Lo Último

Por la garrita

 Por la garrita

Hoy tuve un sueño perfecto, pero al despertar comenzó la pesadilla.

Soñé que estábamos juntos, que nuestras manos se entrelazaban y caminábamos juntos por la feria de las hojas.

Cuando desperté, ella ya no estaba. Al llamar su nombre, el silencio prevaleció por la fría eternidad.

En mi sueño, me sonreía radiante, más hermosa que nunca. Colgaba de su cabello un broche vívido de tonos altos, como las luces a nuestro alrededor. Tenía la forma de un gato, y aunque decía ella que la forma de sus patas era extraña, a mí me parecía adorable.

En mi realidad, estaba solo, más perdido que nunca. Un montón de amistades vacías y materialistas reemplazaron su cándida compañía que me hacía tan feliz. Aunque hubo momentos de luz y oscuridad por igual, para mí fue ya todo lo mismo sin su presencia entrañable, amable.

Buscando su felicidad, ganaba para ella un peluche de esos que tanto le encantan. Era enorme, tan enorme como nuestras sonrisas cuando cruzábamos nuestras miradas enamoradas. Con un dulce beso, sellaba ella la noche perfecta e inolvidable que tanto merecíamos uno al lado del otro… para siempre.

Buscando su compañía, corrí en mi oscura y patética existencia por un rastro que me guiara a sus brazos. El miedo en mi interior creció a cada paso. No quería tener que vivir sin sus palabras, sin sus celos, sin su amor. Cuando mis temores me derribaron, caí frente a una solitaria huella de oso en un sendero estrecho, rodeado de afiladas ramas secas aferradas a la tierra erosionada. Era enorme, como el vacío que sentía cada amanecer y cada anochecer sin su velo protector a mi lado… pero, existía algo en esa huella que me hacía reflexionar… algo no cuadraba…
Recordé entonces, el nombre de aquella promesa, parte del sueño y de la realidad por igual.

Una garra de oso, simboliza nuestro amor.

Nunca viví aquella realidad repleta de soledad y dolor, y era el dulce sueño caluroso y desbordante de perfección mi verdad… ella y yo jamás estuvimos alejados… estuvimos juntos todo el tiempo. ¿Cómo separas lo que es uno mismo?

Una garra de oso, inmortaliza nuestros anhelos.

Nosotros creamos un mundo para nosotros, muy alejado de las realidades y los sueños del resto. Tan bello y utópico es nuestro entorno que las esperanzas y los deseos danzan a nuestro alrededor, nos fortalecen, nos hacen grandes.

Una garra de oso, nos hace fuertes.

Nos tomamos de la mano y sonreímos por horas, sin decir nada más que cuanto nos amamos.

Una garra de oso, une nuestros mundos.

Nos damos aliento mutuamente, nos acompañamos, vivimos juntos, soñamos en conjunto. Nuestro mundo es tan nuestro, y tan maravilloso, que no necesitamos de terceros contaminando nuestra pacífica y preciosa realidad.
Las promesas son el combustible de nuestros sueños, y funcionan porque confiamos el uno en el otro. Somos dos pilares que coexisten desde siempre, dos templos gemelos compartiendo cimientos.
Jamás nos faltaremos, jamás nos iremos. Y esto, debido a la razón más sencilla y pura que existe: nos amamos.
¿Cómo pude estar tan ciego? ¿Cómo perdí el norte? ¿Cómo pude omitir por menos de un segundo que su rostro paciente, lloroso y amoroso estuvo a mi lado todo este tiempo? Crecí, y pude ver con mayor claridad… lo que es eterno, nunca acaba. Todo tiene solución, y nosotros somos todo.
Con nuestro amor, cada noche es un festival de las hojas. Cada día es el mejor de todas nuestras vidas.
Su mano suave sobre mi hombro, la felicidad creciente en su rostro de ángel, los crecientes deseos de lanzarse a mis brazos amplios… mutuo es en mi rostro el alivio y goce radiante.
Aún tenemos promesas por cumplir, sueños por completar y fantasías por realizar, más no me preocupo en absoluto; nuestro fulminante e infinito amor garantiza el cumplimiento de todo pendiente. Nuestra fuerza abismal en conjunto no conoce freno.

¿Por qué estoy tan seguro?

Es bastante simple…

Lo prometimos por la garrita.


Y para nosotros, no existe nada más importante.

Los niños, las niñas, las reglas, y el juego más bello

Los niños, las niñas, las reglas, y el juego más bello

Cuando eres pequeño y asistes al jardín de niños, te permiten sentarte con quien gustes para pintar con las manos o dibujar. Es entonces, en el momento en que haces llorar a una chica por meter su cabello en el bote de pintura o tirar del mismo, que se te dice la primera gran regla: “No debes hacerle daño a las niñas”.

Pasa el tiempo, y creces. Ahora puedes correr a grandes velocidades sin caerte por cualquier obstáculo mínimo, y por tal mejoría física te vuelves mucho más activo y vivaz; no hay nada más divertido para ti que darle mal uso a los juegos del parque: como subir la resbaladilla por la parte deslizante, colgarte de piernas en el pasamanos o montar de pie en los columpios… de pronto, mientras te diviertes de lleno en dichas proezas, se acerca una niña a jugar contigo, y accidentalmente terminas golpeándola en un descuido. Ella naturalmente llora y sus padres te regañan mientras tus padres te defienden; resentidos, ambos bandos abandonan el parque. Para estas alturas ella ya ha dejado de llorar hace rato, y logra dedicarte una mirada con la que te hace saber que lamenta haberte metido en problemas, pero ya es tarde. El daño está hecho y como hombre, se debe de tomar responsabilidades. Aquí se te entrega la segunda gran regla: “No juegues con las niñas”.

Entonces: está mal hacerles daño y está mal jugar con ellas. Has aprendido correctamente en base a tus errores, y gracias a ello tienes los conocimientos necesarios para interactuar sin lastimarlas. Eres más sensible y cuidadoso que antes, también más considerado. Ingresas pues a la escuela primaria y te toca compartir asiento con una de ellas. Naturalmente: al ser solo niños, se ponen a platicar o a divagar un poco entre clases. Desgraciadamente, cuando el profesor les riñe, ella hábilmente se saca de la culpa diciendo “pues él me está hablando”; bien, acabas siendo regañado por doble cuenta, y si tienes mala suerte incluso te sacan de la clase y de problemático no te bajan. Ahí mismo, casi por osmosis, terminas aprendiendo la tercera gran regla: “no confíes en las niñas”.

Para la última regla hay que avanzar un poco más en el tiempo, a una época de extraños cambios en tu cuerpo y tu personalidad. Ya lo que has aprendido en el pasado prácticamente se ha anexado a tu instinto para estas alturas. Consideras a las chicas como iguales con privilegios especiales; eres amable, tierno, precavido, desconfiado y por alguna extraña razón, a la que suele conocérsele como “pubertad”: empiezas a estar enteramente interesado en ellas. Siempre te han gustado, sabes que huelen bien y has notado que son más ordenadas e inteligentes… pero nunca has sentido una necesidad tan fuerte de ser acompañado por ellas.

Comienzas a salir con ellas, a tener novias. Vas descubriendo poco a poco lo que significa estar enamorado, y sin importar que tantos años pasen, cuantos noviazgos termines y empieces, o cuantos corazones destroces o te destrocen: te das cuenta de que siempre, siempre, es amor verdadero. Tan es así, que desde los doce años hasta los diecisiete, ya te has enamorado de verdad unas ochocientas veces. Aprendes a lo largo de tus relaciones amorosas millones de reglas esenciales para la vida en pareja, pero la más importante de todas, y la última de las grandes reglas, es: “no puedes vivir sin las niñas”.

Esto es simultaneo, por supuesto. Las niñas también aprenden grandes reglas conviviendo con nosotros, e idéntico a nuestro caso, solo la experiencia les deja entrever las valiosas lecciones enmarcadas en sus vivencias. Mientras nosotros aprendemos “no le hagas daño a las niñas”, ellas aprenden “los niños pueden lastimarnos”, mientras nosotros aprendemos “no juegues con las niñas” ellas aprenden “los niños no tienen cuidado”, mientras nosotros aprendemos “no confíes en las niñas”, ellas aprenden “podemos vencer a los niños”, y mientras nosotros aprendemos “no puedes vivir sin las niñas”, ellas aprenden “no podemos vivir sin los niños”.


Y es entonces, cuando conoces y comprendes las reglas, que te enteras de que estás jugando un juego, y que siempre lo estuviste jugando. Es el juego más antiguo y bello del mundo, uno que nunca se detiene.

Asociación de lectores y escritores (ALE) (30/??)

Nota del autor previa a la lectura de este capítulo:

¿Qué puedo decir de los capítulos especiales? Siempre hay algo que interfiere para evitar que salgan a tiempo, o como el autor los espera. 

Para escribir este capítulo 30, el capítulo del #Aleversario, tuve que escribir en tres diferentes computadoras y un celular pues el cargador de mi laptop murió, me enfermé y escribí más de 30 páginas engripado, en el deplorable editor de Microsoft world online de dropbox, en un teclado pequeño (haciéndole tributo a Alice, claro), enfrentándome a las caídas del internet que me hicieron perder mi progreso un par de ocasiones.

No solo eso, cuando acabé, y estuve listo para subir el capítulo, di una editada completa, y lo colgué en blogger.

Y BLOGGER NO QUISO SUBIRLO. 

Me hizo borrar todo el formato del texto, subirlo sin formato, ir a otra computadora y editarlo OTRA VEZ DESDE CERO, para luego finalmente poder subirlo como debe de ser.

Me comentó Andoni que el nombre "capítulo 30" estaba maldito, y haciéndole caso decidí hacer de este capítulo el capítulo 31... y aún así la maldición ha persistido.

Pero me sobrepuse. Con enfermedad, sin laptop, sin energías y con nada de paciencia, escribí, edité, y reedité 54 páginas de ALE. ¿Por qué? Porque hoy ALE cumple años, y hay que celebrarlo.

Sin más que agregar, disfruten de la lectura.


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En algún edificio de Los Ángeles, en algún departamento, en algún sofá marrón, tienen una charla animada tres vivaces personajes. Tan identificables como queribles, y tan queribles como odiables.

Uno de ellos, a la izquierda, charlaba con aquel encanto sureño que solo un texano de nacimiento podía inmortalizar en un rostro vivaz y relajado. De cabello rubio y ojos verdes adormilados, con una sonrisa contagiosa y plena.

A la derecha, una pelirroja salida de los más profundos deseos carnales de algún solitario escritor adolescente, aportaba con sus comentarios espiritualistas, liberales y extrovertidos para amenizar una charla ya de por si vivaz como fuego nocturno en la playa. De ojos azules, cabello corto hasta la nuca, unas piernas fantásticas, infinitas, dibujadas desde el comienzo de sus shorts deportivos color verde claro, con un curioso tatuaje de un cisne en su brazo derecho desnudo como mayor resalte físico, y con una gigantesca y adorable sonrisa gatuna como sello distintivo. Al igual que al anteriormente descrito, se le podía notar verdaderamente feliz, como si acabase de cumplir su sueño.

¿Qué se podía decir del tercer presente, sentado al centro que no se haya dicho antes? Cabellera negra, oscura como la noche y brillante como su persona misma. Con unos ojos azules hipnotizadores, vivaces, y una sonrisa que da vida a cincuenta bebés alrededor del mundo cada vez que es esbozada. De cuerpo atlético, mentón prominente, y vestir fresco, completaba así el tridente más feliz en la historia, y es que ese día estaban de harta fiesta. Era, después de todo, ¡el aniversario!

― ¡El aniversario! ― Exclamó Zack Mosh, a todo pulmón. ― Sé que por un momento pareció que nuestra historia no continuaría más nunca, pero las benditas fechas especiales nos han traído de vuelta. ¡Podremos retomar la historia, y es que nos hemos quedado en la mejor parte!

― Por fin será contada mi historia ― Susurró Ruth Johnson, incapaz de contener una prófuga lagrimita. ― Tantos años de ser llamada zorra, mal tercio, rompe hogares... por fin, por fin se escuchará lo que tengo que decir.

― Eh, sí, amigos, muy padre todo eso que dicen ustedes ― Intervino el legendario Junior Mc Hannigan, fiel a su estilo relajado. ― Pero, eh... creo que se me pasó darles un detallito muy pequeño.

― Puede esperar, Junior. Por ahora, tenemos que planear bien nuestro tiempo. Creo que deberíamos comenzar de una vez con todas con el misterio de lo ocurrido en Texas. Desde el punto en que descubro que Ellie está embarazada.

― ¡Pero si haces eso, yo no tendré tiempo de narrar lo que vivía en L.A. mientras tú robabas mulas y participabas en torneos de admiradoras! ― Se negó Ruth de inmediato, estaba convencida de que Zack Mosh tuvo suficiente tiempo la atención. ― Quiero que entiendan lo que yo viví días antes de conocerte, que sientan mi dolor.

― Si a esas vamos, ¡EXIJO QUE ME HAGAN UN CUENTO A MÍ, LOS PERSONAJES SECUNDARIOS TAMBIÉN SABEMOS AMAR!

― Tú ya tuviste uno ― Recordó Zack, cruzándose de brazos. ― ¿Como pudiste olvidarlo? Tiene tu nombre, y opacó toda la primera parte.

― ¡ENTONCES ES HORA DE LA SECUELA! ¡JUNIOR 2: LA REVANCHA DEL SHINIGAMI!

― N-no creo que eso tenga mucha conexión con la primera parte, Junior... además, esto es el aniversario de "amo a la vieja". Tenemos que centrarnos en la historia principal.

Tras las crueles palabras de Ruth, Junior buscó apoyo en el rostro de su mejor amigo, pero para su tristeza, su mejor amigo se acostaba con Ruth.

― Lo siento mi hermano, la pelirroja siempre va a tener la razón.

― Maldición ― Refunfuñó el rubio. ― Aún cuando este en realidad no es nuestro aniversario, igual la derrota lastima mi corazón guerrero.

― No te preocupes Junior, estoy seguro que tendrás otras... ― Zack hizo una pausa, arqueando una ceja. ― Espera... ¿qué dijiste?

― Tranquilo mi Zack, no le voy al Santos, yo decía que soy guerrero porque...

― No, no ― Le interrumpió Ruth. ― ¿Dijiste que no es nuestro aniversario?

― Pues no, sonsos ― Negó el rubio, tranquilo. ― Nuestro aniversario es en Diciembre, y estamos en pleno Julio. Este es, de hecho, el aniversario de otra historia muy distinta a la nuestra, y se supone que les hagamos apertura. Ya sabes, somos como invitados especiales... aunque de hecho ya se va a terminar nuestro tiempo y no hemos hablado nada de los celebrados...

― Esto no puede ser... ― Zack se llevó las manos al rostro, mortificado. ― Pasamos de ser los chicos favoritos a ser simples invitados especiales en la celebración de alguien más... que ruin destino... qué triste desenlace el nuestro...

Ruth, comprendiendo el dolor del joven, acarició su cabello con suavidad condescendiente.

― Ya, Zack... no está tan mal... ya tendremos nuestro momento... quizás... ― Suspiró con pesadez, igualmente afectada por la desilusión. ―... ¿Y bien, Junior? ¿A qué historia venimos a celebrar?

― Pues ya se me olvidó, espera déjame busco el papelito y te dig...






ASOCIACIÓN DE LECTORES Y ESCRITORES
¡LA PELÍCULA!

(Excepto que no es una película, solo es un capítulo muy largo. ¡Feliz 4to cumpleaños a Alice y compañía!)




Capítulo 30 Capítulo 31: La noche que nunca existió (segunda parte)

Hasta el momento, el día que nunca existió presentó para los protagonistas de esta historia problemas familiares, grandes sesiones de escritura, tensiones, agradables sorpresas y mucho, mucho drama. Pero apenas estamos comenzando, tanto Claudia como Marco tuvieron igualmente un día único, y solo el desenlace de sus días terminará por poner completo sentido a lo que vivieron los cuatro jóvenes artistas de la clase 201.

Claudia

Contrario al caso de Anthony y Alice, Claudia no tuvo prisas en abandonar el territorio escolar. Desde que Mint la cubrió bajo su ala, esperaba a que dieran las tres o cuatro de la tarde para presentarse sin falta en su puerta.
Los días anteriores, fue a su casa a comer y a avanzar un tanto en sus tareas pendientes para hacer tiempo, pero ese día unas muchachas de la clase le invitaron a tomarse un yogurt con frutas de una heladería cercana, y siendo ella de buen colmillo no se pudo negar.

Salieron juntas del aula, y charlando animadamente sobre ropa, chismes, y las clases en general avanzaron hacia la puerta de la entrada. Claudia no sentía encajar del todo bien en el grupo; ¿qué había de interesante en charlar sobre lo difícil que fue la clase de química cuando acababan de salir de la misma? ¿Por qué ninguna de ellas sacaba un tema más aventurado? Como, algo interesante que leyeron en internet, o sobre…

La escritura.

Bajó la mirada, haciendo un puchero. Para su fortuna, fue sacada de sus pensamientos antes de ser atrapada en el arrepentimiento, cuando una chica corrió hacia ella gritando su nombre, y provocando el detenimiento del grupo entero de amigas con su intercepción.

― ¡Claudia, Claudia! ¡No me lo vas a creer!

― ¿Qué pasa, La Yahaira? ― Preguntó la chica. Cualquier cosa que llegara de la lengua de esa compañerita ya sabía traería problemas e incomodidades.

― Pues te tengo un chismesote tremendo mi Claudia, ¡tremendo! De hecho son dos chismes ― Aseguró, asintiendo; luego, se volvió a mirar al resto de las oyentes, con una tremenda sonrisa dibujada en sus labios carnosos. ― A ustedes igual les va a encantar, chamacas.

― Suéltalo pues, La Yahaira ― Pidió una de las amigas de Claudia, de nombre Tiffany.

― Bueno, bueno, pero no te me alteres, ¿eh? ― Advirtió con mesura la morenaza, con ambas manos extendidas. ― El primer chisme, es que Anthony anda dirigiendo en el cine porno. Dicen que ya tiene como quinientas películas dirigidas y tres actuadas. Y lo más sabroso del tema, ¡es que es en el porno de enanos! De esto me enteré por el primo de un amigo, que conoce a un empresario del cine porno. El otro chisme, que es el bueno: es que Marco y Alice son novios y andan diciendo pestes de ti en todos lados. Dicen que se van juntos todos los días a besuquearse por ahí mientras se ríen de ti.

Escuchar esa última línea, fue como sentir la caída de un trueno en medio de la noche cuando uno no se lo espera. No porque creyera los chismes tontos de La Yahaira acerca de Marco y Alice, sino porque ya había vivido algo similar, no hacía mucho tiempo.

― ¿Y si invitamos a Claudia?
― No, ¿para qué? Quiero estar sola contigo.
― Y yo contigo, pastelito.

Apretujando los labios, Claudia frunció el ceño, encarando a la Yahaira.

― Mentiras.

Sus amigas sorpresivamente se giraron hacia ella. Nunca nadie había cortado los chismes de La Yahaira de raíz tan tajantemente. Todos sabían que en su mayoría eran falsos, pero eran altamente entretenidos para toda la escuela… eran, incluso una tradición. ¿Por qué lastimar a una tradición?

― N-no son mentiras ― Se apresuró a defender la morena, cruzándose de brazos. Para luego desviar la mirada con indignación. ― ¡Que grosería, Claudia! Yo que vengo a avisarte los malos pasos en que andan esos que eran tus amigos, porque estoy de tu lado. Porque te comento que Marco y Alice trataron de envenenar mi mente con chismes falsos, y les dije “Ey, ey, ey, a La Yahaira y a su amiga la Claudia se les respeta”

Pero Claudia volvió a negar con la cabeza.

