de enojarme más aún de lo que ya estaba, preferí mejor cambiarme y salir de ahí sin mayor escándalo.

Me encontraba verdaderamente perdido, confuso, desesperado y lleno de incertidumbre. Y eso que ni siquiera conocía los motivos de la visita de Demian en compañía de Chris a casa, pero el sentido común y la experiencia me decían que nada bueno pasaba cuando estos dos ― separados y juntos ― entraban bajo nuestro techo.

Chris era tolerado, después de todo era mi hermano mayor y hacía poco se creó un acuerdo de buenos términos entre él  y mi madre, por lo que era habitual tenerlo por ahí en un plano respetuoso, y también conmigo y con Bruno sus maneras medianamente habían retornado a las de antaño, como cuando éramos más jóvenes y él hacía su trabajo de hermano mayor, enseñándonos (gracias a las constantes ausencias de papá) todo con respecto a la gloria de ser un Mosh.

― ¡Hey heeeey, i wanna be a Rockstar!

Me detuve en el instante y giré la cabeza. Iba caminando por el sendero empedrado de ladrillo rojizo que guiaba hasta el gimnasio, y recostada, frente a mí, en el césped al costado se encontraba Elizabeth. En sus manos sostenía extendido un libro abierto de pasta dura color rojo. Mientras cantaba, pasó página.

― ¿Elizabeth? ― Pregunté, acercándome a ella con extrañeza. ― ¿No deberías estar en la práctica de las animadoras?

― Podría preguntarte lo mismo, Zackie ― Respondió al instante, en un tono calmado. Casi tanto que rozaba con la desatención, aunque su tono dulce y animado de voz lo parecía hacer ver imposible. ― ¿Tienes idea de qué hora es? La práctica empezó hace rato.

― Lamento eso ― Me disculpé, retrocediendo por la sorpresa. ― Olvidé ropa de ejercicio en casa y regresé por ella. Ellie Clearwater me acompañó y he venido apenas me terminé de cambiar.

― Ellie Clearwater, ¿eh? ― Preguntó. ― Veo que las cosas han retornado a su cauce.

― ¿Cauce? Eh… ¿te refieres a que antes no parábamos de pelear? Creo que de una forma u otra hemos llegado a un acuerdo pacífico por ahora…

― Ya veo… ― Bajó la mirada a su libro, e hizo una pausa, como tratando de ordenar sus pensamientos al momento en que una sonrisa tímida se dibujaba en sus labios. ― ¿Debería preocuparme?

― ¿Preocuparte por qué? ― Arqueé una ceja, me acerqué a su lado y tomé asiento frente a ella.

― Sí ― Asintió, en un tono de voz directo; entonado así para facilitarse a sí misma el dialogo. ― Pregunto si debería de ponerme celosa ahora que Ellie y tú han vuelto a llevarse bien.

Me dio un vuelco el corazón. ¡No se malentienda, no es que sintiera algo por Elizabeth! Pero, el tono en que lo dijo, su gesto juguetón y a la vez cargado de seriedad, lo repentino del comentario, el hecho de que ella considerara mi relación con Ellie como algo que pudiera ser “algo más” y otras cosas que son tan extensas y complicadas que no tiene caso intentar explicar… todo eso combinó en un atropello de sensaciones y pensamientos que me dejaron el rostro completamente colorado y con la boca trabada.

Elizabeth rió bajo un poco, pero de inmediato su gesto mostró decepción, y su triste, bajo y ligeramente indirecto tono que usaría en su próxima línea confirmarían el desagrado que le provocó mi reacción.

― Con tu silencio me has demostrado que si debo de preocuparme… ― Suspiró, jugueteando con las puntas de su cabello. ― Es más… me has dicho básicamente que te gusta Ellie…

― ¡No es eso! ― Le aseguré al instante meneando la cabeza como si fuera la niña del exorcista. ― Ella no me gusta ni nada, de hecho, ella… ella…

Guardé silencio, resoplé y miré a la hierba como si recién me hubiese percatado de algo que dejé atrás para no lidiar con él en el momento, algo tan importante que de solo recordarlo me revolvió el estomago y me hizo querer soltar puñetazos a la pared.

― ¿Ella, qué? ― Preguntó Elizabeth impaciente, cruzando sus piernas y frunciendo el ceño con impaciencia.

― Ella está saliendo con Rocko, el del equipo de Football. Y yo… yo estoy saliendo contigo.

No tenía motivos, pero sonreí.


(2007, Texas)


― Escuchen, amigos ― Miré a cada uno de ellos con actitudes militares mientras ellos replicaban con gestos curiosos. ― Están escuchando esto porque son personas de mi entera confianza, y de la entera confianza de Ellie… o porque se llaman Chelsea Clearwater y son unas entrometidas que insistan en seguirnos hasta la parte más oscura del parque aunque es evidente que su presencia no es deseada.

― En primer lugar, ― Chelsea alzó su dedo índice y me encaró con la arrogancia que le caracterizaba. ― No estás sumando puntos a favor, cuñado. En segundo: soy Chelsea Clearwater, les estoy haciendo un favor formando parte de su reunión mega rara.

― Como sea… ― Me encogí de hombros y pasando de ella continué con mi discurso. ― Todos aquí somos o ovejas asesinas, ovejas asesinas honorarias… o Chelsea Clearwater.

― ¡Ya deja de agarrarla en mi contra! ― Renegó, y luego señaló a James, un chico con el que Nahomi recientemente había comenzado a salir. ― Este anciano de aquí tampoco es de tu grupito y no le dices nada.

― ¿Me acaba de llamar anciano? ― Preguntó James a Nahomi, sobresaltándose sin disimular la dolencia que le generó el insulto. ― ¿Tan viejo me veo?

― Ha de ser por la barba ― Sugirió Mike, analizando a su amigo. 

(Correcto, James, además de salir con Nahomi se convirtió en el mejor amigo de Mike por alguna extraña razón… pero esa es una historia que a nosotros no nos corresponde, si desean contarla deberían de ellos escribir su propio libro, y todos sabemos que eso sería muy absurdo JAJAJAJA DIOS, ¿Cómo se llamaría? ¿Dos mundos un sentimienJAJAJAJAJAJA LO SIENTO, NO PUEDO, ESO NO TENDRÍA SENTIDO JAJAJAJAJA).

― Yo atribuyo su aspecto de anciano a que es un anciano ― Aseveró Mónica llevándose una mano a la barbilla con elegancia. ― ¿Tiene ya 28 años, no es así?

― ¡Tengo 25, no soy tan mayor!

― ¡¿Tienes 25?! ― Preguntó asombrado Mike. ― ¡Siempre pensé que tenías 30!

― 30 es poco, yo le calculaba 40 ― Bufó Mónica. ― Su cabello es delgado y padece de calvicie posterior severa.

― ¡YA ESTOY CANSADO DE QUE LOS PERSONAJES DE OTRAS HISTORIAS ME ROBEN ESCENAS CÓMICAS QUE POR DEFECTO TENDRÍAN QUE SER UTILIZADAS POR NOSOTROS, MALDICIÓN! ― Gritó Junior a los 4 vientos, asustándonos a todos. ― ¡EXIJO A TODOS LOS DEL CROSSOVER TRIPLE QUE SE CALLEN Y NOS DEJEN ESTA ESCENA A LOS QUE VENIMOS SIENDO REGULARES EN “AMO A LA VIEJA”, CARAJO!

― ¿Amo… a… la… vieja? ― Preguntó Mike.

― ¿Cross...over? ― Preguntó Chelsea.

― ¿Personajes? ― Preguntó un apuesto chico rubio que iba pasando por el lugar acompañado de una chica de cabello negro y ojos amarillos. ― Vámonos de aquí Emi, están locos.

― Ok Alex, vámonos. ― Respondió la chica de ojos gatunos, mientras se alejaban.




― Bien, yo preguntaré ― Carraspeé, ante la mirada insistente de Ellie. ― Junior… ¿qué mierda fue eso?

― ¿Eso? ― Señaló al apuesto chico y a la chica de ojos amarelhos. ― No sé, gente rara en todos lados hay hermano… ¿por qué mejor no nos sigues contando porque nos sacaste del funeral para traernos a un área oscura en un parque público que huele un poco raro?

Me encogí de hombros. Ya estaba acostumbrado.

― Ah, claro. Lo había olvidado… tenemos que organizar una gran cena de lujo al terminar el funeral… Ellie y yo queremos que nos ayuden a organizarla cuanto antes para que todo sea un éxito. Es de vital importancia que TODOS asistan a la cena, no queremos que nadie se lo pierda ya que algo importante será dicho… no les daré mayores detalles por ahora. ¿Contamos con ustedes?

Los presentes intercambiaron miradas, y no pasó ni medio segundo, cuando Rocko dio un paso al frente.

― ¿El cielo es azul? ― Preguntó, sujetando mi hombro con su mano derecha.

― En realidad ― Intervino Mónica, al instante. ― el color del cielo es provocado por un engañoso efecto de…

― Cariño… ― Interrumpió Mike. ― Lo que él quiere decir es que es obvio que le ayudaremos, no le jodas la línea.  ― Mike me miró a mí, y luego a Ellie. ― Estaré encantado de ayudar, Zack.

A continuación, Anna dio un paso al frente y acaricio el brazo de Ellie.

― Si es importante para ustedes, lo es también para nosotros.

Karla puso los ojos en blanco y corrió a abrazarse a Ellie.

― Jamás te he dejado de lado, amiga… cuenta conmigo, siempre y cuando no vayas a ponerme a hacer tamales… otra vez.


― ¡Yo también ayudaré! ― Exclamó Nahomi, emocionada.

Junior se acercó a nosotros y nos abrazó por el cuello. Besó a Ellie en la mejilla, y luego me jaló leve el cabello, juguetón.

― No teman campeonísimos ― Dijo, sonriente. ― ¡Me sé la receta de una cochinita pibil que los va a hacer lamer el plato! Y casi no les voy a cobrar.

Reímos, y asentimos, alegres por tan buen recibimiento de nuestros mejores amigos.

― Entonces, ¡A trabajar, ovejas!  ― Exclamé, y eché a andar sujetando la mano de Ellie. ― Nosotros tenemos que volver al funeral, pero confiaré en que ustedes transformen la casa de Ellie en un gran comedor de gala para esta noche.

No hubo respuesta por parte de ninguno, pues ya todos estaban en círculo organizando lo que cada quien tendría que hacer y/o conseguir. Fue inevitable para mí, no esbozar una sonrisa de oreja a oreja al notarlo… vaya amigos más perfectos había reunido… y a Chelsea.

En ese momento no lo sabía, y ni me lo imaginaba pues la vida funciona de una manera en que tú no puedes prever lo que el mañana va a ofrecerte, pero esa cena, sería la última vez que vería a todos mis amigos juntos. Terminaría siendo el adiós de las ovejas.

(2005, Texas)

―Bien, ¡todos a sus posiciones! ― Ordeno Elizabeth, radiante cruzando las puertas del gimnasio adelantándose a mí, y tomando su lugar al frente de las formaciones. Le seguí trotando hasta colocarme en mi lugar, dónde ya Ellie me esperaba junto con la otra chica cuyo nombre no me había tomado la molestia de aprender… ni siquiera de averiguar.

Era el momento de enseñar al resto del equipo lo que veníamos practicando desde hacía ya un tiempo. Poco a poco venían notando nuestras mejorías durante la práctica, pues Anna ya se dejaba cargar (aunque aún seguía gritando asustada cuando la dejaban caer) y yo me notaba mucho más serio y comprometido… casi siempre.

Ellie intercambió una mirada conmigo. Por un momento, pensé que con ella me daría un mensaje de ánimos y fortuna para la rutina, pero en cambio, noté preocupación… ¿Por qué?... tal vez, ¿aún estaba angustiada por lo que pasó en casa? Seguro era eso… de hecho, estaba convencido.

― Al termino de la práctica… ― Dije, con una mirada temblorosa y un tono bajo e inseguro. ― Ven a verme detrás del gimnasio… voy a contarte todo.


Demian cruzó una pierna y extendió ambos brazos, como pidiendo una explicación. Ninguno de los dos dijo nada, aun cuando Bruno parecía tener las palabras en la punta de la lengua. Lo sabía, le tildaba el labio.

― ¿Serían tan amables de explicarme por qué acaban de denunciarme al gobierno? ― Recorrió nuestros rostros con su mirada, pude sentirlo incluso cuando tenía la mirada baja. Luego carraspeó leve. ― ¿Así pagan a quien ha hecho tanto por ustedes?

Nuevamente, no fuimos capaces de decir nada. El silencio sepulcral inundó toda la casa, acallado únicamente por el sonido del refrigerador en la cocina. Demian se mantuvo calmo, y suspiró.

― ¿Ustedes saben lo que ha costado el auto que tiene su madre? ¿Saben cuánto cuestan sus videojuegos? ¿La televisión satelital?  ¿Las colegiaturas? ¿La piscina? ― Demian suspiró, y continuó con un dejo de advertencia. ― No son baratas, chicos… su madre por sí sola, jamás hubiese sido capaz de darles ni de darse semejantes lujos. Sé que pueden entender, que sin mi ayuda, este hogar sería un chiquero, y sus vidas, carecerían de todas las cosas que tanto aman… ropa nueva todo el tiempo, bicicletas, patinetas, tarjetas de beisbol, discos… todo se iría.