― En primer lugar: para actuar en el porno de enanos, tienes que ser un enano. Anthony no es un enano. ― Dio un autoritario paso al frente, haciendo retroceder a la muchacha. ― Y en segundo lugar: De Marco no tengo idea, pero Alice es una chica noble, sin malicia en el corazón que jamás, repito, JAMÁS hablaría basura de alguien solo porque está enamorada. Conozco gente que si lo haría y lo ha hecho y gente de quien me lo esperaría, pero Alice nunca estará mezclada en tan bajo grupo de la pirámide social.

La Yahaira se estremeció, retrocediendo al sentirse intimidada por la otra, que era más alta y ciertamente aparentaba ser más fuerte físicamente con su actitud firme. Viéndose amenazada así, optó entonces por cambiar de estrategia. Dejó salir un chillido burlón, y se encogió de hombros.

― Uy, mira como los defiendes, y eso que no son tus amigos ya. ¡Qué repugnante! Seguramente ellos dejaron de hablarte porque algo hiciste y quieres ganarte su perdón.

Pudo escuchar los murmullos discretos de sus amigas a un costado, como si las palabras de La Yahaira comenzaran a hacer sentido. Recordó en ese momento lo mucho que odiaba a las chicas; con sus chismorreos a espalda de los demás, sus conspiraciones y sus falsedades, eran socialmente incapaces de permanecer unidas sin hipocresía, doble moral o conveniencia; ellas no eran, y nunca serían, sus amigas.

Irritada por las provocadoras y venenosas palabras de la morena, Claudia decidió suspirar hondo y avanzar rumbo a la salida con pasos elegantes, diciendo mientras lo hacía las líneas finales y sentenciadoras de aquella absurda discusión.

― Sí, así fue. Hice algo terrible y egoísta. Y seré afortunada si algún día vuelvo a llamar a esa adorable despistada y a ese bonachón simplón mis mejores amigos. ― Giró su cuerpo entero hacia espaldas de la congelada chismosa una vez estuvo adelantada de ella y del grupo de chicas de la clase por un par de metros, sosteniendo una amenazante sonrisa dibujada en su rostro altanero. ― Hasta entonces, deja de esparcir rumores de ellos, o te destrozaré.

Y sin dar tiempo a una respuesta, volvió a girarse con la gracia de una quinceañera en su vals, para marcar su andar indetenible.

No es que a Claudia le interesara, pero a partir de ese momento, el respeto a su persona crecería en la escuela a cantidades incalculables, y por eso mismo también lo haría el odio. Seguramente ganaría poderosas enemigas, pero no le importaba. Estaba lista para afrontar lo que fuera. No necesitaba de nadie para defenderse.

Caminó hacia el estacionamiento con ese andar tranquilo que inauguró antes, y una vez pudo observar la entrada del mismo alcanzó a distinguir a una chica con el uniforme de la escuela yéndose en moto muy abrazada a un tipo que no alcanzó a distinguir.

― Vaya zorra ― Pensó, con la boca abierta, sin frenar su paso. ― Mira que irse en moto con el novio tan descaradamente…

En fin, no era su problema. Cada quien con sus descaros.

Entró al estacionamiento y subió a su auto con la intención de irse a casa, pero en el momento en que embonó la llave en la marcha, llegó a la conclusión de que de hecho se había quedado con ganas de hacer algo fuera de lo común antes de que llegara la hora de reunirse con Leslie. Así fuera irse a comer algo ella sola, la idea de salirse de la rutina tentaba harto sus instintos.

Claudia siempre fue la clase de persona que no se quedaba con las ganas de algo, aún cuando no tenía la idea exacta de lo que quería. Desde primaria, en secundaria e incluso ahora en preparatoria: si veía algún restaurante, una exhibición de arte o fotografía o una película que le llamaba la atención pero a Alice y a Anthony o a Jim y a Nadia no, volvía luego sola para darse el gusto. Era algo de lo que estaba muy orgullosa, consideraba que privarse de algo que realmente quería hacer solo por el desinterés de un tercero era un alto falto de respeto a sí misma.

Aquí el problema era: ¿qué hacer? Claro, tenía las ganas, la determinación y la disposición de salirse del librito, ¿pero cómo?

Decidió aprovechar un poco su reciente… orientación en torno a la literatura, e investigar sobre actividades comunes entre escritores. No es como si ya se sintiera parte de aquel maravilloso círculo de artistas, pero si ya estaba trabajando en su primer cuento, ¿no significaba entonces que al menos podía tener una probada del pastel?

Pero, Mint estaba corriendo en ese momento… ¿quién más podía darle aquella información? La respuesta era obvia: el señor Gambino. Pero había un problema… el señor Gambino, pese a merecer todos los respetos del mundo, era ya un señor de 60ytantos años, y seguramente las actividades de escritores de su generación quedaron atrás junto con el telegrama, el viejo oeste y el Myspace2. Para su fortuna, conocía a otro Gambino un par de décadas más joven, y daba la casualidad que era de momento el segundo escritor más popular del momento, solo detrás de su amigo personal Ten Zero. AsmaX, sin duda era la mejor opción.

Rebuscando en su mochila, sacó su carterita de mano, donde guardaba cuidadosamente la tarjeta donde Arthur amablemente escribió la dirección de Mint para ella en el reverso. La parte frontal, era en realidad una tarjeta personal, con un número de contacto especificado. ¡Bingo!

Tomando su celular del bolsillo entre los pliegues de su uniforme, Claudia tecleó el número en la pantalla, y con nervios crecientes envió la llamada. Suspiró hondo, ¿por qué de pronto estaba tan ansiosa? Claro, estaba llamando a una persona increíblemente ocupada para preguntarle por algo personal y casual... seguramente se molestaría. ¿O no? AsmaX era un sujeto abierto dentro de lo poco que lo había conocido, tal vez se lo tomaría a bien.

Fuese cual fuese el caso, dudaba que respondiera al primer intento. Era, después de todo, una estrella del medio. Seguro tenía cosas más importantes que hacer que…

― ¡Menos mal alguien llamó, me estaba muriendo de aburrimiento! ― Exclamó, atendiendo la llamada apenas al primer timbre. ― ¡Hola, quien quiera que seas!

― ¿E-eh… es este Arthur Gambino? ― Preguntó la chica, solo buscando asegurarse de que no estaba hablando con alguien más.

― Ese es mi nombre, no lo gastes. ¿Qué pasa, eres una admiradora loca que obtuvo mi número en Ebay?

― ¿Q-qué? ― Sacudió la cabeza, extrañada. ― No. No soy eso. De hecho tú me diste tu tarjeta… Claudia, ¿me recuerdas?

― Ah, la chica que me agredió en el centro comercial. ¿No? ¿Cómo estás? Justo vi a Mint corriendo en el parque, y me ha dicho que tu desarrollo va de lujo. Veo que se han hecho buenas amigas.

― Eh… ah… ― No sabía a qué responderle primero; ¿la que lo agredió? ¿Su desarrollo? ¿Buenas amigas? ― Eh… sí… sí a todo, creo… excepto a lo de agredir, tú me atacaste a mí.

― Claro mujer, claro. Perdona por haberme ido a impactar con tu cabezota de toro en plena corrida.

Le fue inevitable no reír por tan hábil contestación. Se encogió de hombros.

― Bien, bien, tù ganas… oye, lamento molestarte hablándote de la nada, pero es que tengo una pregunta para ti.

― Soy todo oídos. ― Replicó el sujeto, sin rodeos de por medio.

― Bueno, quería saber si conocías sobre alguna actividad, o sitio que los escritores suelan frecuentar además del café de tu tío. Ya sabes, algo muy famoso entre ustedes.

―… ¿Algo que los escritores disfruten de hacer además de tomar café mientras enaltecen sus egos con colegas y admiradores y que no sea escribir? Uff, lamento ser quien te diga esto, pequeña mujercilla, pero me temo que te has hecho una idea equivocada de los escritores. Somos criaturas antisociales, retraídas y ocupadas que no tenemos tiempo ni para nuestra familia. Más allá de sus escapes al café de mi abuelo, me parece que nunca más podrás vernos fuera de nuestro hábitat: habitaciones pequeñas con buena iluminación y cero distractores.

Fue como si derramaran una cubeta de agua helada en su cuerpo, dejándola congelada y apagando por completo las llamas de su determinación. ¿Qué se supone que haría entonces?

― E-es muy triste saber eso… yo tenía pensado en conocer el mundo de los escritores un poco más en estas horitas que tengo libres, pero supongo que…

― Espera ― Le interrumpió el sujeto, con brusquedad. ― Debiste empezar por ahí. Ahora mismo estoy demasiado aburrido en las oficinas de la ALE, pues Alan… digo, Ten Zero está en una reunión, aunque no deberìa de tardar en salir. ¿Te gustaría acompañarnos a ambos en una interesantísima investigación de campo? Te daré una pista de lo que haremos: vamos a hacerle una personalidad a un nuevo villano para mi historia.

Las palabras de Arthur fueron ambrosía en los expectantes oídos de la joven. ¡¿Qué mejor chapuzón al mundo literario que vivir en primera fila el método que una leyenda en activo utilizaba para dar vida a sus personajes?! Sin duda, de aceptar: estaría accediendo a una experiencia única.

― ¡Claro que me gustaría! ― Exclamó sin pensárselo ― Dices que estás en las oficinas de la ALE, ¿cierto? Voy para allá.

― Excelente, ¡compañera de aventuras, no te arrepentirás! Te espero en el interior de las oficinas, ya sabes, en la sala esa de espera esa donde la secretaria siempre lo mira feo a uno.
No tenía ni idea de a qué sala de espera se refería, pues nunca había entrado en las oficinas de la ALE con anterioridad, ¿pero qué tan difíciles podían ser de encontrar? Seguramente estarían apenas entrando.

― Nos veremos ahí entonces, hasta en un rato.

Ya con su rumbo esclarecido, Claudia salió del territorio escolar con la emoción creciente desbordándose por su sonrisa. ¿Cómo no iba a estar emocionada? Ya conocía como la gran Mint trabajaba su arte, ¡y ahora tendría la oportunidad de descubrir como AsmaX lo hacía! Podría comparar sus métodos, ver lo bueno y lo malo de cada uno, y llegar a sus propias conclusiones. Aunque le preocupaba un poco el tiempo que podía tomar, pues solo tenía cosa de una hora y media hasta que llegara la hora de visitar a Mint… oh, bueno… tampoco era que tenía un horario obligatorio de asistencia con Leslie, seguro a la chica le daba igual la hora a que se presentara con ella, siempre y cuando no fuese mientras corría o dormía.

Pensando en el tema, y dándole vueltas con la hiperactividad de su mente, Claudia recorrió el tramo hasta los cuarteles principales de la ALE. Tenía ya un tiempo sin visitar ese lugar, la última vez, si la memoria no le fallaba, fue aquella ocasión en que acompañó a Alice en su reunión con Yao Ming, donde actuó como su intérprete y burro de carga.

Mientras caminaba por la explanada de la ALE, se dio un buen bocado de ojo analizando los rostros nerviosos de los muchos escritores novicios, gran cantidad de ellos recibiendo terribles reseñas de los editores en entrenamiento. Había olvidado ya el complicado campo de batalla que resultaba ser seleccionado como posible material de publicación. Que Alice hubiese superado esa etapa, al menos por un paso pequeño como era haber llenado las expectativas de Yao, resultaba un gran logro que separaba a la chica de cientos, y tal vez miles diarios que presentaban ideas sin futuro en un negocio tan competitivo.

― ¡¿QUE NO TENGO LO NECESARIO, DICES?! ― Se escuchó gritar de pronto a sus espaldas, se giró al instante con curiosidad. ― ¡PUES YO TE DIGO QUE TÚ NO TIENES MAMÁ, PETARDO INFELIZ! ¡SOY MÁS ESCRITOR QUE TODA LA BOLA DE IMBÉCILES QUE CONTRATAN! ¡Y TÚ, EL OTRO, TÚ SIGUES TENIENDO CARA DE CHANGO!

― Armando, es la tercera vez que vienes en la semana ― Dijo con cansancio y condescendencia un guardia de seguridad barrigón con notorio fastidio. ― ¿Siquiera te estás esforzando al escribir lo que traes?

― ¡CÁLLATE, WEON! ¡SOY EL GRAN NAKU PARA TI, ¿ME OÍSTE?! ¡Y NI SE TE OCURRA TOCARME INFELIZ QUE APRENDÍ ARTES MARCIALES PARA QUE YA NUNCA MÁS PUEDAS ECHARME!

El guardia tomó al muchacho por el cuello de su playera y lo levantó sin esfuerzo, llevándoselo a paso perezoso, ignorando los forcejeos y lloriqueos del muchacho. Claudia ladeó la mirada, mientras observaba tan curiosa y lamentable escena.

― Así que también hay escritores así… ― Pensó, asintiendo con lentitud. ― Que loco.

Tras atestiguar semejante escena, Claudia se dio la vuelta, y caminó hasta la entrada del edificio principal. No vio a Arthur por ningún lado, y tampoco vio la sala de espera mencionada. Pensó en preguntar a las recepcionistas, pero la fila era considerablemente larga y se les veía bastante ocupadas como para molestarlas con una dirección. Decidió buscar por su cuenta, ¿qué tan difícil podía ser?

La respuesta: bastante difícil.

Caminó por largos pasillos, giró en varias ocasiones, y sin explicación posible aquellos caminos que acababa de recorrer se convertían de pronto en callejones sin salida cuando ella no observaba. Subió escaleras, bajó escaleras, entró a habitaciones extrañas sin gente adentro (había una donde un caballo pastaba tranquilamente… y llegó a la conclusión de que lo mejor era no indagar más en aquel asunto), y tras casi quince minutos de vagar sin idea alguna de su ubicación, llegó una triste realidad a su mente frustrada: estaba perdida.

Cansada, se recargó sobre una pared a un costado de una de las muchas puertas y se fue dejando caer sobre el fresco suelo. No se estaba rindiendo y entregándose a morir a los buitres, solo quería relajarse un poco. Tal vez, con algo de suerte, alguien pasaría por ahí y le ayudaría a encontrar su rumbo.

―… Puedes seguir tu orgullo, y llevar tu movimiento hasta las instancias definitivas tras un largo y tedioso proceso que no hará otra cosa que acrecentar tu orgullo tras la victoria… o puedes tomar la ruta que yo te ofrezco, y ayudarme a mí y al resto de los líderes de las revistas a hacer algo más grande. Algo mejor… algo que ayude a miles de escritores alrededor de todo el país, y no solo a unos cuantos.

―… lo pensaré… esto… sinceramente no esperaba que nuestra charla tomara este rumbo…

Se quedó perpleja. Podía escuchar en levedad lo que se hablaba en la habitación detrás de ella, y una de las voces le resultaba altamente familiar… ¿pero de quién? Curiosa, se irguió lentamente hasta quedar de pie, y giró la perilla de la puerta con cuidado mayoritario, abriendo muy poquito la puerta, para poder espiar en el interior.

― No dejes que pase mucho tiempo, por favor ― Pidió un hombre mayor de cabellos claros con gafas delgadas. Claudia conocía a ese hombre del meeting que tuvo junto con AsmaX y Mint en Gambino´s, era Ten Zero. ― Sería maravilloso tener una respuesta un par de meses antes de los Awards para entregarlo como reporte a los directivos de las revistas y para hacerlo público en la ceremonia misma.

― Sí, entiendo ― Le replicó el otro presente, que a pesar de no entrar en el limitado campo de visión de Claudia resultaba ahora identificable por su voz escuchada en claridad: era Marco. ― Supongo que ya se ha dicho lo que teníamos que decir, al menos por ahora. Si te soy sincero venía solo con la intención de hablar sobre lo que nuestro grupo hacía, pero has dado un giro total a la mesa… ahora tengo mucho que pensar. Como tú, estoy dispuesto a negociar, pero necesito que dejes todo muy claro con tus compañeros mientras yo medito un poco sobre el tema. ¿Te parece bien?

― Por supuesto, mañana viajaré a ciudad Capital y me reuniré con otros líderes y con los presidentes de las revistas para comenzar la planeación de los Awards. Ahí les comentaré de lo que hablamos.

― Entonces, estaremos en contacto en los días venideros. Ya tienes mi número, Ten Zero.

― Y tú el mío, Kopazo.

Claudia sintió como su espalda entera se congelaba. ¿Acababa de escuchar bien, o fue solo su imaginación? No, no podía ser su imaginación. Fuerte y claro, Ten Zero llamó Kopazo a Marco, su compañero de clase, y fiel escudero de Alice.

Por eso sabía tanto de temas referentes a la escritura, por eso ofrecía su ayuda como si fuese mucho más valiosa que la de ella, por eso resultaba un ayudante tan útil: porque Marco no era solo un simple aspirante a la escritura, ¡no! ¡Era uno de los escritores más populares de la ALE!

Claudia se quedó completamente fría, quieta, con la boca abierta a máxima capacidad y la vista perdida en el vacío. Y con esa misma cara de zombi se quedó Marco cuando salió de la habitación y se encontró con Claudia. Sus miradas aterradas se cruzaron una con otra, y se sostuvieron por lo que pudieron haber sido mil años, ambos sorprendidos, asustados e impactados.

― Eh… ― Marco carraspeó, como buscando disimular. ― Buenas tardes Claudia. Veo que esta no es la escuela… que raro. Solo buscaba a la maestra de inglés y acabé aquí por alguna razó…

― ¡ERES KOPAZ…

Marco tomó a la chica del brazo y la arrastró con fuerza y violencia antes de que pudiera continuar. Recorrió un par de pasillos y llegaron a la entrada del edificio. ¿Por qué a él no le aparecieron caminos sin salida, escaleras mágicas o animales de granja? No tenía ni idea.
Salieron del edificio, Marco a paso firme y Claudia dando tumbos. Una vez estuvieron a un costado de la entrada, la chica se fastidió y se liberó el brazo con un tirón. Se llevó las manos a la cintura, y fulminó con la mirada al chico.

― ¡Le mentiste a Alice y a todos nosotros! ¡Tú eres Kopazo, ERES UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES DE LA ALE AHORA MISMO! ¡ERES EL SEGUNDO MEJOR NOVATO DEL AÑO!

― N-no era mi intención mentirle a Alice o a nadie, verás cuando ella se presentó a mí no me dio la oportunidad de explicarle que… ― Se excusó de inmediato, pero luego su postura cambió a otra mucho más incómoda e inconforme, al punto de incluso detener su explicación. ― Oye, ¿a qué te refieres con el segundo mejor novato del año?

― Bueno, ZerG te va ganando en el ranking desde que comenzó, tienes que admitir que…

― Pero es que el año aún no termina, muchas cosas pueden pasar en el ranking, aún no sabemos si...

― Si bueno pero ZerG te lleva la ventaja, tienes que admitir que de momento vas perdiendo y…

― No voy a admitir que voy perdiendo con nadie hasta que sea un hecho, aún puedo hacer algo y yo ya ando trabajando en algo que…

― Sí, pero… ¡¿QUÉ RAYOS HACEMOS?! ― Gritó Claudia, recordando el verdadero punto importante a tratar. ― ¡NO TE DESVÍES DE LO IMPORTANTE!

― Lo siento, ¡lo siento! Es que el tema de ZerG me pone mal, ¡¿bien?! ― Suspiró hondo, buscando retomar el foco. ― De acuerdo… te contaré todo.

Y así, Marco contó a Claudia lo ocurrido desde el momento en que conoció a Alice hasta ese punto. De cómo la chica asumió que era un novato y de cómo él no tuvo la oportunidad de explicarle que estaba equivocada por su adorabilidad, y de cómo cuando se enteró que estarían en la misma clase ya era demasiado tarde para decir la verdad. Al terminar su relato, Marco se mostró verdaderamente afectado por los sucesos recientes y los ya lejanos.