Apreté mis puños. ¿Pretendía orillarnos a la resignación por medio del uso de su dinero? ¿Nos chantajeaba con lo que había aportado a la casa para olvidar lo que sabíamos y que siguiéramos con nuestras vidas como hasta ese momento ignorando el hecho de que el muy poco hombre había levantado su mano a mi madre?

―… ¿Y eso qué? ― Dijo finalmente Bruno, provocando que me estremeciera y volviera de inmediato para observar su tembloroso rostro. ― ¿Q-qué importan los bienes materiales que nos has traído si haces daño a mamá? No me jodas.

Demian arqueó una ceja, y soltó una risotada.

― ¿Crees que he hecho mal al levantarle la mano a Crystal? ¿Por qué? Cuando lo he hecho, es porque se lo ha merecido… ¿jamás les enseñaron que a un hombre enojado no se le debe de hacer enojar más? ― Se tronó el cuello girando la cabeza de un lado a otro, intimidante. ― Tienen suerte que normalmente sea tan calmado, sino, cargarían con el mismo destino.

Quería hacerle callar, quería hacer algo para que se comiera sus retorcidas palabras… pero no podía hacer nada, era solo un niño. En mis manos, el deseo de romperle la cara era dominante, en mi mente solo quería hacerle pagar, pero en mis capacidades… nada… solo una gran impotencia.

― De cualquier forma ― Continuó. ― Aún si ustedes están en desacuerdo, a ella no le molesta… digo, si así fuera, ella misma me hubiera echado de su casa, pero no… sabe que no le conviene perderme… y es hora de que ustedes también lo sepan, no les conviene perderme. Sin mí, serían pobres.

Mis piernas temblaron, y un par de lágrimas se derramaron por mi rostro involuntariamente. Me maldije por ser tan débil, mientras me limpiaba con mis mangas. Él lo notó, y se puso de pie, acercándose a mí… cada paso, pude sentir como el mundo se me venía encima… afortunadamente, Chris no era mi único hermano mayor, y de hecho, tenía uno en el que podía contar aún cuando nunca antes lo hubiera imaginado sino hasta ese momento.

― No te atrevas a tocarnos, gordo de mierda. ― Fue lo que dijo Bruno, tirando de mi brazo con fuerza para echarme detrás suyo. Mostraba los dientes mientras hablaba. ― Escúchame hijo de puta, eres más grande y fuerte que nosotros, y tal vez eso te haga creer que nos puedes controlar… pero creceremos algún día, y tendremos más fuerza que tú más pronto de lo que piensas… así que ten mucho cuidado con lo que digas, y con lo que hagas a nuestra madre… porque nos encargaremos de regresártelo todo al triple.

― ¿Qué te hace creer que puedes insultarme y amenazarme, ESTÚPIDO?

Tomó a Bruno del cuello con su enorme mano derecha, cubriéndoselo casi en totalidad, Bruno, en vano, trató de soltarse caminando hacia atrás, y viéndose estrangulado, apretó con sus dos manos el enorme brazo de Demian.

Grité con todas mis fuerzas, tal vez… alguien podría escucharme.


Durante el ensayo todo nos salió bien. Anna voló por los aires con maestría (aunque durante el último vuelo exclamó “¡si no me atrapan voy a taparles la raja con sellador industrial, putas de mierda!”, pero de ahí en más, todo ideal). Junior, como siempre, demostró que era un animador natural, y yo… bueno, basta con decir que al término, todos nos felicitaron, y admiraron nuestros avances… incluso Charlotte, que de por sí era una amargada de lo peor, no pudo evitar mostrarse impresionada ante nuestra notoria mejoría, pero aún así recordándonos que aún nos faltaba mucho por recorrer.

― Se nota que han trabajado ― Dijo, con las manos en la cintura. ― Pero aún hay muchas cosas por mejorar si no queremos hacer el ridículo en el concurso de zona. Y no hablo solo de ustedes 3, ¡hablo de todo el equipo!

La inyección motivacional para todo el grupo no se hizo esperar, en el gimnasio podía respirarse la determinación a trabajar duro para conseguir el objetivo de ganar el concurso y calificar a los estatales, pero, yo no podía concentrarme en ello… mi cabeza, era sencillamente un lío.

Por un lado, estaban mis sentimientos encontrados con respecto a Ellie, en suma a lo que sentía del solo recordar que ella estaba con Rocko. Por el otro (y en mucha mayor medida), el malestar que me provocaba haber visto al hijo de puta de Demian en casa… ¿por qué mi madre le permitiría el paso a nuestro techo? ¿Por qué abrirle las puertas luego de todo el mal que hizo a nuestra familia?

Quería golpear mi cabeza contra la pared. Era verdaderamente frustrante, sobre todo para alguien amante de tener el control como lo es en mi caso. ¿Qué se supone que haga un chico de 15 años cuando un tipo del doble de su tamaño y peso que maltrataba a su madre y se atrevió a atacar a su hermano está dentro de su casa? Ir a hacerle frente de nuevo solo provocaría que me golpeara como el día de la fiesta, y aunque no me importaba, sabía que no bastaría para acallar la ira que inundaba en mi interior, yo quería ir más lejos, quería lastimarlo de verdad, quería hacerle pagar, que sufriera, que llorara, que se arrodillara pidiendo piedad, que…

― ¿Zack?

Me estremecí. Su voz… esa voz…

Calmada, serena, madura… inconfundible y ciertamente adelantada si se toma en cuenta que solo era una quinceañera… la voz de Ellie, desde la primera vez que la escuché despertó en mí una atención bastante peculiar, y es que, irradiaba tranquilidad.

Me volví hacia ella, y sonreí leve. Como habíamos acordado, le esperaba detrás del gimnasio. Estaba hermosa, recién bañada, con el cabello húmedo suelto vistiendo unos jeans y una blusa azul. Cargaba a su costado su maleta con el uniforme de animadora. Me devolvió la sonrisa, mientras me observaba aún preocupada.

― P-perdona por forzarte a decírmelo ― Fue lo primero que dijo.

― Nada de eso ― Me interpuse. ― Soy yo quien ha decidido decírtelo…

― Pero se te nota en la cara que no quieres hacerlo ― Fue lo que dijo, y vaya que tenía razón. ― Solo quieres decírmelo porque no quieres verme angustiada por ti.

Y nuevamente acertaba.