―… y es por eso, que hasta el momento no puedo decirle a Alice que soy Kopazo. Porque si se lo dijera así de golpe me odiaría por mentirle todo este tiempo y seguro hasta me quitaría el amuleto que me ha regalado. He estado buscando una oportunidad de hacerlo pero… no se me ha presentado una donde pueda hacerlo sin quedar como el malo.

― ¡Eso es porque ERES el malo! ― Le señaló, acusadora. ― ¿Es que no tienes pantalones? ¡Vas por ahí abrazándola, enamorándote de ella, pero no puedes decirle quien eres en realidad! No es tan difícil, mira: “Oye Alice, no soy quien dije que era, te mentí como un idiota todos estos meses porque soy un perfecto imbécil. En realidad soy un escritor popular. ¿Qué te puedo decir? ¡Ups!”… ¿sabes qué? tal vez debería llamarle y decirle ya mismo la verdad para que se acabe esta mentira.

― ¡NO, ESO NO! ― Exclamó Marco, arrodillándose ante ella sin pensárselo dos veces. Suplicante, unió sus manos entrelazadas y las extendió a ella, suplicando misericordia. ― Sé que hice mal, sé que nunca debí inmiscuirme en su vida tras mentirle así… ¡pero debes creerme! No lo hubiera hecho si no sintiera que ella es especial, que es mi destino ayudarla y escribir a su lado.

Las palabras de Marco fueron tan fuertes, tan profundas, que Claudia no pudo percatarse de que a un costado de ellos, Anthony entraba al edificio de la ALE sin notarlos por igual. Claudia se llevó ambas manos al pecho, no pudo evitar emocionarse al escuchar eso.

― En… ¿en serio te gusta tanto? ― Preguntó, quería asegurarse de que el chico estaba completamente convencido de lo que decía. ― ¿Te das cuenta de que Alice es rara? ¿Qué estás enamorándote de una persona con las mismas capacidades románticas que una esponja?… y no precisamente una esponja marina, ¿eh?

― L-lo sé bien, ¿de acuerdo? ― Desvió la mirada al suelo y bajó las manos, sintiéndose algo dolido por ese tema. ― C-cuando le doy indirectas de que siento algo por ella, no capta, y hasta me llama amigo sin parar… ¿sabes cuánto duele ser llamado amigo luego de decirle a alguien “me encanta pasar el tiempo contigo”?

― ¿Qué si lo sé? ― Rió, cruzándose de brazos. ― Niño, soy EXPERTA en la materia. A mí me llamaban amiga antes de que aprendieras a hablar.

― Bueno… entonces sabes que duele… y aún así, sigo ahí… ― Suspiró, rascándose la cabeza con lentitud frustrante. ― Escucha… nunca pedí ser visto como un héroe…

― Nadie te ve como un héroe. ― Aseguró Claudia, interrumpiéndolo.

― ¡LO SÉ, DÉJAME TERMINAR, MALDICIÓN! ― Pidió, notoriamente dolido por ese comentario. ― Te decía: nunca pedí ser visto como un héroe, y nunca seré visto así… soy imperfecto, conflictivo, problemático… siempre hago las cosas del modo menos ortodoxo y más problemático posible… pero te puedo asegurar que nunca me rindo en lo que me interesa de verdad… y Alice… bueno, Alice me interesa mucho.

Hasta ese momento, Marco era para Claudia un entrometido, desagradable, prepotente y pretencioso idiota que andaba tras los huesos de su más querida amiga… pero, tras escuchar sus palabras, su forma de pensar, y el modo en que aceptaba la forma de ser de Alice, sin idealizarla como una especie de chica de sus sueños que nada tenía que ver con la realidad, y más bien haciéndola la chica de sus sueños tal cual era, Marco ya no era todas esas cosas… ahora era solo un idiota.

― Levántate, Marco ― Pidió Claudia, esbozando una ligera sonrisa. ― No pienso decirle a nadie tu identidad.

― ¿E-en serio? ― Preguntó el chico, esperanzado mientras se levantaba. ― ¿A nadie?

― A nadie, lo prometo. ― Aseguró, encogiéndose de hombros. ― Tal vez seas un tonto, pero, nunca otro tonto había hablado así de Alice antes… muchos se han interesado en ella pero se rindieron antes de la primera semana, algunos antes de la primera hora… tú, en cambio… en fin, tienes pocas oportunidades pues le has mentido horriblemente. Pero no pienso quitarte la oportunidad de elegir el momento en que le dirás la verdad.

― ¡Gracias, Claudia! ¡GRACIAS! ― Exclamó el muchacho, suspirando hondo de alivio. Se podía notar como el stress abandonaba su cuerpo. ― Ufff, que susto. Creo que perdí cuatro años de vida recién.

Claudia rió, poniendo los ojos en blanco.

― Eres un exagerado ridículo. ¡Vaya tonto!

― Tal vez… pero, al menos yo no me separo de gente a la que amo pretendiendo que ya no me importan.

La espina de Claudia tembló por tal contestación, y Marco al notar el efecto de sus palabras, decidió continuar, dejando el tono suplicante de lado para hablar con burlona arrogancia.

― ¿Creíste que no notaría que Alice aún te importa muchísimo tras mostrarte tan interesada por ella recién? ― Arqueó una ceja, y sonrió con malicia pícara. ― Ya sé, la sorpresa de que yo fuera Kopazo te hizo salirte del papel de chica mala por un instante, pues pensaste que tu querida amiga podía correr peligro en algún modo.

― Y-yo no te debo explicaciones. ― La chica se dio la vuelta, cruzándose de brazos. ― C-como sea… Alice y yo ya no somos amigas… e-eso fue solo curiosidad del momento. Ni me va ni me viene si anda contigo, o si se encuentra bien o mal.

Hubo un pequeño espacio de silencio, que Marco llenó con una leve risita, previa a su réplica inminente. Escucharlo tan altanero solo la irritaba aún más. Con el calor del momento se dejó llevar, soltando su lengua ante alguien que evidentemente era buen mentiroso y que no era para nada ingenuo o torpe pese a su aparente personalidad ligera.

― Claudia… estoy seguro que Alice va a aceptarte con una gran sonrisa una vez termines con lo que sea que estés haciendo ahora mismo… ella te ama tanto como tú la amas a ella. Así que tranquila… ustedes volverán a ser las mejores amigas.

Los ojos de la chica irremediablemente se humedecieron casi al instante. Esas palabras derribaron sus, hasta el momento, altas defensas como si fuesen paredes falsas. ¿Cómo podía controlarse al escuchar tal cosa? Se llevó su mano derecha a la boca, buscando ahogar un sollozo, mientras pensaba en una respuesta rápida con una mente que poco a poco se dejaba abrumar por el sentimiento.

― E-eso no me importa… y…además n-no es cierto. ¿Por qué me perdonaría luego de lo que he hecho? Fui cruel… fui egoísta y tonta.

― Incluso la gente de la que se espera perfección tiene derecho a tener momentos de imperfección. Lo sabré yo, un dios del Olimpo perdido en la tierra.

¿Cómo fue que llegaron a esa situación? Hace no mucho era Marco quien estaba arrodillado ante ella pidiendo piedad, ¿por qué de pronto era ella el objeto de la atención, y bajo qué autoridad se atrevía aquel desgraciado a buscar reconfortarla? Todo estaba mal. Quería insultarlo, quería confrontarlo y decirle que no sabía nada… pero incluso cuando le irritaba tanto, resultaban sus palabras un alivio consolante para ella. Una pequeña luz a la distancia… una esperanza. Con todo y sus bromas idiotas, estaba agradecida de recibir un poco de apoyo, aún si era solo una posibilidad a futuro dicha sin certeza por un completo tonto.

― ¿Qué es eso tan cursi y egolatra a la vez? Idiota ― Claudia negó con la cabeza, apegándose a su papel aunque no engañaba a nadie ahí presente, ni a Marco, que ya la había descubierto, ni a ella misma. ― No te las quieras dar de poeta cuando no puedes ni salir de la friendzone.

― Tengo el don de la palabra. ¿Qué te puedo decir? ― Bufó él. Llevándose las manos a los bolsillos. ― Escucha, conmigo puedes fingir que Alice no te importa todo lo que quieras. Pero los dos sabemos la realidad. No necesito que me confieses lo que ocurre, estoy seguro de que en algún momento si se lo dices a alguien será a Alice… pero, por favor… no empeores las cosas como aquel día en que solo le hablaste para reafirmar tu decisión. Eso fue poner el dedo en la herida, y no estuvo bien. La destrozaste.


Claudia asintió lentamente, fue apenas visible. Permaneció con la mirada gacha, incapaz de darse la vuelta hacia él; no podía volverse mientras lloraba, no podía mostrarse vulnerable. Incluso si él había descubierto ya su situación y sus debilidades, no se mostraría llorando ante él ni ante nadie.

―… Ella estará bien ― Aseguró, temblorosa. ― Le tomará tiempo… pero Alice es la clase de persona que supera lo que sea.

― Creeré en ti entonces.

Esa respuesta permitía el final de la conversación, y Claudia tomó la oportunidad dando un paso al frente, y luego dio otro más. Inició así el ritmo de su andar, alejándose del muchacho.

― Esto nunca ocurrió, ¿eh? ― Dijo con una voz descompuesta al borde del quiebre.

― ¡Estoy bien con eso! ― Replicó el chico, en tono alto para que ella pudiese escucharle mientras se perdía entre la multitud dispersa de la explanada.

En ese momento, Claudia no podía pensar en otra cosa que no fuera alejarse. Había olvidado completamente su compromiso con AsmaX, su mente estaba enfocada en refugiarse, en tomarse un buen rato para sacar a Alice de su mente y así volver a concentrarse en su tarea actual: hacerse escuchar, y salir adelante.

Mientras andaba apresurada y abrumada, se topó de frente con alguien. Pero no fue como aquella vez con Arthur, que iba corriendo como loca. Esta vez el impacto fue leve y controlable para ambas partes.

― P-perdona ― Se disculpó ella, y trató de recular su rumbo, para seguir avanzando. Pero la persona con quien se topó la tomó por los hombros.

― ¿Claudia? ¿Estás llorando? Dios, ¿qué pasó? No me digas que Arthur fue malo contigo, porque si es así…

Levantando la vista, se encontró con el rostro más grato con el que pudo encontrarse en ese momento: Leslie, le observaba con angustiante confusión. Sin decir mucho, Claudia la abrazó con fuerza buscando confort con desespero. Leslie correspondió el gesto de inmediato.

― No es nada ― Aseguró la pelinegra, cerrando los ojos, haciendo así caer un par de lágrimas por sus mejillas. ― Es solo… ya sabes, soy una niña tonta. De hecho aún no me topo con AsmaX, no pude encontrarlo porque ese edificio es un maldito laberinto.

― ¿Eh? Ya veo… aunque no parece que sea nada lo que tienes…

Se separó de su amiga, limpiándose los ojos con la parte posterior de su mano. Le sonrió entonces, buscando tranquilizarla.

― Solo fue un ataque de sentimiento, es solo que… un momento ― Arqueó entonces una ceja. ― ¿Y tú qué haces aquí?

― Lo mismo que tú, Arthur me llamó y me dijo que necesitaba otra compañera de equipo. No sé de qué hablaba, pero como me dijo que tú estarías aquí decidí venir.

Ambas se observaron con compartida curiosidad y desentendimiento. ¿A qué se podía referir con “compañera de equipo”?

― ¿Deberíamos de ir a buscarlo, entonces? ― Preguntó entonces Claudia, ya un poco más tranquila. ― Ya me siento mejor, y creo que aquel idiota ya se fue.

― ¡¿Idiota?! ― Leslie de inmediato se giró en la dirección de donde Claudia venía andando, alerta. ― No me digas que ese andaba por aquí…

― No, no ― Se apresuró a negar. ― Ese idiota no. Otro idiota.

― ¿Pues cuantos idiotas tienes? ― Leslie le guiñó el ojo, juguetona. ― Luego te van a tachar de ser una cualquiera.

Negó con la cabeza de inmediato, nuevamente apresurándose a responder.

― No es esa clase de idiota. Verás, este idiota resultó ser…

― ¿QUÉ PARTE DE “EN LA SALA DE ESPERA” NO ENTIENDEN USTEDES?

Las dos muchachas se giraron a un costado. Hacia ellas, se acercaban un enfurecido Arthur acompañado de un amigable Alan. Una vez este estuvo delante de ambas, no se tomó ni un instante para seguir con su regaño.

― ¡DIJE SALA DE ESPERA, NO PUNTO ALEATORIO DE LA EXPLANADA!

― Ya, ya, Arthur ― Pidió Alan, con calma. ― Seguro algo les surgió y por eso se quedaron aquí. Buenas tardes, señoritas… eh, me parece que a ti no te conozco.

El hombre observaba a Claudia con una amable sonrisa, y casi de forma inmediata estrechó su mano hacia ella. Claudia correspondió tanto la sonrisa como el apretón de manos con agrado, él parecía ser una muy buena persona.

― Soy Alan, Ten Zero en la ALE ― Se presentó. ― Mucho gusto.

― Soy Claudia, la Claudis en el barrio. ― Sonrojándose de inmediato por su tontería, trató de reparar de inmediato lo dicho. ― P-perdone por la broma, pero no soy escritora.

― Aún no, al menos ― Se apresuró a apuntar Leslie, tomándola por el hombro con camaradería. ― Y ya que se han hecho las presentaciones… ¿nos van a explicar qué haremos? Soy una chica ocupada, señores.

― Oh vamos Leslie, no seas aguafiestas ― Le achacó Arthur, cruzándose de brazos. ― Hoy va a ser un día épico para nosotros. Está escrito en las estrellas.

¿En las estrellas? A Claudia le brillaron los ojos, ¿tan especial sería lo que harían? Comenzaba a emocionarse. ¿Qué métodos intelectuales de creatividad presenciaría con sus ojos de aficionada a la lectura Y a la escritura?

― No pongan sus expectativas muy altas ― Advirtió sin embargo Alan, encogiéndose de hombros con pesadumbre. ― No será tan bueno como él dice. Nunca es tan bueno como él dice.

― Y es por esa actitud negativa ― Señaló AsmaX acusador a su amigo. ― Que Claudia va a ser hoy líder rojo, y tú vas a ser rojo llorón.

― ¡Genial! ― Exclamó Claudia, apretando su puño con emoción. ― No entiendo por qué necesitamos nombres en código si vamos a ayudarte a crear un personaje… pero, siempre quise ser el Ranger rojo, y mi hermano nunca me dejaba.

― En realidad, creo que sí son necesarios los códigos. ― Comentó Mint, llevándose las manos a la cintura. ― ¿Nunca has escuchado los rumores? ¿Esos que hay en internet sobre los… métodos de AsmaX? También es mi primera vez uniéndome, pero he leído cosas… cosas horribles.

Claudia negó con la cabeza, observando a sus acompañantes con confusión. ¿Es que, aquella reunión intelectual y cultural al calor de una buena taza de té no sería tan refinada y ortodoxa como ella imaginaba?

― Oh chico, esto se va a poner bueno ― Bufó Alan, conteniendo la risa hasta el punto de cubrir su boca con ambas manos. ― S-solo espera, solo espera un poco más y verás lo que está por pasar.

― Solo tratas de asustarla porque estás celoso de no ser rojo líder ― Diciendo esto, Arthur Gambino dio una sonora palmada, enérgico. ― Muy bien, señoritas, y Mint, ¡al centro comercial Altavista mall!

Y con esas palabras, el grupo partió apenas se pusieron de acuerdo con el transporte. En un inicio, Claudia pretendía irse por separado, pero Arthur insistió en que sería más divertido si viajaban todos juntos, así que acordaron viajar en la gigantesca camioneta de Ten Zero, y regresarla de vuelta al estacionamiento de la ALE una vez terminaran con la actividad.

Nunca, ni en la más bizarra de sus fantasías, Claudia llegó a imaginarse compartiendo automóvil con los tres escritores más grandes de las tres revistas más grandes. Es que, los sueños no daban el ancho para pintar semejante escenario, estaba convencida de que existían miles de personas aficionadas a la lectura que matarían por una oportunidad así.

Pero, ¿cómo podía aprovechar semejante ocasión? Sabía que como lectora y aficionada escritora tenía la obligación de preguntarles el secreto de su éxito, la clave de su constancia, sus motivaciones… tantos posibles temas por descubrir y utilizar a su favor en sus manos… era sencillamente una oportunidad de una vez en la vida.

Por desgracia no les preguntó nada, porque los más grandes escritores de la actualidad no pararon de pelear por la estación de radio que debía sintonizarse. Como tres niños.

Pese a no haber conseguido aprender mucho de ellos más allá de sus gustos musicales durante el viaje de ida, Claudia se mantuvo positiva. Ya en el centro comercial, pasaría gran cantidad de tiempo a su lado, y podría observar su comportamiento en silencio, como uno de esos tipos de animal planet. Podría apreciar detalles de su personalidad, y si tenía algo de suerte, tal vez hasta podía aprender de ellos como artistas.

― Bien soldados, han luchado bien hasta el momento. Pero ahora ha llegado la hora de definir si son hombres, o son niños.

― Pero yo ya elegí ser niña, señor ― Apuntó Leslie, alzando la mano con burlona indiferencia.

― Leslie… ― Arthur se volvió hacia ella, impaciente. ― ¿Puedes? ¿Al menos puedes tratar? ¿Sí? ¡Por favor!

La chica puso los ojos en blanco, y cruzándose de brazos acabó por asentir de mala gana.

― Bien ― Carraspeó, antes de continuar. ― Como les decía, vamos a dividirnos en dos equipos. Cada equipo va a tener una cámara de alta definición. ¿Qué van a hacer con ella? Es obvio, ¿no? Van a grabarse abrazando niños. Tomarán turnos, cada uno debe abrazar un total de 50 niños.

― ¿Cómo va a ser eso obvio? ― Preguntó Alan, arqueando una ceja. ― Más importante que eso, ¿estás loco? ¿Cómo vamos a abrazar niños así como así?

― Yo pienso en todo TenCeroalaizquierda. Sé que abrazar niños no es tan sencillo como lo era hace unos años. Ahora los padres piensan que todo extraño que abraza a sus hijos es un pedófilo. Por eso…

Dejó caer de sus hombros un morral militar bastante viejo sobre el suelo.

― Comenzaba a preguntarme cuando hablarías de eso que llevabas ahí ― Confesó Ten, suspirando bajo. Se podía notar cuan acostumbrado estaba. ― ¿Y bien, qué es eso?

― ¡Trajes de payaso! ― Exclamó, mientras sacaba el cierre y dejaba salir varias pelucas y trajes horrendos y parchados de vivos colores. ― ¡Seremos repartidores de felicidad! ¿Sencillo y brillante, no?

― Si un payaso llega y abraza a un niño supongo que no hay problema ― Admitió Leslie, encogiéndose de hombros. ― Digo, más allá de que podemos traumarlos de por vida…

― ¡Eso será problema de papá, mamá y el señor psicólogo! ― Arthur tomó uno de los trajes y se lo lanzó a la chica. ― Para entonces, yo ya tendré las tomas que busco, y sabré si mi villano payaso debe ser hombre o mujer. Y podré hacerme una idea para su doble personalidad.

Todos intercambiaban diálogos con naturalidad, como si estuviesen teniendo una charla común y corriente. Claudia, perpleja, aún parpadeaba con entera confusión. ¿Por qué era la única que parecía encontrar algo erróneo con esa situación? ¿Era la única que notaba una anomalía en un escenario donde había cuatro personas vistiéndose de payasos en medio de un centro comercial para abrazar niños mientras se grababan haciéndolo?

¿Dónde estaba la reunión intelectual con lluvia de ideas? ¿Dónde estaba su taza de té de porcelana china con finas y exóticas hierbas aromáticas? ¿Dónde estaban los tres más grandes escritores del mundo compartiendo y comparando sus inmensos conocimientos? ¡¿Por qué en lugar de experimentar una fantástica experiencia literaria, se encontraba viendo boquiabierta como tres personas mayores que ella se vestían de payasos?!

― Conozco esa mirada ― Susurró a su costado Arthur. Claudia se sobresaltó, saliendo de golpe de su pesimismo. No se había fijado en qué momento el sujeto se había movido hasta quedar a su lado. ― Es la mirada de la confusión y la desilusión… tú esperabas algo más.

¿Sería muy presuntuoso de su parte admitirlo de primera? Era una entera verdad, ¿pero no era una grosería decirlo sin rodeos cuando era ella una invitada especial? Incapaz de saber cómo responder, negó con la cabeza.

― Es solo que… ustedes son AsmaX, Ten Zero y Mint. No me lo tomes a mal, pero tú y Alan ya tienen más de treinta años… ¿por qué entonces hacen esta clase de cosas?
Arthur rió con suavidad. Como si le hubiera dado ternura la ocurrencia de la pobre ignorante. ¡¿Por qué le hacía sentir como si fuese ella la confundida?!

― Ustedes los jóvenes necesitan relajarse de vez en cuando. Quieren crecer con tanta urgencia, que se olvida que la vida no termina cuando llegas a la edad adulta. A los treinta, a los cuarenta, a los cincuenta… no importa la edad que tengas, siempre podrás correr y saltar como un niño, siempre podrás divertirte, y siempre podrás hacer lo que te gusta… porque, el corazón no se arruga.

Al terminar de hablar, el hombre se colocó su nariz de payaso, y le guiñó el ojo, ofreciéndole así el traje que a ella le correspondía. Aún saboreando las sabias palabras del mayor, observó entonces al pintoresco grupo que acompañaba. Eran mayores que ella, sí. Parecían no tener vergüenza, también. Pero, a diferencia de ella, ellos parecían dispuestos a experimentar experiencias únicas por más bizarras que estas pudiesen resultar. Y tal vez, solo tal vez, esa clase de detalles eran los que los definían como los artistas fantásticos que eran. Porque, uno no puede crear, sin antes vivir… ¿cierto?
Y así, como inspirada por sus admirables senpais, Claudia se puso ese traje de payaso, esa peluca, y esa nariz. Estaba lista para vivir y presenciar en primera fila algo desconocido.

Tal cual Arthur señaló antes, se dividieron por grupos. Claudia, la líder del pelotón A, tomó el área Oeste del centro comercial junto con su subordinado Alan. Mientras que el lado Este fue cubierto por Leslie y Arthur mismo. Cada grupo cargaba consigo una lujosa cámara de video de modelo reciente, y cuando Claudia comentó al respecto, Alan le explicó que AsmaX solía hacer esta clase de actividades con regularidad para crear sus personajes e inspirarse para escribir, así que gustaba de invertir en el mejor material electrónico para tener registro de sus prácticas de campo.

― Sé que suena extraño, y más aún viniendo de un sujeto de su edad ― Le explicó Alan, con su tranquilidad habitual. ― Pero ten en cuenta que el hombre ganó una medalla Zafiro. Algo debe estar haciendo bien.

Había que apuntar, que la medalla Zafiro es el galardón más anhelado por todos los escritores del mundo. La ceremonia de celebración y la entrega del premio era algo que solo ocurría una vez cada diez años, y recibirla acreditaba a su ganador como el mejor escritor de la década ante los críticos y directivos de todas las revistas del mundo. La medalla Zafiro que AsmaX ganó, se la disputó justamente con Ten Zero ocho años atrás, de ahí que Claudia encontrara extraño que Alan fuese capaz de hablar del tema con tanta naturalidad. ¿Es que, no le dolía en absoluto haber perdido un premio tan importante? ¿O es que simplemente sabía alegrarse por un amigo, ignorando por completo sus deseos y orgullo egoístas?

Claudia tenía curiosidad, deseaba saber. Pero no se atrevió a preguntar.

Tras tener problemas encontrando niños, Alan y Claudia finalmente pudieron dar por iniciada la dinámica. Tímida, la chica pedía permiso a los niños antes de abrazarlos, y antes de eso pedía permiso también a sus padres. Ten, por otro lado, se apegó más a las instrucciones iniciales de Arthur, y se dedicó a abrazar chamacos sin permiso, eso sí, rebajando la tensión que esto pudiese generar actuando como un payaso loco.

― También se vale improvisar, ¿eh? ― Recordó el hombre, entre pausas. ― Prueba inventar nuevas personalidades, juega, ¡crea!

En un inicio consideraba que lo que hacían era vergonzoso, pero, ¿quién la reconocería vistiendo así? Podía ser quien quiera que pudiese apetecerle ser, y nadie le detendría. Así, inventó que era Botones, la payasita huérfana que vendía abrazos al precio de un abrazo. Una elección bastante extraña, pero funcionaba para ella, y para los niños, que no parecían estar tan asustados de ella como parecían estarlo del payaso loco que Rojo llorón interpretaba.

― Ven aquí, amigo, abrázame ― Ordenó Alan a un pequeño gordito de ojos adormilados. El niño tenía un aspecto completamente adorable, y sin embargo se mantenía cauto y no permitía que el escritor se acercara a él. ― Anda, dame un buen abrazo.

― Ño. ― Respondió el pequeñín, moviendo su rostro cachetón en negación. ― Achepto abrachos de la payashita, no de ti.

Claudia rió con disimulo, claramente era la payasa favorita del lugar. Alan, negándose a aceptar eso, trató de razonar y negociar con el pequeño.

― Por desgracia a la “payashita” le toca grabar mientras yo abrazo a un niño, ¿por qué no le das un poco de amor a este pobre payaso que también tiene mucho amor para dar? O algo así.

― Qué repugnante ― Espetó el chiquillo, cruzándose de brazos con notoria desilusión. ― Debería darte vergüenzha.

Con el parpado temblándole como evidencia de su creciente impaciencia, Ten Zero hizo algo que Claudia nunca imaginó a Ten Zero haciendo: se abalanzó sobre el mocoso, y lo abrazó a la fuerza, para luego levantarse y echar a correr mientras gritaba “¡ahí vienen los papás, vámonos, vámonos!”.
Entre risas, una vez se sintieron fuera de peligro, Alan y Claudia caminaban charlando animadamente sobre su experiencia recién vivida. La chica, mientras hacían esto, revisaba las numerosas escenas grabadas que lograron recopilar. Realmente habían conseguido un gran número de abrazos, y le costaba aguantar la risa viendo cada uno de ellos.

― En un inicio estaba un poco decepcionada ― Admitió la chica, entusiasmada. ― Pero, creo que ahora puedo ver lo que Arthur aprecia tanto en esta clase de actividades… es algo que… ¡que te hace sentir vivo! ¡Experimentas cosas nuevas, ya sea solo o con amigos! La sola experiencia vale la pena, y él además va a sacar un personaje de todo esto… es… es admirable.

― Ciertamente lo es ― Coincidió el mayor, acomodándose las gafas en el rostro. ― Arthur podrá ser un loco de remate, pero nadie puede discutir que es un artista con todas las de la ley, con todo y sus excentricidades. Sé que me quejo mucho de acompañarlo en estas cosas… pero incluso yo he aprendido a disfrutarlas con el paso de los años. Incluso cuando algo no sale bien.

― ¿Cuándo algo no sale bien? ― Preguntó Claudia entonces, curiosa. ― ¿Ha habido experimentos fallidos o algo así?

Alan negó, sonriente.

― Hablo más de todas las veces que nos han…

― ¡Deténganse de inmediato, están bajo arresto! ― Les interrumpió una autoritaria voz femenina a sus espaldas.

― Sí, justamente de eso hablaba. Espera, ¿qué?

Ambos se giraron con completa sorpresa en dirección a aquella voz, y ya un par de oficiales se encontraban delante suyo para empujarlos contra la pared más cercana y esposarlos. Claudia ni siquiera tuvo tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo, todo ocurrió tan rápido que de un instante a otro, pasó de satisfecha novata agradecida, a una criminal.

― Recibimos múltiples reportes de cuatro vándalos que se hacían pasar por payasos para abrazar niños. ― Explicó entonces la oficial, que aparentaba ser la comandante del grupo policial que los capturó. ― Serán llevados a la comisaría de la ciudad, donde serán juzgados.

― E-eh, c-creo que se equivoca doña ― Trató de interceder por ella misma Claudia, buscando encontrar una forma razonable de justificar su accionar. ― Nosotros no somos gente pervertida que va por ahí abrazando niños sin razón… ¡s-somos escritores!

― ¡¿DOÑA?! ― Gritó la mujer al instante, ignorando por completo el resto de la oración solo por su desatino. ― Mocosa arrogante, ¡soy aún una señorita, aunque te cueste más pronunciarlo!

― ¿S-señorita? ― Preguntó Claudia, echando un vistazo a la rechoncha mujer, daba un cierto y distinguido look a la finísima doña Clotilde, de la vecindad del Chavo. ― Eh… p-pero claro que es usted una señorita, ¡cómo no lo vi! Eh… es admirable… ya sabe, ser señorita a su edad. La admiro mucho.

― ¿QUÉ INSINUAS, DESGRACIADA? ¿ACABAS DE LLAMARME VIEJA? ― La oficial caminó a ritmo amenazante hacia la desafortunada chiquilla, que se podía notar encogiéndose en dirección a Alan, como esperando que este saltase a defenderla. ― Veo que tenemos una revoltosa buscapleitos por aquí…

― N-no sea así por favor seño…señorita. ― Suplicó Claudia, con los ojos llorosos. ― E-estoy asustada, y cuando ando nerviosa digo cosas que solo me dejan peor posicionada.

Justo preparaba la oficial su respuesta (seguramente una no muy amigable, tomando en cuenta el patrón de la conversación hasta el momento), cuando algo se le fue notificado a la oficial en su radio, y por esto se acabó por alejar de ambos convictos.

― No te preocupes ― Buscó tranquilizarle Alan, con temple. ― Nos van a llevar a la estación, nos van a dar la oportunidad de explicarnos, se resolverá el malentendido y nos dejarán ir tras pagar una fianza por causar desorden en zonas públicas.

Claudia se volvió con sorpresa hacia el hombre, se le notaba a leguas su experiencia en escenarios de esta índole; ¡¿sería acaso todo fruto de una larga amistad con Arthur?! Bueno, realmente no importaba. Si él estaba tan tranquilo y relajado, ella no tenía por qué temer. Estaba, después de todo, acompañada de un escritor de fama mundial, y mejor aún: libres, y de su lado, estaban otro par de escritores de gran prestigio que sin duda los rescatarían de inmediato.

― ¡Ah, hola chicos! ― Saludó Arthur, fresco y casual. ― Veo que también los agarró la ley con las manos en la masa.

Girándose, a Claudia casi se le cae la quijada al ver como cuatro policías guiaban en dirección a ellos a Leslie y a Arthur, esposados y despojados de sus pelucas y narices de payaso. Leslie parecía estar tan aterrada como ella, mientras que para el otro esto parecía un divertido día de campo.

― No te preocupes ― Buscó nuevamente tranquilizar su pobre corazón de pollo el buen Ten. ― Aunque también los hayan arrestado a ellos igual la historia sigue siendo la misma, solo explicaremos el malentendido, pagaremos la fianza y nos iremos sin necesidad de tocar una celda. Obviamente, tú no vas a pagar nada, eres nuestra invitada después de todo, yo y Arthur pagaremos.

― Ah, hablando de eso ― Comentó Arthur, socarrón. ― Me olvidé la cartera en el otro pantalón, así que vas a tener que pagar mi parte.

― Y la mía ― Intervino Mint. ― Después de todo, acababa de vestirme cuando me llamaron y no tuve tiempo de tomar nada.

A Claudia se le heló el cuerpo entero, la cantidad de fianzas a pagar se duplicaron de un momento a otro. Su situación se veía peor a cada momento.

― Que remedio ― Alan se encogió de hombros, soltando un suspiro. ― Tengo bastante dinero en mi billetera para pagar lo de todos. No se preocu…

Pero no completó su oración, y Claudia comprendió el motivo apenas dirigió la vista en la misma dirección que el mayor: a cosa de diez metros, el niñito rechoncho de hace rato se burlaba de ellos a la distancia, agitando en su mano una gruesa billetera de cuero negro.

― ¡ESE GORDITO SE ROBÓ MI BILLETERA! ¡ALGUIEN DETENGALO, ALGUIEN!

Entonces, luego de haber sido arrestados, registrados, y montados en una patrulla para ser llevados a la comisaría, donde los juzgarían y los encerrarían por desorden, y donde no podrían pagar la fianza porque un niño rechoncho les había robado una cantidad cercana a cinco mil dólares, Claudia finalmente recibió el permiso de preocuparse.

Pero incluso cuando no pudo salir peor, no estuvo tan mal. Claro, Claudia y Leslie la pasaron mal en su celda en un inicio, viéndose rodeadas de borrachas y problemáticas buscapleitos, pero apenas llegó la Kenia, y esta juró protegerlas con su vida por haberle compartido de sus pañuelitos de papel extra suaves, fue una experiencia de hecho bastante entretenida. Y es que, la cárcel en sí era una experiencia única por igual.

Cuando se le dio la oportunidad de realizar una llamada, Claudia llamó de inmediato al señor Gambino. Este dejó todo lo que estaba haciendo para ir a sacarlos. Incluso mencionó, ya cuando los llevaba a todos en el asiento trasero de su auto como si de un grupo de niños problemáticos se tratara, que dejó abierta la puerta frontal de su casa por la prisa que llevaba.

― Lamentamos las molestias, señor Gambino ― Se disculpó Claudia, avergonzada.

― No te disculpes, Claudia ― Dijo de inmediato el anciano, con una risilla leve consiguiente. ― ¿Quién crees que le enseñó a Arthur de los experimentos sociales?

La chica se giró entonces a Arthur con la boca abierta buscando corroborar lo recién establecido, y este simplemente le asintió, dándole así toda la razón al veterano.

Llevaron a Claudia a recoger su auto a las oficinas de la ALE, y despidiéndose de todos con una sonrisa, se dedicó a dar un recuento final a lo vivido aquel día mientras subía en su vehículo y emprendía marcha. Ya el sol se había ocultado rato atrás, y seguramente estaría en problemas al llegar a casa por la hora inapropiada.

Ese día, descubrió que la gente guarda secretos incluso de aquellos a quien se quiere mucho. Lloró de nostalgia apenas se le habló de la posibilidad de volver a los días más bellos de su existir. Comprendió que las mentes más brillantes se guiaban por el corazón, y finalmente: descubrió que las personas son sorprendentes, y que nunca dejarían de sorprenderla. Todos sus descubrimientos, derivados de la simple y muy acertada decisión de no irse a casa al acabar las clases.

Para desenlazar semejantes resultados, solo fue necesario descubrir la identidad secreta de Marco, y soportar que este la hiciera llorar luego, vestirse de payaso con un grupo de escritores de elite para abrazar niños, y ser arrestados por eso no mucho rato después y pasar tres horas en una sucia celda con ebrias y conflictivas pandilleras. Todo esto, mientras observaba el panorama con positivismo, con la vista en alto.

Sí, en resumen fue un terrible día. Pero, no lo cambiaría por nada del mundo, porque ese fue el día que ella decidió tener.




Marco

El día casi llega a su fin. Ya sabemos lo que pasó con Anthony, con Claudia, y con Alice. Pero, ¿qué hay de Kopazo? Hasta el momento sabemos que sostuvo una grata conversación con Claudia y que por alguna razón estaba en casa de Alice en la noche, pero también nos queda la duda de los temas discutidos con Ten Zero a favor de su querido círculo púrpura (que por cierto, y según lo que descubrimos con Anthony, puede no ser ni tan suyo ni tan querido como se asumía). ¿Qué tiene el cuarto escritor para agregar al día más largo del verano? Hay que averiguarlo.

Como con el resto, Marco comenzó la tarde abandonando el territorio escolar. Evadió unos cuantos profesores y a la orientadora que le acosaban para ponerlo al corriente con sus terribles calificaciones. Insensatos, ¿Cómo se les ocurría querer distraerlo con la basura escolar? Tenía cosas mucho más importantes de las que ocuparse, como lo era su nueva historia en la cual trabajaba sin parar, su vieja historia, a la cual preparaba para un inminente final de lágrimas y sonrisas, su sociedad de escritores, y el bienestar de Alice.

Ah, Alice… la cereza del pastel de su ocupado existir. No se tome a mal, el chico adoraba pasar el tiempo con ella, y guiarla. Para él, era sencillamente inevitable no sentir como una responsabilidad propia el cuidado y asistencia para el buen desarrollo artístico de la joven. Después de todo, ¿quién mejor que el novato del año para ayudar a una novata? Y se llamaba el novato del año porque así lo era. Claro, era argumentable que ZerG merecía ese título porque, bueno, ZerG lo había superado en el ranking desde el comienzo de su trayectoria y obviamente era más popular, pero evitaba pensar en eso para no deprimirse. El secreto del éxito, creía él, residía en la unión armónica del talento, la capacidad y el trabajo duro, claro… pero, nada de eso valía para un cacahuate si no se espolvoreaba encima su correspondiente dosis de confianza. Ya me perdí, ¿de qué hablábamos? Ah sí, de Alice. Marco sabía que eran días complicados para la chica, así que buscaba apoyarla de cualquier modo, así fuese simplemente dándole un mensajillo a Ratón Vaquero de camino a su compromiso.

― Alice no va a venir hoy, Ratón ― Explicó Marco a la chiquilla, que se mostraba visiblemente decepcionada al notar la ausencia de su querida amiga. ― Así que puedes irte. O quedarte leyendo, no sé… haz lo que sea que haces tú cuando no estamos.

Tras decir eso, el chico pretendió darse la vuelta para seguir con lo suyo, pero algo detuvo su avance. Tras girarse, se percató de que era Debité, que sujetaba su camisa con la mirada baja. Buscaba mayor explicación.

― ¿Sigues aquí? ― Preguntó el muchacho, arqueando la ceja. ― Shoo, shoo. Fuera.

― E-este… ¿dónde e-está Alice?

Marco se encogió de hombros y suspiró bajo. A pesar de tener prisa, suponía que hacía sentido explicarle la historia completa a la chiquilla. Después de todo, era la más importante ayudante de Alice. Era quien elegía los libros más adecuados acorde a lo que necesitaban, ahorrándole días, semanas de lectura a la joven aspirante.

― Fue a pedirle a Yao un tiempo fuera, ya sabes que está teniendo problemas para escribir y eso…

Deb apretó sus puños, agachando la mirada lentamente.

― ¿Tú le hiciste algo?

― No, yo no… ― Marco se detuvo de pronto, parpadeando en perplejidad. ― Eh… ¿qué dijiste?

― Seguramente le hiciste algo. ― Repitió, levantando la mirada, con molestia visible en sus ojos usualmente tímidos. Incluso con sus delgadas gafas y rostro pequeño, Ratón vaquero se veía bastante seria e intimidante cuando se mostraba molesta. ― Debe ser eso, ella estaba muy emocionada durante la mañana del sábado, y ese día te vio a ti… ¿no es así? ¿Qué le hiciste durante el fin de semana que el lunes estaba así?

Marco desvió la mirada, y se rascó la mejilla con su dedo índice. ¿Cómo habían llegado a una instancia tan extraña donde era él el culpable de todos los males? Carraspeó un poco, mientras pensaba en cómo responder a la muchacha. No podía simplemente contar problemas personales de alguien más, si Debité se enteraba de lo ocurrido debía ser por decisión de Alice y de nadie más.