Sacudí la cabeza, y de inmediato busqué una buena respuesta; con mis ojos, trataba de centrarme en algo menos llamativo que la suavidad relajante de sus ojos verdes miel para poder concentrarme adecuadamente.

― Creo que hablarte sobre ese asunto, me ayude para descubrir lo que debo hacer al respecto. ― Suspiré, me encogí de hombros. ― Es algo duro de hablar, pues no soy el mayor fanático de hablar de las cosas personales, y menos aún de los problemas familiares, pero, creo que igual te debo una explicación ya que debes de estar muy confundida…

Ella no respondió al instante, pero asintió sin dudarlo, desviando leve la mirada pero de inmediato levantando la vista de nuevo.

― M-me sorprendió y asustó ver al sujeto que te golpeó en tu sala hace rato ― Admitió. ― Sobre todo porque me dijiste en su momento que era un ladrón… n-no es que me haya molestado que me mintieras, pues entiendo que es algo personal pero… pero… pero… ay, estoy demasiado nerviosa y no sé qué decir.

Reí leve, tomé su mano, tranquilizador y la invité a tomar asiento en el césped, haciendo lo mismo. Una vez estuvimos los dos sentados, solté su mano y me dediqué a explorar su hermoso rostro con la vista mientras le relataba la verdad.

― Su nombre es Demian… ― Dije su nombre como escupiéndolo. ― Es la ex pareja de mi madre… vivió con nosotros durante varios años, cuando mi madre se separó de mi padre… durante años, gracias a su buena posición económica la casa se llenó de lujos y bienes materiales, fuimos a escuelas privadas, comíamos fuera todo el tiempo, teníamos autos de lujo, y jamás se nos fue negado un capricho… no obstante, Demian era violento cuando tomaba, aún cuando era alguien calmado estando sobrio… al enterarme de que había golpeado a mi mamá, jamás pude perdonarlo…. Me llené de odio a su persona, y por ello fui muy feliz cuando ella decidió poner fin a su relación con él… ella todo este tiempo se había contenido para darnos una buena vida a todos nosotros, pero finalmente comprendió que para nosotros una buena vida era vivir juntos y felices, sin que nadie tuviera que angustiarse…

Mientras yo hablaba, dejándome llevar por el fluido natural y hasta algo acelerado de mis sentimientos, Ellie permaneció en silencio, absorbiendo cada sensación que le provocaban mis palabras como una esponja, y esbozándolo en su rostro así con desencanto durante mayor parte del relato, hasta que al terminar, esbozó una leve sonrisa de alivio, de ese tipo que se pone al escuchar que pese a las dificultades, se llega a un final feliz.
Asentí, en respuesta a su gesto.

― Lo sé… ¿sabes? Dejamos de tener todos esos lujos que creíamos tan necesarios, y nos dimos cuenta de que teníamos cosas mucho más importantes… por ejemplo: felicidad, espacios familiares, y sobre todo: una madre libre, que estuvo tanto tiempo haciéndose menos por nuestro bien, y que por fin pudo ser como era en realidad.

― Eso vale más que todas las riquezas imaginables ― Coincidió, sonriéndome con sus preciosos labios rosados en curva. ― Pero… ― Su gesto recobró neutralidad de golpe. ― ¿P-por qué estaba Demian en tu casa entonces?

Resoplé, volviendo de golpe a mi estado negativo.

― No lo sé… pero no quiero averiguarlo tampoco… mamá va a tener mucha suerte si es que llego a dormir esta semana a casa.

― ¿D-de que hablas? ― Se adelantó, llevando su mano a mi hombro, interponiéndose. ― ¡No puedes irte de casa así como así!

― ¿Y por qué no? ― Arqueé una ceja levemente. Si mi madre puede invitar gente non grata a la casa, yo puedo escaparme si se me da la gana.

― P-pues… p-porque… porque unas vacaciones de ti son más un premio que un castigo para la pobre y explotada madre de Zack Mosh ― Terminó bromeando, soltando una risa auténtica, que de inmediato me hizo a mí relajar, para terminar carcajeándome con ella.

― ¡Diablos, tienes razón! ― Coincidí, entre risas. ― ¡Lo menos que se merece esa mujer ahora es un descanso! En cambio, voy a quedarme en casa sin salir el fin de semana, ensuciando platos y jugando videojuegos en la sala vistiendo solo mis bóxers.

― Ya estás entendiendo mejor ― Asintió. ― Así, la castigarás a la vez que cuidas de ella.
Entonces, comprendí uno de los más grandes talentos que Ellie poseía sobre mí, aunque no dije nada, pues aún no estaba del todo seguro: ella, sabía exactamente como manipular sus palabras de un modo en que yo terminara accediendo a hacer lo correcto. En otras palabras, ella se encargó con solo una bromilla, de que yo no me fuera de casa, y que además cuidara de mi madre cuando aparentemente lo necesitaba.

― Supongo que iré a casa ― Musité, finalmente; luego de mucho pensar en las impresiones que obtuve tras hablar con Ellie, llegué a la conclusión de que lo mejor que podía hacer, por ahora, era ser un hombre e ir a afrontar por cuenta propia lo que fuese que me esperara en la residencia Mosh.

Ellie asintió, y sin apartar su mano de mi hombro se reclinó sobre mi rostro para besar mi mejilla suavemente; cariñosa, y amigable, me dedicó una última sonrisa.

― La familia es lo más importante del mundo, siempre lo he creído. Cuídate mucho, y cuida a tu familia.

Esas fueron sus palabras. No pude haberlo dicho mejor, incluso para una familia disfuncional, incompleta y rota como la mía, el cariño incondicional se daba únicamente dentro de las paredes de nuestra casa. Los habitantes de ese hogar, solo nos teníamos mutuamente, y éramos un equipo que duraría hasta el fin de nuestros días.

― Gracias, Ellie… hoy, me has hecho darme cuenta de muchas cosas… de verdad, muchas gracias.

Me puse de pie, y tras despedirme con un movimiento de mano, me di la vuelta y eché a correr con rumbo a casa. No era que sintiera verdadera ansiedad de llegar, pero tenía que hacerlo pronto, o probablemente podría llegar a lamentarlo.

Demian levantó a Bruno con la brutal fuerza de sus brazos enormes, estrangulándolo y provocándole a toser y a mover las piernas con desespero. Mientras esto ocurría, yo me mantenía petrificado del miedo; maldiciendo mi debilidad, mi falta de fuerzas interiores y exteriores como para hacerle frente a ese maldito.

― ¡TE VOY A ENSEÑAR A RESPETARME, MOCOSO ESTÚPIDO!

Lo que ocurrió a continuación, pasó tan rápido que apenas tuve tiempo de volverme hacia la puerta al momento en que mi madre ya no se encontraba más ahí, solo las bolsas del supermercado quedaban en el suelo.

― ¡¿QUÉ PASA? ¿QUÉ LE HACES A MI HIJO, GORDO IDIOTA DE MIERDA?!

Mi madre, veloz cual rayo, sujetó a Bruno de las piernas y lo apartó de Demian, sacando fuerza sabrá Dios de donde, y aún con el chico en brazos, encaró furiosa a quien desde hacía ya un tiempo era su pareja.

― ¡ME FALTÓ AL RESPETO! ― Se excusó Demian al instante, rojo de ira.

― ¡NO ME IMPORTA, TÚ NO TIENES DERECHO A TOCAR A MIS HIJOS ESTÚPIDO! ¡¿ME OISTE?!

Bajó a Bruno al suelo, y tomándonos a ambos de la mano, nos llevó hasta el baño, donde nos encerró sin decir más nada, para luego volver de inmediato a enfrentar con gritos inmensos al sujeto, cuyos gritos se perdían en el viento en comparación a los inmensos reclamos de mi madre.

No pudimos ver nada más, pero lo que nos consta, es que mi madre no paró de gritar a Demian que se largara y que no volviera nunca más, hasta que este terminó de empacar sus cosas y se fue haciendo golpear la puerta con fuerza. Esa fue la última vez que le vimos en muchos años.

Al final ni Bruno ni yo pudimos proteger a nuestra madre, en realidad, fue ella quien nos protegió a nosotros, con valor, amor, y enorme carácter. Al terminar todo, y nosotros agradecérselo, ella simplemente dijo “no agradezcan nada… soy su madre…”.

(2007, Texas)


― Siento mucho tu perdida, Zack. ― Feeney sujetó mi hombro, franco. Existía pesar en sus palabras, después de todo, además de ser mi director, también fue profesor de mi padre, de su hermano, y de Chris y de Bruno. ― Es verdaderamente triste cuando un profesor ve a sus alumnos… bueno… debe ser raro para ti, notarme tan serio.

Esbocé una ligera sonrisa, asintiendo.

― Entiendo, señor Feeney, que aunque es usted un desquiciado, solo pretende. ¿Cree que no me he dado cuenta?

Feeney, intrigado, arqueó una ceja.

― ¿De qué hablas, muchacho?

Puse los ojos en blanco, denotando la obviedad de la situación.

― Usted fue profesor de mi padre y tío, además de Bruno, y de Chris… tras enseñar a tantos Mosh, es más que obvia su estrategia: no es que usted ame tanto el caos como yo lo hago… usted, solo ha buscado conectar conmigo desde el primer momento. Para mantenerme concentrado discretamente en lo que es importante… y así estoy seguro lo hizo con Chris y Bruno…

Feeney se cruzó de brazos, y terminó asintiendo, haciendo una mueca de resignación.

― Algo hay de eso, sí… ¿qué es más valioso, a tu parecer? ¿El auto de ese hijo de perra del profesor Thompson, o un joven con gran potencial graduándose de la preparatoria? Hay pequeños costos a pagar con los muchachos como tú, hijo… con los Mosh en general… ¿Cómo iba el dicho que tu padre y tu tío solían decir? ¿Nunca folles con un Mosh porque saldrás cojeando?

 Luché por no soltar una carcajada, no hubiese sido correcto mientras estábamos en la capilla de la funeraria.

― “No te metas con un Mosh porque saldrás quemado” ― Corregí.

― Precisamente ― Asintió de inmediato Feeney. ― Si un profesor trataba de enseñarle algo a Fred y a James como se le enseñaba, por ejemplo, a Clearwater, el padre de tu novia, Fred y James sencillamente lo mandaban a la mierda… para ellos, todo lo que era importante, era el status social, la fama, las impresiones… entonces, descubrí que para llegar a ellos, tenía que ser un poco más creativo… y la genética es tan poderosa, ¡que con sus hijos tuve que esforzarme mucho más! Excepto con el último… Kevin… creo que algo está mal con él, ¿tu madre no fumaba o bebía estando embarazada de él?

Nuevamente contuve una carcajada, ese hombre era sencillamente lo máximo.

― No, no… aunque, mi mamá lo hacía escuchar Mozart mientras estaba en su vientre, seguramente por eso salió tan…

― Nerd. ― Se adelantó Feeney. ― Sí… lamento informártelo, Zack, pero tu hermano irá a la universidad si sigue a este paso.

― ¡Oiga! ― Espeté, a modo de juego. ― ¡Bruno también va a la universidad!

― Lo sé, lo sé… pero el que se esté tirando a esa chica tan rara le quita credibilidad. ¿Por qué crees que entré a la capilla? ¿Por religioso? ¡Claro que no! La tipa estaba ofreciendo beber sangre de cordero para tributar al difunto en un último baile sangriento, así que tuve que escapar.

― ¡¿ELLA QUÉ?! ― Exclamé, poniéndome de pie, llamando la atención del recinto sagrado. Apenado, carraspeé e hice una reverencia a modo de disculpa; me recliné sobre Feeney, y susurré. ― Debo ir a detenerla, pero escuche, Ellie y yo daremos una cena muy importante en mi casa al salir de aquí, y estaríamos encantados de contar con su presencia…

― Mmmh… ― Feeney meditó un poco. ― ¿Junior hará sus taquitos de cochinita pibíl?

― Eso se rumora, sí. ― Asentí repetidas ocasiones. ― Además, podrá ver a la novia de Mike.

― ¿La chica genio buenísima? ¡Cuenta conmigo! Voy a hacerle el bullying que tanto se merece ese muchacho por tener tremenda novia. Uno no puede ser tan feliz sin pagar consecuencias.

No podía estar más de acuerdo… aunque, ¿no sería fascinante encontrarse con una felicidad sin consecuencias? Solo una… no tiene que ser muy grande, ni muy significante… solo, una felicidad… algo, que haga bien para todo el mundo, con la que nadie sufra o se muestre descontento… una felicidad, tan auténtica, que solo la realidad pudiese romperla con su fuerza imparable, al pasar sus cortos segundos de dominio fantasioso. No sé ustedes, pero para mí, una felicidad sin consecuencias para nadie, por muy pequeña y fugaz que fuera, sería la mayor bendición que el mundo haya conocido.

No lo sabía entonces, pero para el final de ese día, recibiría la única felicidad sin consecuencias que haya tenido el placer de presenciar jamás… y aún, cuando duró poco tiempo… permanecería en mi corazón durante el resto de mis días, y más allá.