― Escucha… todo lo que puedo decirte es que yo no…

Pero Deb no lo dejó terminar la oración, pues lo tomó con ambas manos del cuello de su camisa y lo jaló con brusquedad de un modo en que sus rostros quedaran de frente. Marco pudo observar una llama en la mirada de la joven que nunca antes había presenciado. Parecía una persona diferente.

― Escúchame sabandija infeliz ― Amenazó, con el ceño fruncido y con una voz alterada que definitivamente encajaba en su timbre usual, con una severa dosis de gravedad agregada. ― Esto no es un juego, así que deja de mentirme. Si le has hecho o dicho algo malo a Alice en su cita, y esto es tu culpa, vas a pagarlo caro.

― ¿Q-qué le pasó a tu voz? ¿P-por qué de pronto hablas sin trabarte? ― Preguntó Marco, tratando de liberarse con una visible intimidación creciente hacia una niña dos o tres años menor que él. ― S-suéltame por favor, ¡te puedo asegurar que yo no hice nada! P-pero sí sé lo que le pasó… n-no te lo puedo decir porque es algo privado de ella, pero…

La pequeña le dejó ir, casi haciéndolo caer al suelo por el desequilibrio generado en la liberación del forcejeo. Mantenía su visible enojo, pero al menos ya no lo mantenía sujeto.

― ¿Es verdad lo que dices? ¿No pasó nada malo cuando se vieron?

Marco hizo un puchero de indecisión, y luego suspiró hondo.

― Esas son dos preguntas completamente diferentes. ― Lamentó, acariciándose las sienes con una sola mano, mientras agachaba la mirada con un poco de stress. ― Verás, a Alice SÍ le pasó algo malo cuando nos vimos. Pero baja esas manos amenazantes y estranguladoras, porque lo que le pasó no fue cosa mía.

― Entiendo… entonces no fue cosa tuya.

Deb asintió, cabizbaja; a pesar de que debía de sentirse más tranquila al ver que su otro amigo no era el causante de la situación actual de su más querida amistad, pero no podía sentirse mejor; pues el problema seguía ahí: Alice seguía estancada aún cuando tenía ante ella un amplio panorama de crecimiento literario para tomar y moldear.

Marco, que se fue tranquilizando poco a poco tras superar la agresión, llegó a la conclusión de que Ratón Vaquero se preocupaba mucho más por Alice de lo que él hacía. ¿Cuántas personas podían presumir de dejar atrás su timidez y cohibida personalidad para convertirse en una fiera con garras y colmillos que lucha en pro de aquellos a quienes le importan?

― Deb… ― Marco le sonrió levemente. ― Alice es muy afortunada de tener una amiga como tú. No vayas a dejarla sola, ¿bien?

― E-eso nunca ― Se apresuró a replicar, regresando de golpe a su personalidad usual. Marco prefirió no buscar de más en el asunto, para no traer de vuelta a su lado violento. Realmente era alguien temible. ― E-ella es mi primera amiga. Aunque suene p-patético.

Marco negó con la cabeza, encogiéndose de hombros.

― No es patético en lo absoluto… porque verás, un amigo es una luz, brillando en la oscuridad. Un amigo es la fuerza, el soporte… es normal tardar en encontrar a uno de verdad, pero una vez que lo haces…

El muchacho comenzaba a inspirarse en demasía extendiendo sus palabras ardientes en motivación, pero se detuvo de golpe al percatarse de que Debité no le estaba escuchando. Pues ya tenía el rostro pegado a un libro.

― ¿Mmh? ― Preguntó la pequeña, levantando un poco la vista hacia el mayor. ― ¿Decías algo?

―… eso me pasa por querer hacerte sentir mejor.

Deprimido, y deseando que esa hubiera sido la primera vez que una chica menor le asustaba y luego lo humillaba, Marco abandonó la biblioteca a paso acelerado luego de despedirse. Tenía una cita importante con el destino, así que era hora de dejar los pensamientos negativos atrás, y mentalizarse en lo realmente importante: su legado.

Pocas personas en un mundo cómodo y sociable comprenderían su insana necesidad de hacer diferencia, de resaltar. Y de esas pocas personas buscaba mantenerse alejado, pues eran ellas quienes resultarían una amenaza para conseguir trascender.

Un psicólogo atribuiría en primera instancia su obsesión de competir al haber vivido con muchos hermanos, pero él nunca los tuvo, era hijo único. Luego, supondría que se debía al deficiente sistema escolar, que obligaba a los niños a sentir que las calificaciones eran una competencia, para ganarse la gracia de padres y profesores, pero él nunca fue buen estudiante. Entonces… ¿qué era?

Ni él mismo lo sabía. Tal vez simplemente era un sujeto insoportable. O tal vez buscaba dar un sentido a su vida, y no encontraba otra forma que probándose como un sujeto de alto nivel en la escala social e intelectual. Lo único que sabía y que le interesaba: era que su juventud no sería eterna, y que tenía que aprovechar el factor sorpresa que regalaba su corta edad en un medio tan elitista y veterano como la literatura para hacer historia.

Pero, ¿cómo se hace historia? Remontándose al pasado, el domador de demonios hizo historia junto con Ronald fundando la industria en compañía de un grupo de emprendedores artistas que decidieron dar el salto de la antigua hoja de papel al tecnolibro. Muchos de ellos se convirtieron en pioneros y pasaron a los anales de la historia a pesar de carecer de las capacidades y el talento literario que poseían los escritores de medio pelo contemporáneos de Marco. Hoy en día las revistas presentaban historias mucho mejores a las de antaño, y cada día tocaban a sus puertas miles y miles de jóvenes buscando convertirse en el próximo gran hit veraniego.

Entonces, Marco no nació ni vivió en la época en que las revistas comenzaban como para hacer historia simplemente por estar ahí. Y actualmente la competencia era mucho mayor a la de los inicios, así que tenía que superar en talento y habilidad a un sinfín de rivales, y seguir creciendo mientras tanto. ¿Simple? Claro, se dice fácil.

Pero incluso si Marco se las arreglaba para ser mejor que todos los escritores de su época, y seguía creciendo para superarlos por un amplio margen, no sería suficiente para hacer historia. Se argumentaría que Ten Zero y AsmaX lo han hecho igual, aún si él lo hizo en menos tiempo. Demonios, ¡INCLUSO SUPERANDO A ESE PAR POR AMPLIO MARGEN EN POCO TIEMPO! La gente recordaría al domador de demonios por encima suyo, por ser el fundador, el creador y gran líder del gremio, el jefe.

Básicamente, Kopazo jamás sería recordado por encima del domador de demonios ni de AsmaX y Ten Zero incluso si escribía mil historias mejores que todas las de ellos y conquistaba el primer lugar por cincuenta años. Porque la historia apremia a quienes llegan antes, y lo antiguo siempre supera a lo nuevo ante los nostálgicos ojos de los espectadores.

Eso… a no ser que lo nuevo revolucione lo que otros ya revolucionaron antes, y traiga una nueva propuesta que cambie todo. Así era. Marco sabía bien que para enmarcar su nombre en la historia de la literatura moderna, no bastaría con escribir grandes novelas y crecer en calidad y talento (como tenía planeado hacer); sabía que era necesario salirse del teclado por un momento, y comenzar un movimiento. El movimiento elegido para su cometido, era el círculo púrpura.

Con el círculo púrpura, ganó un grupo considerable de seguidores, adeptos y admiradores. Casi sin esfuerzo, ganó un nombre entre las charlas de los elitistas escritores del gremio, comenzó a entrar en consideración, a ser mencionado en los programas de entrevistas y a convertirse en la voz de los escritores novatos.

Juntar escritores jóvenes, habilidosos, hambrientos de éxito y combinarlos con unos cuantos veteranos con condiciones y un considerable recorrido restante, ¿cómo es que nunca antes se le ocurrió a alguien más? El resultado de la combinación fue un grupo tan sólido como el concreto, tan solidario y tan fiel como un ejército.

El número controlado de miembros mantenía el aspecto de exclusividad necesario para convertirse en tendencia en las redes sociales, y a raíz de eso, los cabecillas del gremio de escritores se enteraron de su existencia y de sus actividades ajenas al gremio en un santiamén.

No pasó mucho para que su teléfono comenzara a sonar. Primero llamó una secretaria, ofreciendo el anexo del círculo al gremio; la descarada se atrevió a decir que estaban dispuestos a prestarles una habitación para llevar a cabo las reuniones y actividades. Tras la negativa, fueron un poco más decorosos: esta vez llamaron escritores de rango mediano, como Adriankure o Armedheart. ¡Qué deshonra! ¡Enviar a Armedheart a hacer el trabajo sucio de un líder! Obviamente, con la misma cordialidad que con la secretaria, Marco se rehusó a hablar con ellos.

Pasaron dos meses de débiles intentos de aproximación para que a su teléfono finalmente llamara alguien digno de la seriedad de su movimiento. Ten Zero solicitaba una reunión personal, para expresar su sincera admiración y respeto hacia el círculo y el manejo de su líder. Esa fue una llamada que Kopazo definitivamente aceptó gustoso. Era justamente lo que estuvo esperando durante tanto tiempo, era el paso al frente necesario para cumplir el sueño del círculo púrpura, y el propio.

Sin más, acordó una fecha y una hora. ¿El lugar? ¿Qué mejor sitio que las oficinas de la asociación de lectores y escritores? Ahí ambos publicaban, y podían pedir prestada una sala de conferencias para charlar cómodamente sin interrupciones.

Avanzar sin contarle nada a sus compañeros de grupo fue un simple gustillo personal. ¿No sería divertido darles la sorpresa de golpe mientras bebían café? Más divertido aún sería si todos escupieran ese café en la cara de Follow, pero eso ya sería un bono extra más que un requisito, tampoco era tan exigente con la vida.

Tomó un taxi, sin percatarse que en el momento en que se montaba dentro, justo frente a sus narices pasaba un muy rebelde Anthony montado en una motocicleta de lujo con la chica más popular de toda la escuela.

Indicó al taxista su rumbo, y paciente observó los edificios trascender en su rumbo marcado. La tarde apenas comenzaba, y ya sentía en su pecho la creciente certeza de que sería un día único en su clase. ¿Para bien o para mal? Bueno, eso estaba por verlo.

Cuando llegó a la ALE, se apresuró a avanzar entre los novatos. Siempre le motivaba notar cuantos nuevos artistas buscaban comenzar sus carreras en tan maravilloso arte. Hacía no mucho él era uno de ellos. Pero a diferencia de muchos presentes, él era torpe, inexperto. Solo había escrito para una sola persona, así que nunca se preocupó en materias de crucial importancia como la ortografía o la coherencia. Por difícil que fuese creerlo, fue rechazado en su primer intento, y “rechazar” es un término lindo.

Presentó como primer intento de historia un proyecto de una especie de diario semanal de un muchacho que decidía quitarse la vida tras recibir altas cantidades de bullying. Una idea altamente interesante si se hacía correctamente, pero su desconocimiento del género se hacía evidente con una idea floja y mal escrita. ¿Qué se podía esperar de algo que escribió en un solo día?

El editor en turno, de nombre Paul, lo destrozó. Lo hizo trizas. Solo le faltó tomar su escrito y partirlo en dos, tirarlo a un charco y bailar sobre él mientras entonaba “esto es mierda, esto es mierda”. En el momento se molestó y se indignó, al ver su orgullo herido, pero tomó las palabras de ese editor para comprender que el mundo literario requería de su total atención y ganas, y no solo de un pequeño fragmento de sus energías. Así que trabajó, se preparó, se esforzó día y noche, y trajo al mundo aquella historia llamada cartas a la banca.

Siendo un muchacho con un orgullo más grande que la isla de Manhattan, debería avergonzarle haber sido rechazado de una forma tan sanguinaria en su primer intento, pero en realidad, ¿qué escritor inmortal no fue rechazado antes? Cierta historia del siglo 21 de un niño mago con una cicatriz fue rechazada casi diez ocasiones antes de llegar a las estanterías y tocar una generación entera con su magia. E incluso hoy en día seguía siendo leída y recordada honorablemente por lo que hizo siglos atrás. (Existían editoriales que no se dedicaban a las revistas semanales, sino que se centraban en inmortalizar clásicos literarios del pasado en tecnolibros).

Pensando en esto y tantas cosas más, Marco se adentró en el edificio. Saludó a un par de secretarias que le respondieron al gesto con una mirada de pocos amigos, por estar interrumpiendo su trabajo, y luego, como haciendo mutis de esto se dirigió por el pasillo del fondo a la derecha.

Marco anduvo como pez en el agua por los pisos de las oficinas. Ya estaba acostumbrado a andar por aquellos lares, e incluso si tenía problemas encontrando una sala de reuniones o la oficina de algún editor en específico, siempre podía preguntarle a alguna de las secretarias de la entrada. Se sentiría mal por los que se les ocurría entrar sin conocer bien el lugar y sin pedir indicaciones de su rumbo antes, pero, ¿quién sería tan torpe? ¡Nadie, no era posible que existiera alguien tan descuidado!

Cuando llegó al lugar de la reunión, Ten Zero ya estaba ahí. Marco lo conocía de varios lugares, lo había visto en discursos del gremio, en meetings en Gambino´s y en tantos otros sitios. Lo tenía bien identificado. Pero Alan, por otra parte, solo lo había visto una vez, y seguramente no lo recordaría.

― ¿No eres tú el chico que acompañaba a la otra chica aquel día? ― Preguntó, arqueando una ceja. ― Ya sabes, frente a la estatua. Dijiste el significado de la misma, y luego desapareciste.

… o tal vez sí.

Aún algo sorprendido, Marco trató de lidiar con su sorpresa de la mejor manera, acercándose a él y extendiendo su mano para saludarle. Parecía que Ten Zero gozaba de una memoria privilegiada, además de una atención notoria a los detalles. En comparación a él, Marco no era capaz de recordar siquiera el rostro del portero de su edificio, al cual a diario le preguntaba si era nuevo.

― S-sí, soy yo. Mi nombre es Marco Alto, mucho gusto ― Saludó.

― Lo mismo digo. Soy Alan Evans, mucho gusto. ― Alan correspondió al apretón de manos con fuerza y firmeza, con una gran sonrisa como cereza del pastel. ― Asumo que eres Kopazo, ¿no?

El chico asintió, y aún algo descuadrado miró en todas las direcciones de la habitación, como buscando a alguien más a pesar de saber perfectamente que estaban solos.

― Así es, soy Kopazo, el escritor y líder del… eh… del…

― Del círculo púrpura ― Le ayudó el mayor, educado. ― ¿Por qué no tomas asiento? Debo decir que me sorprende ver que ya nos conocíamos de antes. ¡Es increíble! Debí imaginar que eras un escritor publicado en ese momento, los novatos no suelen saber mucho sobre los detalles de este sitio. 

― Lo cual es extraño… ― Marco tomó la palabra de Ten, y se sentó, logrando así recuperar la compostura perdida por el factor sorpresa. ― La ALE es de las pocas revistas en las que uno debería decidir trabajar por su historia y fundación, no solo por su nombre.

― Concordamos. Este sitio fue fundado sobre los principios más nobles y sencillos, por un grupo unido de lectores y escritores.

― Lástima que luego su prometedor proyecto fue tomado por las garras de empresarios…

― Sí, es una pena sin duda. Pero, esos empresarios salvaron la compañía llevándola a otro nivel, y prometieron a sus antiguos dueños mantener su antigua filosofía. Claro, ahora existen cientos de editores que rechazan a miles de chicos a diario, y hay cincuenta habitaciones más y otros diez pisos, pero en el fondo… la ALE sigue tratándose de darse a conocer, de crear una comunión entre lectores y escritores.

― Tú realmente amas esta compañía, ¿no?

Marco ladeó la cabeza, realmente se estaba llevando un festín de sorpresas charlando con Ten Zero, y acababa de llegar. Contrario a la idea que tenía de él, no parecía un petulante dos caras de ego insoportable. Aparentaba más bien a un sencillo hombre institucional y dedicado a su profesión y a su empresa.

―… Si de amor institucional hablamos, te diré que amo más aún al gremio de escritores. La ALE me ha dado todo lo que tengo, le dio rumbo a mi arte. Pero el gremio es el grupo que me ayudó a crecer, desde que era un novato hasta el día de hoy.

¡Ah, ahí estaba la reparación del tópico! Marco la esperaba tarde o temprano, pero no de un modo tan directo y honesto. Por supuesto, esa transición tan brusca lo hacía ver todo como un guión premeditado; no que esto fuera malo, para él resultaba predecible y de hecho esperable que Ten Zero buscara convencerlo de las bondades del gremio durante su encuentro. Aquí el tema era, ¿cómo iba a lograr convencerlo de dichas bondades? O mejor dicho, ¿lo lograría?

― Te entiendo, estoy seguro de que hace veinte años el gremio era un sitio fantástico para novatos deseosos de aprendizaje, y veteranos sedientos de enseñanza e impartición. ― Marco hizo una pausa, dando un par de suaves palmadas a la mesa central que los separaba a ambos. ― Pero, tú como uno de los líderes electos deberías saber de sobra que hace años que el gremio no es lo mismo.

― Ya me han llegado rumores de tu… opinión polar respecto al gremio.

― ¿Te parece una opinión mal fundada? ― Preguntó en réplica irónica. ― Sé que es una comunidad y entidad importante para ti, y la ves con ojos de padre. Cuando viajas a Ciudad Capital seguro sonríes ampliamente cada vez que cruzas sus gloriosos umbrales, y caminas por ese brillante piso bien pulido, mientras eres recibido con apretones de manos y abrazos de escritores de todo el mundo que te conocen aunque tú no a ellos. Luego, pasas una tarde maravillosa charlando con veteranos retirados que tienen años sin publicar un trabajo nuevo, pero que sin embargo a diario se encuentran presentes como las voces más importantes del grupo entero. Los salones de juntas donde se tratan temas como los concursos, los cursos a impartir, el uso de recursos y mil cosas más, no pueden albergar a más de qué… ¿treinta escritores? ¿Veinte? Me pregunto cuantas caras nuevas encontrarás ahí por ocasión…

― No niego que en esas reuniones suelen asistir los más experimentados ― Admitió Alan, encogiéndose de hombros. ― Pero recientemente fundamos una página de encuestas web donde todos los escritores pueden dar su voto y proponer…

― Claro, todos pueden dar a conocer su opinión mediante un voto. Pero te pregunto yo, ¿quién hace esas propuestas? ¿Quién las pone en la mesa en primer lugar? ― Marco negó un par de ocasiones, comenzaba a disgustarse solo de hablar de la realidad. ― Y cuando los votos anuncian las propuestas más votadas, ¿quienes deciden si es viable o no implementarlas? ¿Quiénes toman las riendas? Si puedes decirme abiertamente que tú, Mint, AsmaX y demás hacen exactamente lo que la mayoría de los votantes quiere, ahora mismo destruyo el círculo púrpura.

― No te puedo decir eso, Marco. ― Alan se cruzó de brazos, descansándolos sobre la mesa. ― Porque, aunque los que mencionas somos parte del grupo de líderes junto con otros tantos, debemos tomar en cuenta la opinión de otros miembros con mayor jerarquía, experiencia y…

― ¡Precisamente, Alan! Justo acabas de mencionar lo que no me gusta del gremio, ni a mí ni a miles de escritores, especialmente a los miembros de mi humilde y sólido grupo. ¿Sabes por qué se unieron a nosotros a pesar de no tener lujosos edificios con grandes espacios o un millonario presupuesto? Porque, en nuestro círculo no existen elitismos. No hay “miembros con jerarquía”, ni opiniones malas… todos somos iguales, y nos ayudamos y trabajamos como tal. Seguro para ti el respeto a los veteranos es muy importante, pero para nosotros, que somos gente novata y de experiencia en conjunto, ¡el respeto es importante para todos!

― Estoy a favor de tu ideología respecto a la igualdad… ― Susurró Alan, haciendo un leve puchero.