(2005, Texas)


Corrí, presto por el camino de regreso a casa, no me detuve ni por un solo momento, y aún así el camino me pareció inmensamente largo y tedioso. Por mi cabeza circulaban las enseñanzas que Ellie me había dejado, y se combinaban y fusionaban con mis recuerdos y sentimientos. Asimilé en mí mis propias conclusiones, y para cuando estuve de frente a mi casa, me sentía de alguna forma, preparado. No listo, pero preparado.

Saliendo por el umbral, estaba él. Girando la perilla, cerró la puerta tras de sí, y tras volverse se quedó mirándome con notoria incomodidad.

― Hola. ― Me saludó, parpadeando un par de ocasiones.

― Hola. ― Le respondí de vuelta, y avancé lentamente en dirección a él y a la entrada.

― Ya se ha ido ― Explicó, desviando la mirada. ― Solo quería disculparse con todos… y contarle a mamá que estaba yendo a terapia para superarse a sí mismo.

― Entiendo. Me alegra que se haya ido… no entiendo por qué a nosotros debería de importarnos si quiere cambiar o no. ― Me detuve frente a Chris, y le observé con seriedad efusiva, enérgico y seguro. ― Encima, seguro está mintiendo. Hace no mucho tuve que echarlo de la casa y me agarró a golpes. Seguro no te contó eso, ¿cierto?

Sagaz, señalé una cicatriz que se enmarcaba apenas a unos milímetros de mi ceja derecha. Pude notar que se estremeció.

― Zack, yo no…

― No me importa lo que tengas que decir, Chris ― Le interrumpí al instante, acomodando mi cabello con un movimiento de cabeza. ― Me ha quedado claro que para ti esta familia no significa lo mismo que para mí.

― ¿Qué significa eso? ― Preguntó en réplica al instante, descontento. ― ¿Ahora no puedo traer a quien yo quiera a una casa que fue mi casa mucho antes de ser tuya?

― De eso es de lo que hablo, Chris… para ti, esta familia es un sitio elitista que te ha dado la espalda, por eso simpatizaste con Demian tan de pronto, no te enteras que tanto tú como él nos dieron la espalda primero con sus errores.

El cuerpo de Chris se tensó, pude notar en visión periférica que comenzaba a apretar sus puños y a apretar los dientes con reniego. Se estaba molestando, y mucho.

― Cuida tu boca, Zack, o…

― ¿O qué? ― Espeté de inmediato, amenazante. ― ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a golpearme como golpeaste a Bruno? Puedes hacerlo, pero te lo advierto… todo vuelve, hermano… todo vuelve.

Rechinó los dientes, y desvió la mirada, para luego esquivarme y salir caminando a espaldas mías.

― Descuida, Chris… no te odio ― Dije, mientras avanzaba echando humo. ― Simplemente ahora entiendo lo diferentes que somos… que seamos familia no significa que seamos idénticos… te respeto siendo diferente, aún cuando no piense igual que tú.

El ruido de sus pasos se detuvo, igual que su andar.

― Sí… supongo que puedo decir lo mismo de ti.

Sonreí levemente, y alcé la mirada, para asegurarme que me escuchara fuerte y claro.

― Dile a tu amigo que aún si mamá lo perdonó, yo no lo haré… y que algún día voy a romperle la cara.

Chris se encogió de hombros y reinició su andar.

― Descuida… no le ha perdonado.

Chris caminó hasta su auto, estacionado en la casa abandonada del frente, y se alejó mientras observaba desde la entrada con neutralidad. No sabría de él durante un largo tiempo.

Me quedé durante unos segundos observando el vacío, y luego entré a mi casa… no me vendría mal un poco de tiempo familiar, y charla aclaratoria.


(2007, Texas)


La residencia Clearwater nunca se vio tan llena de vida, con galantes velas largas adornando los candelabros, con un sujeto vestido de smoking recibiendo los abrigos en la entrada, con una hermosa mesa antigua de madera del largo de todo el comedor esperando en la sala, y con una larga vajilla de porcelana fina desfilando alrededor de la misma con un asiento asignado para cada pieza.

― ¿Cómo han hecho para hacer todo esto? ― Preguntó impresionado el señor Clearwater. ― ¿Y más importante aún… donde dejaron mi televisión?

― Ah, estorbaba señor, así que la puse en el patio mientras servíamos la cena. ― Explicó Junior, que vestía un traje de chef blanco con todo y el sombrero gigante. ― Pero no se fije en pequeñeces, usted tome asiento y sírvase que las gorditas de cochinita pibil van a volar.

Servilletas con forma de cisne, música clásica relajante al fondo… las ovejas verdaderamente se lucieron. Di mi abrigo al extraño hombre de la entrada, y tomando la mano de Ellie invité a todos los presentes a tomar asiento para comenzar la cena.

Pasé toda la tarde en la capilla invitando a todos nuestros familiares y amigos a este evento, y me alegró mucho ver que pese al luto, todos hicieron acto de presencia… al menos todos, a excepción de mi padre, que socarrón, me asintió de ese mismo modo que siempre hacía y me aseguró que vendría sin siquiera reflejar seguridad en su rostro.
Miraba constantemente hacia la entrada desde mi asiento, esperando encontrarme sorprendido por su presencia.

― Ya llegará ― Me tranquilizó Ellie, con una sonrisa cálida y abrazadora. ― Ten paciencia…

― Lo que me preocupa es que tal vez ya le he tenido mucha paciencia… ― Confesé, haciendo un puchero con los labios, pero inmediatamente retomando el positivismo. ― Aún así, me alegra ver que mucha gente vino... tantos amigos y familia.

― Lo sé ― Ellie coincidió, mientras apreciaba conmigo a todos quienes comenzaban a tomar asiento en la enorme mesa: se podía ver al señor Feeney, a mi tío Fred, a mi madre, a los padres de Ellie, a todas las ovejas asesinas, a Karla, a Elizabeth… todas personas importantes para nosotros… y Chelsea. ― Estoy feliz… somos muy afortunados, ¿No crees?

Asentí, y sujetando su mano por debajo de la mesa, transmití a ella mis energías y nerviosismo. Pronto, todos estuvieron sentados en su lugar, y se acercaba el momento.
Junior sirvió gorditas de cochinita pibil a todos (algo poco común para comer con una vajilla de porcelana y cubiertos de plata si me preguntan, pero como estaban deliciosas decidimos no hacer comentario alguno al respecto), y comimos charlando animadamente entre todos. 


Fue una agradable pausa de toda la depresión que se experimentaba en el funeral, se hablaba de otros temas más allá de los errores de Chris, de recuerdos positivos en su haber y de otros temas relacionados con su muerte, y me alegró profundamente ver a mi madre sonreír en más de una ocasión con Becky y Kevin.