― ¡No me importa si piensas distinto, nuestro grupo nunca… ¿eh? ― Marco se detuvo de golpe, entrecerrando los ojos. ― ¿Dijiste que estás a favor?

― Claro que lo estoy… el gremio malgasta sus recursos en comida y bebida de reuniones innecesarias y celebraciones de cumpleaños de gente retirada de la escritura desde hace décadas, el salón de la fama es un closet donde el conserje guarda la cara utilería mal aprovechada, nadie entra a nuestra página web porque nunca hay nada nuevo por ver, las salas de debate siempre están vacías y es solo la punta del iceberg del desaprovechamiento… hemos tratado de arreglarlo, todos los líderes en conjunto, ¿sabes? Pero no es tan sencillo…

― Eso es porque son, con todo respeto, unos blanditos. ― Marco hizo una mueca. Realmente no se esperaba que Alan estuviese de acuerdo con sus severas acusaciones, pero mejor para él si así era. ― Vamos a ver: cada cuatro años los escritores de cada revista llevan a cabo una votación. Los ganadores, son los elegidos para representar a su revista y a sus colegas en el alto mando del gremio. Así, el grupo no tiene un líder definitivo, no en el papel. Se supone que es una mesa redonda donde todos los representantes tienen una voz y un voto. El problema, es que muchos veteranos, escritores retirados que fueron elegidos años atrás, nunca abandonan el lugar. Así que la “mesa redonda”, está repleta de políticos que tienen las garras bien clavadas en la institución.

― B-bueno, no sé si llamarlos políticos, pero…

― Son políticos, Ten… piénsalo así: ellos ya no escriben, ya no quieren tener nada que ver con la literatura, y sin embargo a diario los encuentras en el gremio consumiendo recursos y trabando el progreso. Estoy convencido de que en su momento hicieron cosas importantes, pero siempre hay que tener en mente que los ciclos terminan, y que la gente debe hacerse a un lado… y si no quieren hacerse a un lado… alguien tiene que moverlos a la fuerza.

― Estás en lo cierto ― Dio la razón el hombre, suspirando bajo. ― Como no te has criado en el gremio, como nunca conviviste con algún veterano legendario en sus días de gloria, careces de ese velo de admiración y respeto que nos impide tomar cartas en el asunto. Pedí tener esta reunión contigo para comprender mejor la naturaleza de tu grupo, para descubrir de qué se trataba con exactitud… ahora, tal como sospeché desde un inicio, empiezo a notar que tu ideología y tu personalidad podrían sernos de utilidad en el gremio.

― ¡Wo, Wo, Wo! Alto ahí, vaquero. ― Marco alzó ambas manos, en señal de detenimiento. ― Solo te he dicho las falencias del lugar, solo eso. No me seduce en absoluto entrar para limpiar décadas de mala administración. Yo estoy más que bien en mi humilde y fructífero grupo.

― Eso lo comprendo. Lo que no entiendo, es por qué estar “más que bien”, cuando se puede estar aún mejor.

Marco cruzó miradas con Alan. La del mayor, se encontraba encendida ahora, era como si de un instante a otro su personalidad hubiese cambiado; se le notaba confiado, a diferencia de antes que mostraba dudas y hasta pesimismo con respecto a la situación del gremio.

― Sin rodeos… ¿qué es lo que tratas de decirme?

― Te estoy diciendo, que estoy dispuesto a anexar al círculo púrpura al gran gremio de escritores como un grupo independiente y fuerte, con voz y voto, siendo tú obviamente el representante de ellos dentro de la mesa de líderes. Y no solo eso, tendrán un presupuesto considerable para dispensar a su gusto, además de que tendrán la libertad de utilizar las instalaciones y utilería del lugar a placer. Necesito hablarlo con los otros líderes, pero pienso que es una gran idea, deberían estar de acuerdo.

― P-pero… ¿por qué…? ― Esta vez sí estaba en shock. El propósito del círculo púrpura siempre fue lograr el anexo, conseguir una voz directa dentro de la mesa de líderes, para hablar por los que no eran escuchados y seguir actuando como una institución dentro de la institución misma que era el gremio. ¿Estaba Alan en serio ofreciéndoles todo lo que querían en una sola sentada? ¿Aquel proceso que Marco imaginaba, podría tomar años enteros, en serio lo estaba colocando en la mesa para tomar así sin más?

― Te lo dije antes, ¿no? ― Alan sonrió ampliamente, sincero. ― Los líderes tenemos tiempo ya tratando de cambiar y mejorar el gremio, pero tenemos las manos atadas. Creo que si agregamos una segunda fuerza política al grupo, podemos comenzar a hacer los cambios necesarios para traer viejas glorias a nuestro recinto. Nosotros no podemos ejercer presión ni ir en contra de los veteranos, pero tú, como líder de un grupo foraneo y oficialmente anexado, podrías hacerlo con nuestro apoyo discreto.

― P-pero, yo no…

― Te escuché cuando dijiste que no te interesa la idea de quitar décadas y décadas de basura acumulada. Pero piénsalo bien… si aceptaras mi propuesta, tu grupo seguiría tal cual, solo que con instalaciones propias y un gran presupuesto para seguir creciendo y ejerciendo. Además de que tendrías la misma fuerza de decisión que cualquier líder de revista. ¿Es lo que buscabas desde un principio cuando creaste un grupo independiente, no es así? Lograr presencia, lograr poder. Los dos sabemos que liderar un pequeño grupo rebelde no se compara desde ningún punto de vista a liderar una institución tan gigantesca como lo es el gremio.

Marco guardó silencio. ¿En qué momento Alan descubrió sus verdaderas intenciones y por qué decidió callarlas a pesar de tenerlas para su ventaja? ¿Cómo era posible que de una simple charla, el sujeto hubiese descifrado todos y cada uno de los propósitos y planes que con tanto cuidado y esfuerzo había creado para él y su círculo? Y más importante: ¿por qué le daba todo lo que pedía? ¿Qué ganaba él además de la posibilidad de sacar adelante al gremio? ¿En serio le importaba tanto aquella comunidad que estaba dispuesto a lo que fuera para mejorarla?

Incapaz de hablar, viéndose rebasado, guardó silencio mientras trataba de computar el confuso escenario que su colega preparaba para él. Alan, por su parte, tomó palabra nuevamente ante el silencio permanente del muchacho.

― Estoy seguro de que estás satisfecho de lo que has logrado hasta ahora, Marco… creaste un grupo de grandes escritores con solo 17 años, has puesto tu nombre de escritor en boca de todos, y estoy seguro de que eventualmente lograrías el objetivo de adentrarte como cabecilla en el gremio y en la historia de la literatura como planeas. Pero, yo te estoy ofreciendo una entrada directa y sencilla. Hago a un lado la batalla contra la institución, las protestas, las numerosas reuniones de consejo para determinar si tu grupo debe ser aceptado o no… todo eso lo aparto para ti, y te dejo la recompensa intacta, lista para ser reclamada.

― Pero, ¿por qué? ― Preguntó entonces, sacudiendo la cabeza. ― ¿Por qué ahora? ¿Qué ganas tú?
El mayor se puso de pie, soltando una risilla lenta. Se llevó ambas manos a la cintura, y centró su siempre honesto mirar en el joven.

― Antes… un buen amigo me dijo que se avecinaban tiempos de cambio para la literatura. Mentes nuevas e ideas frescas están destinadas a tomar el timón de la industria. ― Dio unos cuantos pasos lentos hasta la ventana, para observar a través de las persianas la actividad trepidante a las afueras del edificio. ― Como lo veo, la vida me presenta dos opciones… puedo quedar atrás, como parte del viejo orden… como una simple memoria… o puedo formar parte del cambio, ser una parte importante de la nueva ola y hacer cosas grandes por la escritura que me ha dado todo.

Entonces, Marco lo comprendió: Ten Zero no era como el resto de los veteranos institucionalizados que albergaban en el gremio, esos que se sentían superiores a aquellos que recién comenzaban sus carreras. El primer lugar del ranking de la ALE, era en realidad un hombre de principios, con la ambición y convicción de un joven emprendedor. Él no era su enemigo.

― Tú también tienes dos opciones ― Volvió a hablar Alan una vez más, antes de que Marco pudiese siquiera pensar en una réplica a sus inesperadas palabras. ― Puedes seguir tu orgullo, y llevar tu movimiento hasta las instancias definitivas tras un largo y tedioso proceso que no hará otra cosa que acrecentar tu orgullo tras la victoria… o puedes tomar la ruta que yo te ofrezco, y ayudarme a mí y al resto de los líderes de las revistas a hacer algo más grande. Algo mejor… algo que ayude a miles de escritores alrededor de todo el país, y no solo a unos cuantos.

¿Ayudar? ¿Trabajar en equipo con quien originalmente planeaba destronar?

El chico agachó la mirada. ¿Cómo pudo descartar la posibilidad de que un líder de opinión y gran pilar de la industria podía tener pensamientos similares a los suyos? Hasta entonces, actuó como guerrillero social para conseguir llamar la atención, pero ya no tenía por qué ser necesario… tal vez, y solo tal vez…

―… lo pensaré… esto… sinceramente no esperaba que nuestra charla tomara este rumbo…

― No dejes que pase mucho tiempo, por favor. Sería maravilloso tener una respuesta un par de meses antes de los Awards para entregarlo como reporte a los directivos de las revistas y para hacerlo público en la ceremonia misma.

― Sí, entiendo ― replicó, encogiéndose de hombros. ― Supongo que ya se ha dicho lo que teníamos que decir, al menos por ahora. Si te soy sincero venía solo con la intención de hablar sobre lo que nuestro grupo hacía, pero has dado un giro total a la mesa… ahora tengo mucho que pensar. Como tú, estoy dispuesto a negociar, pero necesito que dejes todo muy claro con tus compañeros mientras yo medito un poco sobre el tema. ¿Te parece bien?

― Por supuesto, mañana viajaré a ciudad Capital y me reuniré con otros líderes y con los presidentes de las revistas para comenzar la planeación de los Awards. Ahí les comentaré de lo que hablamos.

― Entonces, estaremos en contacto en los días venideros ― Aseguró, con los ánimos desinflados. ― Ya tienes mi número, Ten Zero.

― Y tú el mío, Kopazo.

Estrecharon sus manos para despedirse. Cuando Marco entró a la habitación estaba confiado, determinado y firme. Seguramente, Alan se encontraba igual a pesar de haber comenzado la conversación con aparente titubeo. Ahora, claro, Marco sabía que esa actitud pasiva fue solo parte de un acto para determinar su valía, su madera como dirigente, y para asegurarse de que estuviesen en el mismo lado. Y contra todo pronóstico, resultó que lo estaban.

Eso fue lo que más consternó a Marco. Jamás presupuestó que Ten Zero, el escritor más mediático, el ídolo de los niños, el héroe de la novela, el hombre institucional y respetuoso compartiría ideología con él. Además de eso, lo leyó como un libro abierto y le colocó en la mesa lo que quería sin aceptar en absoluto su reto directo.

Era eso mismo lo que le impedía alegrarse por el rumbo positivo para su grupo y sus propósitos personales: para Ten Zero significaba tan poco su idea de rivalidad, que simplemente le entregaba las herramientas necesarias para ponerse a su altura. Tenía el orgullo herido por esto… nada lastimaba más a un luchador como él, que un rival que no alzaba la espada en su contra.

En otras palabras, AsmaX tenía razón cuando habló de cuan lejano estaba de compararse con Ten Zero y con él.

Para su infortunio (o su fortuna, dependiendo de cómo se vea) Marco no pudo seguir pensando más en este tema, porque apenas saliendo en la entrada, Claudia le esperaba con un escandaloso:

― ¡ERES KOPAZ…

Pero esto ya lo vimos. ¿Qué diversión hay en presenciar dos veces la misma conversación? Hay que adelantarnos hasta el punto en que Claudia se perdió entre la gente para luego encontrarse con Leslie, mientras Marco la miraba desaparecer de su rango de visión. Solo que esta vez, nos quedaremos al lado de Marco.

― ¡Oh, yo te conozco! ― Exclamó a sus espaldas una voz desconocida. ― ¡Eres el chico del otro día!

― ¿Mmmh? ― Marco se volvió en la dirección proveniente. Un sujeto de una larga y grasosa cabellera, con gafas gruesas le sonreía.

― ¡Ah, tú eres el violador! ― Exclamó Marco, estrellando su puño cerrado sobre su palma abierta. ― ¿Cómo estás? ¿Hoy también andas en el infame acto de aprovecharte de chicas confiadas e ingenuas?

― ¿V-violador? ¡¿De qué hablas?! ― El sujeto se estremeció, reacio a la acusación. ― ¡YO NO IBA A APROVECHARME DE ELLA! ¿¡ESTÁS LOCO!?

Ahora eran el foco de atención de todas las miradas en la ALE. Fue, como si el tiempo se hubiese detenido. Ni un alma dijo nada, nadie movió un dedo. Todos los ojos se centraron en ambos.
― ¡E-esto debemos arreglarlo en otro lado! ― Exclamó el extraño, tomando a Marco del brazo y llevándoselo a rastras de ahí.

― Oye, acosador, suéltame. ― Decía el chico mientras andaban a paso acelerado hasta el estacionamiento. ― ¿También quieres violarme a mí?

― ¡YA TE DIJE QUE NO SOY UN VIOLADOR! ― El cuatro ojos le dejó ir, volviéndose de inmediato para hablar con franqueza. ― ¡Como te digo, esto es solo un gran malentendido!

― ¿Lo es? ― Arqueó una ceja, incrédulo. ― ¿Por qué otra razón te llevas a una linda chica desconocida y frágil a una zona donde nadie podría verlos ni oírlos? Por cierto, debes dejar de gritar la palabra violador.

― Como te digo, ¡es un malentendido inmenso! ― Suspiró hondo, frustrado. ― Bien, comenzaré a explicarte… mi nombre es Corel. Soy un estudiante de la preparatoria 34. Estudio ahí con mis dos mejores amigos: Erik y Armando. Armando sueña con ser escritor, pero ese no es el caso mío ni el de Erik… igual acostumbramos venir los tres aquí a la explanada para que Armando reciba consejos de los editores. Por eso estábamos aquí cuando pasó aquello…

― ¿Querían hacerle gangbang? ― Marco lo tomó por el cuello de su camisa, apretando el puño con la otra ya listo para golpearlo. ― ¡ESO ES AÚN PEOR!

― ¡Y-ya te dije que no es nada así! ― Se apresuró a aclarar, chillando y retorciéndose con notoria cobardía. ― ¡Déjame terminar, maldición!

― Perdona, perdona. Fue un reflejo.

― Bien, como te decía… Erik fue a secundaria con esa chica, con Alice. Siempre nos hablaba de ella, nos decía que estaba enamorado y de cuanto quería poder haberle dicho sus sentimientos antes de la graduación… también se la pasa lamentando que ella lograra entrar a la mejor preparatoria de la ciudad, y que él tristemente falló en el examen. Al verla en la explanada aquel día, lo consideró una señal del destino… como Armando estaba hablando con un editor en ese momento, pidió mi ayuda. Me dijo que confesaría sus sentimientos a ella, pero que le apenaba hacerlo delante de tanta gente, así que me pidió que la llevara a un costado del edificio. Por desgracia, en el camino resbalé y… bueno, conoces el resto de la historia.

― Espera… ¿tratas de decirme que en realidad nunca trataste de abusar de ella, y que solo la estabas llevando a donde tu amigo la esperaba con una tradicional confesión de amor, pero que en el camino te resbalaste, y que a pesar de que Alice gritaba por ayuda tu amigo nunca se presentó? No puedo creerte eso, tu historia está llena de huecos.

― Sí se presentó, pero cuando lo hizo estabas tú con tu actitud amenazante de macho Alfa y… bueno, digamos que ninguno de nosotros es un buen peleador o atleta.

― ¿Y por qué no me explicaste lo ocurrido en ese momento? ¿Por qué no me dijiste “oye viejo, solo la llevo a confesarse con mi amigo que espera por ella”?

― Soy socialmente retraído, ¿de acuerdo? ― Se cruzó de brazos, indignado. ― No soy muy bueno hablando bajo presión, y menos con gente que no conozco bien… no es culpa que la gente en 3D sea tan conflictiva.

― ¿La gente en 3D? ¿De qué hab…? ¿Sabes qué? Eso no importa ahora. El caso es que no te creo.

El desconocido puso los ojos en blanco, mientras sacaba su teléfono. Marcó un número en llamadas rápidas y esperó con el celular pegado al rostro.

― ¿Hola, Erik? Esto es de vida o muerte. Necesito que en 3 segundos digas el nombre de la chica que te gusta. ¿Bien?

Sin decir más, activó la opción del altavoz, mientras observaba al joven escritor con seriedad.

― Alice Delaware ― Sentenció la voz de la bocina. ― ¿Por? ¡¿No me digas que estás con ella?! ¿Está de nuevo en la explanada? ¡VOY PARA ALLÁ!

Tras presentar su solida y sentenciadora defensa, el chico colgó la llamada y se llevó el teléfono al bolsillo mientras esbozaba una sonrisa de satisfacción.

― Bien, te creo ― Aceptó Marco, encogiéndose de hombros. ― Supongo que me adelanté al suponer que eras una especie de pervertido. Pero en estos días ya no se puede saber quien es un degenerado.

― Es inaceptable que pensaras tal cosa de mí. ¡A mí ni siquiera me gustan las chicas en 3D! ¡Mi único amor son, y seguirán siendo por siempre, las lolis de anime!

Un rostro de repugnante lujuria se dibujó en el rostro del muchacho. Marco retrocedió un par de pasos únicamente por el reflejo.

―… retiro lo dicho, de ti sí puedo saber que eres un degenerado.

― ¡Oh, vamos! Son la última moda. ¿Me vas a decir que nunca te has conectado en el dispositivo de realidad virtual para sacar a tu linda waifu de paseo?

― ¿Mi waifu…? ― Negó con la cabeza, repetidas ocasiones. ― No tengo tiempo para jugar videojuegos. Y ni siquiera sé lo que es una waifu.

― Oh chico, tengo tanto que enseñarte. ― Rió levemente, con malicia y entusiasmo. ― Por cierto, mi nombre es Corel, viejo. ¿Cuál es el tuyo?

¿Tanto que enseñarle? A pesar de no conocerlo mucho, conocía ya puntos claves de Corel: era socialmente incapaz de reaccionar como una persona normal a situaciones comunes, y sentía atracción a chicas virtuales menores. No requería un doctorado en su haber para comprender que de él no debía aprender nada.

― S-soy Marco. ― Se presentó, dubitativo. No estaba seguro de querer que aquel sujeto tan extraño conociera su nombre. ― Bueno… ya que está aclarado que no eres un violador, me iré. Hasta l…

― ¡Espera, men! ― Le interrumpió Corel, tomándolo de la mano. Lo cual fue algo raro. ― Ya no debe de tardar en llegar aquel.

― ¿Aquel? ― Preguntó, ladeando el rostro. ― ¿De quién…

Le hubiera encantado terminar su pregunta, pero una esfera de viento pasó volando en medio de ambos, rompiendo el agarre de sus manos, y luego se estrelló de lleno contra un frondoso y grueso árbol a un costado. Hojas cayeron y el tronco tembló por tal impacto. Bajando la mirada, entonces Marco pudo percatarse que no se trataba de una esfera de viento, sino de un humano, un muchacho. Parecía inconsciente por tan artero golpe en la cabeza.

― Oh por dios ― Marco caminó hacia él, arrodillándose y girándolo para asegurarse de que estuviera fuera de peligro. El muchacho parecía inconsciente. ― ¿Estás bien? ¿Amigo? ¡T-tenemos que llamar a una ambulancia o…

― Nah, no te preocupes ― Le tranquilizó Corel, agachándose a su lado. ― Dale unos… 10 segundos.