La cena fue un éxito, no solo logramos reunir a casi todas las personas importantes de nuestra vida en una sola habitación, sino que el humor de todos fue mejorando con el paso de la misma. La buena comida, la conversación, la compañía, pronto todo fue haciendo fluir la situación ideal para nosotros. Retirado el último plato por el recoge abrigos y llevado a la cocina, hice saber a Ellie que el momento había llegado con la mirada.

Ellie asintió, y buscando mi mano nuevamente, se reclinó hacia adelante para ponerse de pie. Yo hice lo mismo, mientras observaba por debajo de mí a todos los invitados. Suspiré hondo, y comencé a hablar sin más.

― Muchas gracias a todos por unirse a mi familia y a mí en estos momentos tan difíciles. Es complicado describir lo duro que fue para nosotros enterarnos del fallecimiento de mi hermano mientras estábamos celebrando nuestra graduación… no queda más que agradecer una vez más a la familia Clearwater, por prestarnos su casa para esta reunión, y claro, por traer al mundo a una hija tan maravillosa como Ellie, para darme fuerza y apoyo en las malas y en las peores también.

El señor Clearwater, serio como es, se limitó a asentir con una sonrisa nerviosa dibujada en su rostro, y la madre de Ellie, claro, nos tiró a ambos un par de besos fraternales.

― No des las gracias por nada mi niño, nosotros ya somos casi una familia… nos conocemos desde que éramos unos niños, y ustedes dos saliendo nos hicieron más cercanos que nunca.

Con gratitud, hice una reverencia, para acto seguido echar un nuevo vistazo a todos en la mesa. Expectantes nos observaban sonrientes y con aprobación. Luego, volví a mirar al amor de mi vida, y con su siempre constante rostro repleto de apoyo, me dio la motivación para continuar.

― Justo acaba de ser mencionada la palabra familia… esa es una palabra cuyo significado no comprendía muy bien hasta hace un par de años. ― Con algo de resentimiento, observé a mis espaldas, a la puerta cerrada que no se abriría para recibir a mi padre. ― Siempre crecí teniendo un gran orgullo por mi apellido, por el brillante pasado del que mi padre alardeaba; y como mis hermanos, soñaba con algún día hacerme una leyenda local que todos conocieran… no me interesaba la unión que hubiera entre nosotros, ni la importancia de otros ámbitos de la familia… pero cuando conocí a Ellie, y observé sus admirables valores familiares, comprendí finalmente que lo que hacía una familia no eran las gloriosas anécdotas del pasado… comprendí, que los esfuerzos de mi madre por darme lo mejor, los momentos agradables que pasaba con mis hermanos, todas esas cosas, eran en realidad lo que me hacían un Mosh.

Hice una ligera pausa, para acomodar mis ideas, no pasó mucho para volver a reiniciar el dialogo, esta vez con un nudo en la garganta, algo nada común en mí.

― Con Ellie… ― Hice una pausa, para sujetar su mano con más fuerza mientras le miraba a los ojos con la claridad más abierta de mi alma. ― He aprendido muchas cosas, no solamente los valores familiares… también he aprendido a enamorarme, he aprendido a despertar cada mañana pensando en otra persona, no en mí… con ella, he aprendido tantas cosas, que ahora comprendo que a su lado quiero seguir aprendiendo durante el resto de mi vida. Cada mañana, cada tarde, cada noche… quiero aprender con Ellie durante toda mi vida.

― Espera… ― Anna, con los ojos muy abiertos a través del cristal amplio de sus lentes nos observaba a ambos con confusión clara. ― ¿eso significa qué…?

― Significa que luego de la graduación, Zack me pidió matrimonio… ― Explicó Ellie, en tono bajo, más gracias al silencio sepulcral que ahora existía en la casa, era claro que todos pudieron escucharle. Una serie de murmullos, suspiros y exclamaciones de sorpresa se elevaron cual orquesta en su punto más alto antes de terminar su oración, aunque no hacía falta… para todos era evidente la respuesta. ― ¡Y le dije que sí!

Las distintas respuestas fueron tan contrastantes, que iban desde:

― ¿¡Se van a casar!? ¡FELICIDADES!

Hasta:

― ¿Pero y la universidad? ¿No piensan estudiar una carrera?

Incluso hubo un poco de:

― ¿OIGAN NO TRAEN 20 DÓLARES O ALGO DE HIERBA PARA PAGARLE AL VAGABUNDO QUE CONTRATÉ PARA AGARRAR SUS ABRIGOS?

Pronto la habitación se vio cubierta en un tormento de dimes y diretes. Por un lado, estaban los que nos apoyaban y bendecían nuestra decisión, y por el otro, evidentemente, estaban los que desaprobaban enteramente nuestro arrebato. Ya fuese por los momentos de penuria por la muerte de Chris, o porque simplemente éramos demasiado jóvenes. Fuese cual fuese el caso, los tíos de Ellie de pronto me bombardeaban de preguntas, el señor Feeney trataba de calmar a mi madre, Rocko discutía con el vagabundo sobre un pago en gorditas de cochinita pibil, y Junior por alguna razón bailaba como irlandés en las escaleras mientras exclamaba “los elotes no tienen maíz, los elotes no tienen maíz”.

Por mucho que me encantaba ver al padre de Ellie decir que nosotros probamos tener madurez durante estos años, me dolía ver a su esposa asumir de pronto que estábamos cometiendo errores que podían costarnos años valiosos de nuestra juventud… era impresionante, en realidad ver como quienes asumíamos que nos apoyarían encontrarse en contra de nuestra elección, y ver como quienes veíamos como nuestros detractores acababan tomándonos del hombro y felicitándonos por tan importante paso al frente.

― S-sí, sentimos que a pesar del dolor de la partida de mi hermano nada traería más tranquilidad y consuelo a nuestras vidas que una unión totalmente repleta de amor… ― Trataba de tranquilizar a la turba de gente, pues todos hablaban al mismo tiempo y me era difícil comprender lo que todos trataban de decir. De pronto, inevitablemente por el ruido, los tonos de voz fueron elevándose y así mismo también lo hicieron los ánimos.

― ¿Y qué creen que estar casados va a ser un sueño? ― Me atacaba un tío de Ellie, señalándome con su dedo arrugado a la frente. ― ¡Si llega a embarazarse Ellie van a echar a perder su vida! ¡Tendrán que trabajar como locos para mantener a la criatura que tengan!

― ¿Usted cree que ellos no son sexualmente activos ya sin estar casados? ― Irrumpió Feeney, saltando por mí y sacándome un peso de encima por el momento. ― Esto es el nuevo siglo y ellos dos no son excepción ¡Eso va a pasar independientemente del matrimonio si no se saben cuidar!

― ¿QUÉ ESTÁS DICIENDO, MALDITO LOCO IRRESPETUOSO?

Tenía que contar hasta 10, tanto ruido iba a acabar por volverme loco y no quería perder el control para echar gritos. Cerré los ojos, respiré hondo, me encogí de hombros y…

― ¡CÁLLENSE TODOS DE UNA VEZ!

¿Eh? ¿Quién…?

Abrí los ojos de nuevo, y como el resto, observé boquiabierto a Ellie, que con la espalda tensada y los dientes por delante observaba la escena con amplia desaprobación. Con el ceño fruncido fulminó con la mirada a todos.

― Ustedes son nuestros seres queridos, y compartimos con ustedes que Zack y yo decidimos ser una familia, pues nos gustaría que formaran parte de la misma. ¡Pero no se confundan! Esto no es una votación, ni es una encuesta de aprobación… NOSOTROS NO LES VAMOS A PERMITIR JUZGAR NI METERSE EN NUESTRO CRITERIO. Ahora, disfruten la cena, Y BUENAS NOCHES.

Sin decir nada más, Ellie caminó directo hacia la cocina, y se perdió por la puerta de atrás. Dejó a todos a sus espaldas estupefactos, en blanco, e incapaces de soltar una palabra.

Tuve que disculparme por ella, explicarles que estábamos pasando por mucho últimamente, y pedirles comprensión. Al final, todos igualmente reconocieron que hicieron mal en iniciar un combate… al final, si les gustaba o no, éramos ella y yo dueños de nuestra vida. Podía gustarles o no, pero al final tendrían que resignarse, y de hecho así era.

Despedí a los invitados, con ayuda de las ovejas. Pedí a Junior que dejara a mi madre y a mis hermanitos en casa y que yo iría más tarde. Cuando en la casa solo existían los restos de una abundante cena, y los padres de Ellie charlaban en silencio en la sala, fui hasta la cocina.

Sha la la la… Sha la la la…


La inconfundible voz de Ellie dibujaba en el viento una alegre tonada.


Sha la la la… Sha la la la…

Su cabello agitándose mientras se deslizaba sobre el columpio del roble a un costado de su piscina  era todo lo que veía de ella a través de la ventana… aún así, con su canto podía imaginar su rostro sonriente, libre.


Sha la la la… Sha la la la…


Es difícil describirlo con simples palabras… la calidez que su sonata traía a mi ser… me inspiraba una tranquilidad arropadora que solo se podía comparar con el abrazo de un ser amado, por una presencia divina deslizándose directo al corazón.


Sha la la la… Sha la la la…


No podía ser…


Sha la la la… Sha la la la…


… ¿O sí?


Sha la la la… Sha la la la…


… tenía que verla, tenía que sentirla.


Sha la la la… Sha la la la…


Con la prisa de alguien que está a un mar de distancia, separé la puerta de un empujón y caminé por un costado del patio trasero hasta encontrarme al borde de la piscina, un punto donde podía mirarla de frente.


Sha la la la… Sha la la la…


Se deslizaba, sentada sobre el neumático colgando de 3 cuerdas que su prima Sharon puso ahí al llegar el verano anterior… impulsaba con sus piernas hacia el frente para incrementar su velocidad.


Sha la la la… Sha la la la…


Ella era Ellie Clearwater, la chica de la que me enamoré apenas la conocí…


Sha la la la… Sha la la la…


Ella era Ellie Clearwater… la chica que me hizo darme cuenta que un sueño puede cambiar junto con el corazón del soñador…


Sha la la la… Sha la la la…


Ella era Ellie Clearwater… la dueña del corazón de Zack Mosh… y de todo lo que de él era.


Sha la la…


Ellie se detuvo al observarme al frente suyo, y curiosa ladeó la mirada.

― No te había visto… ― Me dijo, acomodándose el fleco con un movimiento lateral. ― ¿Te causé muchos problemas allá dentro?

Negué con la cabeza, mientras aún le observaba algo aturdido. Con la boca algo abierta, y con los ojos entrecerrados, me acerqué a ella.

― Te has dado cuenta... ― Observó al instante, tímida. ― Nunca he podido guardarte ningún secreto… eres demasiado listo.

― Esta vez casi logras salirte con la tuya ― Confesé, colocándome delante de ella. Frente a frente. ― Acabo de darme cuenta…

― ¿Y qué piensas de ello? ― Preguntó al instante, con notoria inseguridad. ― Yo… sé que no estaba en nuestros planes pero…

Le hice callar con el dedo índice, no tenía que decir más. Con mi mano opuesta, rebusqué en el bolsillo trasero de mi pantalón, hasta sacar por fin la caja de cigarrillos que cuidaba de siempre cargar conmigo. Acaricié con las yemas de mis dedos la fina capa protectora de plástico que cubría el cartón, y luego la lancé lo más lejos que pude al jardín del vecino… ya no podría volver a fumar nunca más.

Antes dije que en ese mismo día recibiría por primera y única vez, una felicidad sin consecuencias. Bien… este es el momento.

Un inmenso mundo de júbilo inundó mi mundo, y de pronto no existía nada más. Solo estábamos ella y yo, en un mundo repleto de todos los reflectores y atenciones que necesitaba. Había encontrado el equilibrio perfecto que mi vida exigía, no necesitaba nada más en la vida… ni alimento, ni dinero, ni reconocimientos… ni fama. Ella, yo, y ese momento… no necesitaba pedir por nada más.

Solo pude abrazarle con todas mis fuerzas, y acariciar con mi palma diestra su diminuta espalda arqueada contra mi pecho fuerte, que a partir de ese momento pasaría a ser su único pilar… pero estaba bien, me encargaría de que nunca necesitara otra cosa.

El frío húmedo de la noche envolvió nuestros cuerpos conforme pasaron los minutos de silencio reconfortante, pero aún así no nos movimos por al menos dos horas, de cualquier forma teníamos el cuerpo del otro para calentar el nuestro.

― ¿Has pensado en algún nombre?

― Aún no… ― Repuso, sin detener su llanto. Sentía la humedad de sus lágrimas transparentarse en mi camisa. ― Pero…

― ¿Pero…?

Apartó un poco su rostro de mi pecho, empujándose con la frente para luego observarme con decisiva seguridad cristalizada en sus ojos llorosos. Incluso entonces, no dejó de acariciar su vientre con ambas manos, como hacía desde que comenzó a cantar su sonata.


― Aún no pienso en nombres… pero estoy convencida de que quiero que mi hijo sea un gran Mosh, como su padre.

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