― ¿P-pero qué hablas, idiota? ― Le preguntó Marco con molestia y desesperación. ― ¡Esto no es un maldito anime! Cuando uno se estrella así contra algo hay que llevarlo al hospital para asegurar que…

Mientras hablaba, el sujeto que yacía en el suelo abrió los ojos de par en par, y como si de un androide guerrero se tratara se levantó de golpe, para luego sacudirse las hojas del cuerpo con una buena agitada.

― ¿Ves? ― Preguntó el de los lentes. ― Erik es así. Él está más que bien.

― ¡COREL, YA VINE! ― Gritó entonces el presunto Erik. ― ¿Dónde está? ¿DÓNDE ESTÁ ALICE? ¡Espero viniera sola!

Ah, era el sujeto de la llamada telefónica de hace apenas unos instantes. Ya fijándose bien, se encontraba agotado, con la respiración agitada y con su uniforme cubierto de sudor. ¿Es que vino corriendo a toda velocidad ante la sola posibilidad de encontrarse con Alice en la explanada? Eso era… bueno, era muy tonto. Pero para Marco no lo era tanto… en cierto modo, comprendía al sujeto de cabello castaño claro corto y baja estatura.

― Por desgracia Alice no está aquí, viejo ― Le explicó Corel, negando con la cabeza un par de ocasiones mientras llevaba su mano hasta su hombro, condescendiente. ― Pero, ¡mira! Me he hecho amigo de su novio.

― ¡¿Su novio?! ― Erik dirigió su mirada furibunda hasta Marco, que observaba la escena con desinterés. ― ¿Seguro que no te ha engañado para golpearnos a los dos?

― Tranquilo, se llama Marco y ya ha probado ser uno de los nuestros. Nos espera a los cuatro una larga y próspera amistad.

Tantas cosas estaban mal en aquel comentario de Corel, y sin embargo el joven escritor prefirió hacer silencio. Tenía el presentimiento de que si se mantenía al lado de esas personas cosas malas pasarían, así que simplemente se dio la vuelta y echó a andar, esperanzado a que esta vez le dejaran partir.

...Pero por supuesto que no fue así.

― ¡Oye, e-espera Marco! ― Exclamó a sus espaldas Erik, por tal acto Marco suspiró con pesadez. ― Hay muchas cosas que deseo preguntarte.

― En serio preferiría que no lo hagas… por favor déjenme ir. ― Suplicó, ya cansado y aburrido de convivir con ellos. ― Por más que mi uniforme escolar lo sugiera, no soy un estudiante con cientos de horas de tiempo libre como ustedes.

― Mira Erik ― Señaló Corel, entusiasmado. ― ¡ya somos tan amigos que nos hace comentarios hirientes!

― Pues yo no lo considero mi amigo ― Se apresuró a asegurar el de cabello castaño. ― Es tan celoso y dominante con mi Alice que casi te agarra a golpes por querer guiarla hasta mí. ¿O ya lo olvidaste?

― Ah, eso fue un malentendido, verás...

― Oigan, oigan, oigan. ― Marco resopló. ― rascándose la cabeza con notoria impaciencia. ― Estoy seguro de que ustedes son un par de buenas personas con personalidades divertidas y demás. Pero, quiero aclararles un par de cosas antes de que sigan, ya que igual parece que no me van a dejar irme. Primero: no soy su amigo. Segundo: no lo iba a agarrar a golpes por eso, creí que trataba de aprovecharse de ella porque tiene toda la pinta de un degenerado sexual. Y finalmente, y más importante que todo lo demás junto: Alice NO ES tu Alice. Así que hazme un favor y deja de llamarla así.

Suspiró hondo, esperaba con lo dicho ahuyentarlos, no conocía a nadie que fuese capaz de tolerar tan crudas expresiones por parte de alguien que acababan de conocer. Aunque, para su sorpresa creciente, no fue así. De hecho, y contra todos sus pronósticos, parecían incluso estar físicamente más cercanos a él que hace apenas un momento.

― ¡Pero qué carácter! ― Exclamó Corel, con brillo en los ojos. ― Eres todo un hombre maduro, ¿no es así? Erik, préstale atención a este sujeto. Es tu rival en el amor, y no va a dejar ir a su chica aunque ahora sea nuestro amigo.

―Eso lo sé ― Replicó el otro, apretando los puños. ― Ahora sé por qué se ganó el corazón de mi amada... tiene lo que yo no tengo: la madurez de un adulto.


Esos tenían que andar de broma. ¿No es así? No era posible que existieran un par de tipos tan... tan... bueno, tan Corel y tan Erick. Ya resignado, dándose cuenta que no podría ahuyentarlos con palabras hirientes ni con indirectas, decidió ser franco. Utilizó lo aprendido de sus recientes conversaciones con Alan y con Claudia para dar final a los malentendidos.

― No soy lo que ustedes creen. Verán, no soy maduro desde ningún punto de vista, quiero hacer de
mi vida una gigantesca competencia cuando hay cosas mucho más importantes ocurriendo a mi alrededor, y esa idea que han tenido todo este tiempo desde aquel encuentro con Corel, de que soy el novio de Alice y todo eso... bueno, no somos novios. ¿Bien? Solo soy un amigo que quiere verla cumplir sus sueños... todo comenzó hace unos meses, cuando...

¿Por qué acabó contando toda la historia a un par de desconocidos que no paraban de darle malas impresiones? Bueno, Marco no estaba completamente seguro, pero no le parecían sujetos del todo malos. Exageradamente idiotas, quizás, pero no malos.

Por alguna razón, mientras relataba lo ocurrido a sus dos acompañantes, acabó acompañándolos dentro de un restaurante atendido por camareras con vestidos provocadores y adorables de distintas series de animación japonesa donde todas las empleadas conocían ya a Corel y a Erik por sus nombres y hasta sabían de memoria sus bebidas preferidas. Decidió no presentar queja alguna, la verdad eran un lugar bastante... acogedor, y las bebidas eran muy ricas... sí, eso.

― Ya veo, entonces no es tu novia, pero si te gusta ― Observó Corel, rascándose la barbilla. ― Entiendo... si me permites agregar, diría que tú también le gustas a ella, muy para desgracia de mi amigo aquí presente.

― No es para nada una desgracia ― Aseguró Erik, con un inconmensurable alivio impreso en su rostro franco. ― Por tanto tiempo creí que este desgraciado me había robado el mandado... pero en realidad, resulta que aún hay algo de esperanza para mí. ¡Incluso si a ella le gusta, no son nada oficial! ¡Puedo luchar por ella!

― ¡El campeón se levanta de las cenizas! ― Exclamó Corel, hablando como un narrador de lucha libre. ― ¿quién ganará esta carrera parejera por el corazón de Alice Delaware? ¿El escritor adinerado que va a la escuela con ella, que es su mejor amigo y confidente, que la ha abrazado, que la ayuda y pasa prácticamente todo el día a su lado, o el sujeto sin dinero que la ama con obsesión desde la secundaria y nunca le ha hablado a solas? ¡Pongan sus apuestas, caballeros!

― ¡NO ME MATES, COREL! ― Gritó Erik con lágrimas en los ojos. ― ¡No es mi culpa que sea tan linda que no pueda hablarle! ¡Y tampoco es mi culpa que no sea bueno para escribir! Lo mío lo mío es comer jamón y ya.

― ¿Ja...món? ― Preguntó Marco, extrañado. ― Eh... en fin, te entiendo. De no ser porque Alice y yo tenemos la escritura en común igual se me hubiese dificultado mucho hablarle. Es algo extraño, ya que en realidad es muy abierta y amigable con todo el mundo, pero supongo que cuando alguien te gusta no puedes evitar portarte un poco extraño a su alrededor.

― ¡TÚ SÍ ME ENTIENDES, PELADO! ― Gritó nuevamente Erik, golpeando la mesa con increíble fuerza y desconsideración hacia los otros clientes y los empleados. ― A partir de hoy, además de ser mi rival en el amor, ¡te declaro mi hermano! Yo no puedo hablar de romance ni con Corel ni con Armando, porque uno solo piensa en lolis y el otro en crear historias, y en lolis. Pero contigo en nuestro grupo, ¡todo va a mejorar para el viejo Erik!

― ¿A que encontré un buen recluta para nuestro grupo de amigos? ― Preguntó Corel, asintiendo una y otra vez con notorio orgullo. ― Desde que me lo encontré hace rato, me dije a mí mismo "Corel, este es el mosquetero final".

― ¿En serio siguen con eso?

En vez de irritarse, esta vez Marco rió levemente. Incluso luego de contar toda la verdad sus tonterías prevalecían.

― ¿Y por qué no? ― Preguntó Corel, tras dar un buen trago a su limonada. ― No pareces ser un mal tipo, seguro haces buen papel de amigo.

― Eh... bueno, yo creí que solo querían pegarse a mí por el hecho de que pensaban que salía con Alice. Supuse que si les contaba toda la verdad me dejarían en paz y seguirían con sus vidas.

― Tal vez en un inicio esos eran nuestros planes, pero ya no más. Es una pena, no eres muy buen material de enseñanza ya que a pesar de llevarte muy bien con Alice no has logrado conquistarla, y eso planeaba aprender de ti para luego ganártela ― Admitió Erik, con un puchero. ― Pero, incluso cuando no eres de utilidad para mis propósitos románticos, pareces ser un sujeto divertido. ¡Vayamos a conquistar el mundo juntos!

Perplejo, Marco observó en silencio a los dos sujetos. Había llegado a la conclusión de que estaban locos desde hacía un rato, y ellos no se cansaban de confirmárselo.

― Entonces, se encuentran a un sujeto aleatorio en la calle, lo tratan un rato, y a pesar de concluir que no tiene una cualidad única que les sea de interés o de utilidad, ¿lo aceptan como a un amigo? ¿Así de sencillo?

― Marco, viejo... ninguno de nosotros es un maestro o un experto en algo. ―Aseguró Corel, franco y relajado. ― Tal vez en tu escuela sea muy común encontrarte con genios y prodigios de todas las ciencias y artes, pero nosotros somos gente normal. No esperamos grandeza de la gente, solo esperamos amistad.

Dejando de lado el hecho de que era un degenerado lolicon, Marco concordaba con las palabras del muchacho de las gafas. La amistad era una de las cosas más puras de las cuales tenía conocimiento. El que un par de sujetos aleatorios quisieran su amistad sincera a pesar de recién haberle conocido, realmente le creaba una satisfacción grata, en suma a una inspiración evidente a la cual daría uso más adelante frente al teclado.

― Además, es probable que a Armando le guste conocerte. ― Agregó Erik, sonriente. ― Él sueña en convertirse en un escritor de la ALE, así como tú comprenderás.

― Aunque ya será luego que lo conozcas ― Apuntó el otro, cruzándose de brazos. Hoy ya lo rechazaron los editores, así que estará encerrado en su cuarto trabajando en una nueva historia.

― Lamento que lo hayan rechazado ― Comentó Marco, condescendiente. ― Hace rato estaba recordando cuando a mí me rechazaron, y es verdaderamente doloroso.

― No lo sientas. ― Le tranquilizó Erik. ― A él lo rechazan casi a diario. Ya está acostumbrado.

― ¡¿A DIARIO?!

Esta vez fue Marco el que gritó. ¿Cómo era posible que a alguien le rechazaran a diario en la explanada de la ALE? Por mera ley de probabilidades tendría que haber pasado de la primera etapa al menos una o dos veces, a no ser que en verdad estuviese haciendo algo mal.

― La escritura no es su mayor fuerte ― Admitió Corel, suspirando bajo. ― Pero, su abuelo fue un gran relator de historias... la próxima vez seguro se nos une, entonces él mismo te contará su sueño. Así como Erick sueña con casarse con Alice, y yo sueño con mis chicas virtuales, él tiene un gran sueño por igual.

― Algo me dice que tus patéticas fantasías no entran en la misma categoría que las de Erik y Armando... ― Despreció Marco, estremeciéndose con disgusto. ― En fin... creo que por ahora me iré. Tengo que trabajar en mi nuevo proyecto.

― Pero...

Ya sabiendo lo que dirían ambos, Marco se apresuró y sacó de su billetera una tarjeta de presentación con su número escrito y un billete para pagar la cuenta, y otro par de cuentas más.

― Ahí está mi número. Llámenme el fin de semana, a ver si vamos a patinar o a hacer lo que sea que la chaviza loca ande haciendo estos días. Hasta luego.

Marco abandonó aquel restaurante con un buen sabor de boca. No por las meseras (que ayudaban bastante), sino porque, pese a todo, aquellos sujetos le agradaban. Nunca fue bueno haciendo amigos hombres, y gracias a ellos y a Anthony, comenzaba a sentir que incluso para gente como él había esperanzas de una buena amistad del mismo sexo.

Mientras subía a un taxi y pedía ser llevado a casa, una llamada entró en su teléfono: era Alice. Sin pensárselo dos veces, contestó.

― ¿Qué hay, Alice? ¿Cómo te fue con Yao?

― Oh my god, ¡en serio eres un chico! ¡Mamá no mentía! ― Exclamó una voz femenina desconocida. ― Hi there, te habla Melissa, hermana mayor de Alice.

― ¿Alice tiene hermana? ― Preguntó Marco, boquiabierto. ― Nunca lo mencionó.

― Sí... ella no me menciona mucho... creo que no soy su persona favorita... pero sí que tiene una hermana mayor. Escucha, ¿estás muy ocupado ahora mismo? Me gustaría vinieras a nuestra casa a charlar, Alice ha salido, y quisiera que llegaras antes de que vuelva. ¡Hurry up!

Marco observó la hora indicada en el reloj del taxi. Tenía que llegar a casa y trabajar en su proyecto, a pesar de haber estado escribiendo sin parar durante toda la semana aún estaba algo atrasado, y peligraba llegar al lanzamiento en la fecha deseada. Pero, por otro lado...

―Está bien ―Accedió, cediendo a sus instintos. ― Estaré ahí en unos veinte minutos.

_________

A pesar de haber partido desde el mismo sitio, los cuatro escritores de la clase 202 tuvieron días muy distintos uno del otro. Incluso habiendo compartido momentos de interacción entre ellos, dichos momentos significaron algo diferente para cada uno. En ese momento ninguno de ellos lo sabía, pero sus vivencias recaudadas a lo largo del día más largo del verano, serían herramientas cruciales que los ayudarían a definirse años más adelante como los rostros de una generación. Pero eso ya lo contaremos más adelante.

Incluso cuando el sol estaba ya oculto, el final del día no había llegado aún, Las calles de la ciudad, iluminadas por sus luces nocturnas, resguardaban entre ellas el cierre de cada uno de los jóvenes artistas en crecimiento.

Anthony, por ejemplo, fue descubierto por la noche cuando recorría el camino en su moto. Sabía que no podía volver a su casa. No en ese momento. Así que buscó refugio en un hotel de buena calidad con servicio a la habitación y bañera. Mientras miraba la televisión, vistiendo una bata blanca y comiendo un suculento trozo de carne con una gigantesca papa asada a un costado, escribió un mensaje de texto.

"Lamento haberme puesto así en la tarde. Lo he pensado mejor y... estoy dentro, avísame los detalles luego. Por cierto, no tengo donde quedarme... ¿podrás ayudarme a conseguir un buen departamento?".

Claudia, por su parte, llegó a casa cuando ya era muy tarde. Despierto solo se encontraba su hermano mayor, que comía un emparedado de mantequilla de maní con un vaso de leche.

― ¿Estoy en problemas? ― Le preguntó en voz baja, sabía que sus padres trabajaban desde muy temprano, así que no quería despertarlos o importunarlos de ninguna manera.

― "Le dices a Claudia que cierre cuando llegue" dijo mamá ― Respondió el hermano, encogiéndose de hombros. ― Ellos confían en ti. Saben que no andas en malos pasos, pues eres demasiado mojigata para eso.

― ¡Oye! ― Exclamó ella en reproche, sin elevar su tono de voz demasiado. ― Debes aprovecharme ahora que soy así, cuando me lleguen los novios vas a añorar a tu hermanita en casa.

― Para entonces tendré a mis nietos para llenar ese vacío que vas a dejar, no te preocupes.

― Grosero ― Se quejó la chica, dándole un zape y fintando con abandonar la cocina para meterse en su cuarto.

― Leí el fragmento ese que me dejaste en mi escritorio ― Le hizo saber, antes de que abandonara la habitación. ― Ha sido muy divertido y fresco.

Claudia se detuvo en seco. Tras escuchar aquello, detuvo el florecer de una boba sonrisa de esperanzada alegría en estado puro.

―¿En serio? ― Preguntó, buscando cerciorarse de que no estaba siendo víctima de una de sus crueles bromas. No se volvió, solo esperó una respuesta con creciente impaciencia.

― En serio ― Aseguró, cruzándoze de brazos. ― Es muy... loco e interesante. Muero por saber más de ese Alejandro y de esa Emily.

Satisfecha por aquella respuesta, Claudia huyó escaleras arriba con una gran sonrisa de satisfacción y orgullo dibujada en el rostro.

Y en cuanto a Alice... bueno...

― ¡¿Es que tú tienes que ganar en todo siempre?! ― Le espetó Alice con desprecio, fulminándola con la mirada. ― ¿Quién te crees que eres, eh?

― ¿S-sis, pasa algo? ― Preguntó la mayor, abriendo sus inmensos ojos de cachorrito adorable. ― ¿Por qué estás tan molesta conmigo?

― ¡Te diré por qué, Melissa, si es que ese es tu verdadero nombre! Desde que nací te has encargado de dejar en claro una sola cosa: eres mejor que yo. Cuando estaba en primaria, mamá solía mostrarme tus viejas boletas de calificaciones cada vez que me ponía orgullosa por sacar un 9 en ciencias naturales o en historia. "Ponte así de feliz cuando logres lo que Melissa, puros dieces en todas las materias" decía ella. Cuando gané aquella carrera de bicicletas, opacaste mi victoria completamente siendo seleccionada como capitana del equipo de voley de tu escuela secundaria. Cuando quise aprender karate, ¡decidiste ir y ganar una medalla de oro en no sé qué durante los juegos norteamericanos!

― Fue durante los juegos panamericanos, actually ― Le corrigió, en voz baja y tímida. ― Y la gané en...

― ¡Eso no importa ahora, Melissa! El asunto es, que toda mi vida me he visto humillada por tu magnificencia. ¡Eres la hermana lista, atlética, culta, y hermosa! ¡Lo entiendo! Eres esa hermana que cuando iba a dejarme el almuerzo al salón cuando lo olvidaba en la secundaria me dejaba también una horda de hombres preguntando por ti. Eres ese "¿Eres la hermana de Melissa, verdad? Debes estar orgullosa" constante en mi vida. ¡Siempre me han recordado lo perfecta que eres, lo sé mejor que nadie! Sé que has ganado concursos de belleza y de ciencia por igual, sé que tienes una beca completa en el extranjero, ¡sé que vas a ser la futura presidenta de la nación!

― N-no creo que me guste el modo en que usas mis logros para insultarme, s-sister... it hurts.

― Entonces tápate los oídos porque no se va a poner más bonito que esto. Porque incluso cuando he felicitado tus victorias y me he resignado con un papel secundario y silencioso en esta familia, te atreves y traes a mi amigo a casa. ¿Quién te crees, eh? No me importa que seas mi hermana, ¡no me importa que quieras ser la más perfecta en todos los aspectos de la vida! NO quieras robarme a mis amigos, nunca. ¡NO TE ATREVAS!

― Pero Alice ― Se interpuso su madre, desde la cocina. ― Tu hermana solo...

― ¡No mamá. no la defiendas! ― Interrumpió Alice, girándose para fruncirle el ceño a la autora de sus días. Sin embargo, en el camino se percató de que también Deb estaba presente. Y a su lado, estaba aquel sujeto gracioso de la escuela que siempre le hacía reír solo con ver su rostro y cuyo nombre no conocía. ― Eh... ¿Qué es esto?

―... tu party de celebración por ganar aquel concurso...

Tras decir aquellas palabras con su voz apagada, Melissa corrió escaleras arriba, dejando tras de si un frío y sepulcral ambiente. Con irónica tragedia, la pancarta hecha a mano con el texto "¡Congrats, Alice!" que colgaba justo encima de la chica, cayó a sus pies.

― La dibujó Melissa mientras no estabas ― Explicó el abuelo, que estaba fuera de la sala por la ocasión especial. ― Si quieres puedes pisarla así como acabas de pisarle los sentimientos, ¡JAJAJAJÁ!

― ¡Abuelo! ― Riñó el padre de Alice. ― No le eches en cara a Alice lo que hizo, o también va a destrozarnos a todos con sus frías y desalmadas palabras. No estamos seguros ahora mismo.

Alice se giró en dirección a todos los presentes con violencia.

― ¿Entonces soy yo la mala? ― Preguntó, cruzándose de brazos. ― Claro, ella planeó todo esto para mí porque hace rato le dije que buscaba ser escritora, pero lo que dije es verdad. Ella en serio es la señorita perfección y yo...

― Tal vez tu padre y yo hemos tenido la culpa por compararte injustamente con tu hermana en el pasado, Alice... y tal vez otra gente ha cometido el mismo error. Pero piénsalo, ¿Melissa es culpable de eso? ¿Se merecía ella los golpes que acabas de soltar?

Toda su vida, Alice reprodujo sus recuerdos referentes a vivir a la sombra de su hermana desde una perspectiva celosa, teniendo a Melissa como una villana. Pero, tras las simples palabras de su madre, una película distinta se reprodujo: aquella donde podía observar a su hermana señalándola entre los miles de espectadores en las gradas tras anotar un punto vital en las finales de vóley, donde su hermana se desviaba diez calles para entregarle su almuerzo solo para que no pasara hambre, donde le protegía de los niños grandes que trataban de molestarla... durante años enteros, Alice se hizo a la idea de que su hermana la perfecta hacía sombra a su pequeña existencia, cuando en realidad... Melissa solo era ella misma, y nunca descuidó a su hermanita mientras tanto.

Vaya hermana menor tan ingrata era.

―... Melissa me llamó en la tarde, y cuando vine me dijo que tus padres le contaron de tu victoria en el concurso semanas atrás, y que por eso vino... dijo que tenía un regalo para ti en tu cuarto. ― La explicación de Marco, aunque dolorosa y vergonzosa, traía conocimiento real a Alice de lo que en realidad había ocurrido, y reiteraban cuan estúpida había sido justo recién. ― Dijo que te mintió cuando dijo que no sabía nada de tus planes de escritora para sorprenderte con una fiesta, y hasta dijo que tus padres iban a comprar una comida que tú odiabas cuando en realidad fueron a comprar toneladas de comida china, tu favorita...

― Ya veo... ― susurró ella, agachándose para sujetar la pancarta de felicitación que Melissa había hecho para ella. La fue envolviendo en rollo mientras volvía a levantarse. ― iré a hablar con ella...
Aún con la pancarta entre sus manos, Alice subió las escaleras con pesadez, tenía miedo de haber dañado demasiado a su inocente hermana, y ahora que sabía que era ella la única villana, tenía que reparar lo realizado por mucho que le incomodaran esa clase de confrontaciones.

Entró a la que era la vieja habitación de Melissa. El cuarto estaba completamente a oscuras, y en la cama se podía apreciar a una silueta temblorosa y sollozante recostada, abrazada a si misma. O esa era Melissa, o tenían que mudarse con urgencia.

― ¿Melissa? ¿Estás bien? ― Preguntó, acercándose lentamente.

― No, no estoy bien ― Respondió al instante, con la voz quebrada. ― Me odias... mi propia hermana me odia.

― Y-yo no te odio, Melissa... creí que lo hacía, pero ahora entiendo que no te odio... solo odio que me comparen contigo... odio que me recuerden lo superior que eres a mí... porque... bueno, tengo celos. Siempre los he tenido.

Melissa se giró en dirección a su hermana, primero de reojo y luego optó por girar todo su cuerpo recostado para observarla de frente. El rimel corrido en su rostro la hacía ver aterradora en la oscuridad, pero Alice no hizo comentario al respecto al saber que era su culpa que estuviera llorando en primer lugar.

― ¿Y por qué tienes celos de mí, sister? Todo lo que yo he logrado, tú podrías también lograrlo si te lo propusieras.

Alice rió bajo, negando un par de ocasiones.

Para ti es fácil hacerlo todo, hermana... para mí no es tan sencillo... por eso, cuando descubrí la escritura me aferré a ello con uñas y dientes... porque es tal vez, la única cosa donde puedo rebasar a la media, cosa que tú haces en prácticamente todo.

― Cuando mamá me contó que querías ser escritora me puse muy feliz por ti, y le dije "mamá, Alice siempre ha sido muy imaginativa y creativa... hacer historias es algo que se le da bien". ¿Recuerdas cuando éramos pequeñas, y durante los viajes familiares jugábamos a ser personajes de superhéroes que tú misma inventabas? Hacías nombres, inventabas historias para cada héroe e inventabas villanos de la nada... era muy divertido jugar con lo que fuera que tú crearas, incluso cuando era todo imaginario.

Alice hizo una mueca, moviendo sus ojos en direcciones varias mientras comenzaba a recordar aquello que su hermana le traía de vuelta. Era cierto, cuando viajaban a la ciudad natal de su padre teniendo apenas 5 o 6 años, solía inventar historias de heroínas e invitaba a Melissa a jugar con ella todo el tiempo. Lo había olvidado.

― Lo siento mucho, Melissa... ― Se disculpó, arrodillándose frente a la cama, para tomar a su hermana mayor por las manos. ― Hoy hiciste algo muy especial para mí... y yo te hice llorar por mis estúpidos complejos. Me enorgullezco de que alguien tan perfecto sea mi hermana, y siempre espero seguir contando contigo.

― Lo siento igual... no tenía idea de que te sintieras así... yo no quiero que vivas a mi sombra, Alice... yo quiero que como yo, des el máximo para cumplir tus sueños, y seas la mejor en lo que decidas serlo. Como tu hermana mayor, deseo lo mejor para ti.

Y tras aquellas sinceras palabras, las hermanas Delaware se fundieron en un fuerte abrazo prolongado que duró lo que necesitó durar. Ambas estaban muy felices, y más unidas que nunca.

Melissa preguntó a Alice por las mayores novedades en su vida. Ella le contó de Yao, su editor chino-afroamericano, de los señores Gambino, de Marco, de como ya no era más amiga de Claudia ni de Anthony, de sus historias, de sus ambiciones de superar a Ten Zero y de cuantas cosas se le vinieron a la mente. Por primera vez, Melissa escuchó sin hacer comentarios sobre su propia vida... ella solo se limitó a expandir aún más en lo que su hermanita tenía por contar.

―... ¿Y qué hay de los chicos? ― Preguntó entonces Melissa, mientras hacía una trenza a la otra Delaware. ― Cada vez le hablas a más de ellos, así que sospecho que ya has llegado a esa edad.
― Bueno, no creo haber llegado a ESA edad, pero el otro día me alteré mucho, cuando Marco...

― ¡Como me alegro que hayas mencionado a Marco! ― Exclamó Melissa, aliviada. ― Estaba muy preocupada de que sintieras algo por Ted.

― ¿Eh? ¿Quién es Ted?

― Ya sabes, el chico que está abajo. Cuando mamá me dijo que ya no te llevabas bien con Claudia, tuve un momento difícil pensando en a quien invitar. Papá sugirió a Marco y Kevin a Debité, pero aún con ellos me parecían pocos invitados... como olvidaste tu celular, revisé los contactos y vi a uno llamado "amigo", así que supuse que sería tu amigo y lo invité.

― ¡Ah, ahora recuerdo! ― Alice asintió, soltando una carcajada tremenda. ― Es que el tipo siempre me hace reír cuando lo veo en la escuela, así que un día me acerqué y le pedí su número respondiendo a un reto de Anthony.

― ¿Cómo no te va a dar risa, si se pasea por todos lados con un osito de peluche? ― Comentó la hermana, acompañándola con una risita burlona. ― Cuando le pregunté por él me ha dicho que es su protector.

― ¿Eh? ¿Cuál oso?

Ambas estallaron a carcajadas, como nunca antes lo habían hecho. Ese día, donde Alice lamentó hasta el cansancio la llegada de su hermana, acabaría agradeciéndolo y celebrándolo para siempre, pues fue precisamente ese día donde se unió con su hermana como nunca antes imaginó que lo haría.

Para cuando ambas bajaron, hambrientas, ya todos los invitados se habían ido. Quedaban en la mesa únicamente sus padres, su hermano y el abuelo. Bromistas, animadas y sonrientes, cenaron con toda la familia. Eso sí, sentadas una al lado de la otra.

Alice acabó con unas cincuenta raciones antes de subir escaleras arriba con el estómago inflado, pero apenas entró a su cuarto, se desinfló entera de la mera sorpresa: Una flamante laptop con una fachada en textura color negro metálico, amplio monitor y teclado inmenso le aguardaba al centro de su cama, con un moño rosado pegado a la esquina superior izquierda del monitor.

― Es el modelo más reciente ― Explicó Melissa, que iba llegando a sus espaldas, y detrás de ella su madre igualmente se adentró al cuarto. ― Tiene un lector de tecnolibros integrado, todos los programas que necesitas para escribir e investigar, también tiene la app oficial de la ALE, donde podrás leer cada revista en el instante en que es publicada. Es de suscripción mensual, pero no te preocupes que te he pagado una membresía de un año. También...

Melissa no pudo continuar hablando, pues Alice se prendió de su cuerpo, y la abrazó con todas las fuerzas que encontró en su interior.

― S-sister, a-acabamos de comer... v-voy a explotar...

― Gracias... gracias Melissa...

― Te lo dije antes, ¿no? Quiero que cumplas tus sueños.

― Pero... ― Alice se separó de ella, dubitativa. ― ¿Cuánto te ha costado esto? E-estas son carísimas, incluso usadas... esto... es...

― Oye, no te preocupes por eso ― Le riñó la mayor, sonriente. ― Recuerda que tengo beca completa. Además, mamá y papá también cooperaron. Toda la familia invirtió para ayudarte a ser la mejor escritora del mundo, tal como aspiras a ser.

Buscando el rostro de su madre, Alice se encontró con un asentimiento de la mujer, que extendiendo sus brazos la abrazó con arropo y cariño.

― Como dice Melissa, no pienses en el precio... en esta familia, nos ayudamos para salir adelante. Y si quieres pagar nuestra confianza, ¡ponte a escribir en ella, mijita! Ah, y mañana en la mañana dale un beso a tu papá, que es el que más al pendiente anduvo de que compráramos la correcta.

Más temprano se prometió a si misma que ya no iba a llorar, pues ya había llorado demasiado en los días anteriores, ¿pero cómo no iban a salírsele las de cocodrilo con esos familiares tan desgraciados que la ponían sentimental?

Muchos abrazos, besos, lagrimeos y agradecimientos mimosos luego, Alice se encontró sola en su habitación. ¡Vaya día tan largo y bipolar experimentó! Comenzó de mal humor, luego se mostró rabiosa, luego estuvo destrozada anímicamente, luego se recuperó gracias a Anthony y luego se cayó nuevamente dejándose llevar por la ira, luego se vio sumida en el arrepentimiento, para ser arrastrada por la felicidad y la gratitud a un buen final. Ciertamente fue una experiencia única, y se alegraba de haberla vivido.

Tomó asiento en su cama, y presionó el botón de encendido de su nuevo bebé. El poder de la precisa y perfecta maquinaria japonesa se hizo presente con el discreto y casi inexistente ruido de su funcionamiento.

La computadora encendió de un instante a otro, nada de pantallas de carga, o incómodas y largas esperas mientras el escritorio carburaba. Nunca más tendría que encender su computadora desde que se subía en el autobús para poder utilizarla en la biblioteca.

Orgullosa y emocionada, abrió un documento de Word, se tronó el cuello, y comenzó a escribir. Olvidando por completo que estaba bloqueada y emocionalmente indispuesta. Escribió como una máquina durante toda la noche, aun sabiendo que a la mañana siguiente lo lamentaría en la escuela.

Fin


Una historia de amor. Por Erik.

Odio esta ciudad.

Está llena de recuerdos que quisiera olvidar.

Despertarse temprano, desayunar, ir a clases, regresar al hogar al que no quiero regresar... ¿qué hay de especial en eso? ¿Podré seguir de esta forma tres años?

En eso pienso mientras subo por aquella molesta colina, con el resto de los estudiantes, como parte del ganado.

El florecer de los cerezos estorba mi vista. Escucho a los alrededores como las estudiantes lo consideran romántico y hermoso, pero para mí es un fastidio.

Es entonces, cuando ocurre.

Esa chica delgada, de cabello castaño oscuro, con una presencia débil, frágil, que se mantiene quieta en medio del camino, mientras todos la rebasan. Mantiene sus grandes y vivaces ojos marrones en el suelo, como si estuviera pensativa.

Nunca la había visto antes, ¿será nueva? ¿Una estudiante de intercambio, acaso?

― ¡COMO SE ME ANTOJA UNA CHIMICHANGA! ― Gritó de pronto, llamando la atención de todos los presentes. Me detuve de golpe a un costado de ella, tan sorprendido como el resto. ― ¿Te gusta esta escuela? A mí me gusta... pero no venden chimichangas en la cafetería.

Esas palabras que dijo la chica que nunca antes había visto no eran para mí. Tal vez hablaba con alguien en su corazón.

― Hay tortas, hamburguesas, papitas con queso... ― Continuó, monologando con profundidad en su interior. ― Pero nada de eso llena de felicidad mi alma como una buena chimichanga... e incluso las chimichangas no son eternas... nada dura para siempre. Aún así, ¿puedo seguir amando este lugar?

― Solo debes encontrarlo.

No sé que me motivó a hablar, solo sé que ella se giró inmediatamente a mí, en el justo momento en que la briza elevaba los pétalos de cerezos creando un ambiente místico, único que nunca antes había presenciado. Creo incluso haber escuchado una emotiva melodía de fondo elevarse en ese preciso instante, pero tal vez fue solo mi imaginación.

Sus hermosos ojos se centraron en los míos, su cabello danzó con el viento. En su rostro sorprendido, podía verse cuan poco se esperaba una respuesta de mi parte, o de parte de cualquiera. Eso solo la hacía ver aún más preciosa.

―... digo que debes encontrar nuevos platillos en la cafetería... platillos ricos, platillos felices. ― Hice una pausa, para observar al frente. Nos estábamos quedando atrás. ― Vamos, sigamos...
Comenzamos a caminar, por el largo, largo, camino de subida.

Más tarde, me entero que uno de los grupos de primer año desaparecerá y será absorbido por los restantes, así que varios nuevos compañeros entran a nuestra aula. Aquella hermosa chica... la chica chimichanga, está entre ellos.

La encontré... encontré a ese alguien especial. El motivo de levantarme cada mañana, de subir esa colina, de estudiar esas difíciles materias... estoy seguro que si hablara con ella, si pasara el tiempo a su lado, pronto me enamoraría de ella, y la haría mi otra mitad. Juntos ayudaríamos a tantas personas buenas en esta ciudad, que entendería lo hermoso e importante que es en realidad este sitio para mí... estoy seguro de que ella es mi salvación, de que es la luz al final del tunel.

Maldigo que sea tan tímido que no pueda volver a hablarle.

Pasan los días, pasan las semanas, y no me atrevo a acercarme siquiera. Estuve tan genial aquel día, ¿por qué no puedo repetirlo?

― Tal vez necesitas ensayar con una almohada o algo así. ― Me sugiere Rogelio, mi mejor amigo, un compañero sabio y serio al cual admiro y respeto mucho. ― Ahora hazte a un lado, estas sardinas asadas necesitan que el fuego respire.

Y hago como él sugiere. Practico todo el día, toda la noche. Saludo a mi almohada imaginando que es ella con distintas entradas, y luego trato de elegir mi favorita para iniciar el dialogo. Incluso, cuando me aburro practico otras cosas con ella, si saben a lo que me refiero.

Me toma un tiempo, pero finalmente me siento listo para hablarle. El primer año ya va a terminar, y estoy determinado a hablarle antes de que termine el curso. En el aula, me acerco lentamente hasta ella, agacho la mirada, y con todas mis fuerzas digo:

― Alice, hola.

Ella se vuelve hacia mí, pero esta vez no hay efectos místicos provocados por el viento y las flores pues estamos en un aula cerrada. Me mira por varios segundos, y ladea un poco la mirada.

― Hola... ― Saluda de vuelta, extrañada.

Nos quedamos frente a frente, en silencio. Un silencio demasiado largo y doloroso... en serio, ¡alguien pare ese silencio! Durante meses me preparé para saludarla, pero nunca imaginé que haría luego de que respondiera el saludo. Maldición, si que es un silencio largo. Tiene que ser el silencio más largo en toda la historia.

Me doy la vuelta, dispuesto a huír para lamer mis heridas y vivir para seguir intentando luego, pero algo detiene mi avance inminente. Es ella, me sujeta del suéter. Se le ve sonrojada, cabizbaja. ¿Acaso... ella siente lo mismo que yo? ¿Ella también ha sido incapaz de hablarme todo este tiempo por la timidez?

― Espera... ― Me dice, cada vez más roja y temblorosa. ― Yo...

Sí. Sí. Lo que sea que estés a punto de decir. SÍ, MIL VECES SÍ.

― Creo que lo he encontrado... lo que me dijiste que encontrara... pero no fue en la cafetería.

Lo sabía, princesa. Sabía que eras especial desde ese preciso momento, y ahora finalmente mis esfuerzos rendirán frutos, estaremos juntos. Siento su mano temblorina soltarme lentamente, y yo me giro, apenas aguantando las ganas de lanzarme sobre ella en un gigantesco abrazo.

― Verás... la comida que hace tu amigo Rogelio se ve muy deliciosa. Solo que me apena pedirle un poco...

¡YO TAMBIÉN TE AM... ¿Eh?

― é-él no comparte la comida que prepara con nadie... ― Explico, aturdido. ― A-a mí una vez me mordió por tratar de tomar un camarón frito...

― Es una pena ― Dice ella, suspirando bajo. ― Se ve realmente deliciosa... y no puedo explicarlo, pero hay algo realmente atractivo en un chico que ignora toda regla escolar para preparar alimento en medio del aula. Quien pudiera domarlo...

...

...

Siento como caigo en un abismo de soledad inmenso. ¿Así es como se siente tener un corazón roto?
Salgo del aula sin decir nada, y me voy a llorar en silencio a los baños como una niñita.

No puedo evitarlo... ella siente algo por alguien más... y no puedo competir con él, pues realmente es buen cocinero.

Pero no puedo rendirme. No debo.

Nunca sentí este inmenso sentimiento de cariño hasta que ella entró a mi vida y con una sola palabra me enganchó a su persona para siempre.

"Chimichanga".

Tal vez sea un camino duro, tal vez no tenga futuro lo nuestro... pero, no quiero dejar de amarte, Alice Delaware. Me gusta tu sonrisa, me gusta tu cabello, me gustan tus ojos... todo de ti me gusta.

Y quiero que sea así por siempre.

"Chimichanga".

Hoy perdí una batalla por tu corazón, pero no perderé la guerra.

Mañana seguiré amándote en silencio. Y preparándome para dirigirte la palabra nuevamente.
Y claro... ya no le volveré a hablar a ese maldito Rogelio mal amigo.

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