Lo Último

La historia perfecta

Como mi forma de vivir, esta idea surgió de un sueño.
En mi sueño, pude apreciar una de mis obras de un modo que nunca antes supuse para ella.
Fiel al estilo que he forjado estos años, mi historia era en mi mente un inmenso monte de trama que se extendía hasta los bordes de mi imaginación fantasiosa, pero en el sueño no era así… en mi sueño, era tan sutil y tan corta, que aparentaba ser apenas un bocadillo en comparación al banquete que tenía en mente para ella desde un principio.
Mi idea principal era, para darles una idea, una historia épica carente de altibajos, porque nunca bajaba; la acción, la tensión y el drama podían respirarse en cada uno de los borradores que escribí, y en mi mente me era inevitable dibujar escenas futuras sin una batalla a muerte, o un combate que decidiera el destino del universo… mis deseos de hacer de esa historia una aventura épica sin igual me hacían visualizarla extensa y violenta, lo cual no es malo, pero nunca me inspiró la confianza necesaria para dejar de lado el resto de mis proyectos y concentrarme en darle vida.
El sueño, por otra parte, me regalaba una versión tranquila que elevaba de tono apenas unas notas para desenvolver misterios lentamente y luego volver a bajar a la espera de llegar al próximo punto de elevación en la misma dosis de levedad. El sabor agradable de la fantasía y aventura en dosis pequeñas combinadas con la cotidianidad de un relato de recuentos de la vida, daba una categoría nueva a mi obra.
Ya no era más una historia de fantasía con combates épicos, profecías, deidades y espíritus guardianes… ahora era una historia mágica de misterio que lentamente era capaz de forjar a mis personajes de un modo que nunca hubiese logrado escribiéndola en su formato original. Mi sueño, me regalaba una versión perfeccionada, alivianada, y compactada de la inmensa aventura que ya tenía más de dos años dando vueltas en mi cabeza.
Comprendí que una historia épica no necesita altos puntos de conflicto a todo momento, y que la magia no tiene porque desparramarse sobre el personaje apenas parpadea… puedo obtener mejores resultados con sutiles momentos de misticismo, puedo crear un entorno más encantador sin excéntricas instalaciones de combates o misteriosos rituales ancestrales… puedo hacer una historia más sana y balanceada, centrada en los personajes y en su desarrollo alrededor de un creciente misterio.
Al despertar he pulido mis ideas, y ahora estoy tan alegre que no he podido evitar venir a compartirlo hasta aquí. Visualizo pequeños volúmenes, pequeños en tamaño, pero inmensos en contenido. Veo dentro de ellos una historia fresca y encantadora, capaz de cautivar lo mejor de la fantasía y de lo cotidiano, sin perder en absoluto la esencia característica de mis creaciones.
No es un secreto para aquellos que me conocen mi afición al fútbol, en especial al Club Santos Laguna. Menciono esto, porque nuestro director técnico (Pedro Caixinha al momento en que escribo esta entrada), ha dicho hasta el cansancio un mismo discurso cada vez que echa fuera a un futbolista importante para los aficionados y para la institución, y llega en su reemplazo un jugador más discreto y mucho menos llamativo en cuanto a nombre y rendimiento: “Con la salida de ____ y la llegada de ____ tendremos mayor dinamismo”. Siendo dinamismo la palabra clave en su cantaleta, comprendo y aplico lo que dice en mi propia ejecución. Me explico:
Existen grandes jugadores que han salido de Santos luego de haber dado cosas grandes, aún cuando pudieron haber dado más, la institución consideró que su momento de salida había llegado, y le reemplazan de inmediato por un jugador más discreto que no va a igualarse a él en comparación directa. No obstante, a la larga, se puede apreciar que la salida de ese jugador estrella ha hecho al equipo funcionar mejor aún, pues ya no se juega para que él sea la figura, sino que todos funcionan como un engranaje para hacer del plantel una maquina funcional por donde se le mire. Sin la necesidad de depender de un solo ídolo que en cualquier momento puede errar.
Aplicado en la escritura, los jugadores serían los elementos literarios que elijo para cada una de mis obras. No siempre elijo correctamente los elementos para cada situación, y más de una vez he acabado dependiendo de un elemento en particular para sostener la historia. Si arrebatara alguno de esos elementos claves, mis tramas se caerían a pedazos y quedaría bien claro que más de una de ellas es una masa gigantesca de inconsistencias con una o dos cosas que le hacen rescatarse del montón.

Gracias a mi sueño, he podido apreciar que arrebatando elementos claves a una de mis historias más queridas, y reemplazándolo por elementos más discretos y mucho menos llamativos (pero eso sí, mucho más adecuados para el engranaje) puedo cambiar y revolucionar mi historia hasta un punto que no creí posible. No sobrarán elementos, ni personajes, ni habrán fallas o agujeros en la trama. Será, en teoría, la historia perfecta.

La trilogía de Ookami No Unmei (El destino de Ookami)

Ookami No Unmei (El destino de Ookami)



Sinopsis de la primera parte

Broten es un niño de 6 años que pasó toda su corta vida viviendo en los bosques de las sagradas montañas Demagoro. Un día, llega por accidente a la mansión de los Ozaki, una poderosa y rica familia que vive a las afueras del bosque. Con ayuda de un misterioso medallón que le acompaña desde que tiene memoria, los Ozaki se dan cuenta de que Broten es un miembro de su familia.

¿Qué es esa magia que emana del misterioso medallón, y quién la alimenta? ¿Como fue que Broten encontró su camino de vuelta a donde pertenece? ¿Qué le espera al pequeño que bajó desde el bosque? Las respuestas llegarán conforme el inmenso destino del pequeño se vaya dando a conocer.

Enlace a la primera parte:








Trilogía de Ookami No Unmei (1/3)

Tu destino comienza hoy, mi querido tesoro. El legado de los guardianes depende de ti


Ookami No Unmei

Primera parte: La llegada del pequeño Broten

La mansión de los Ozaki se encontraba ubicada en las afueras de la ciudad capital, colina arriba: a un costado de las sagradas montañas Demagoro. Sus colosales picos nevados, y su siempre viva vegetación, traían siempre hermosas estampas a las fotografías de la impactante residencia. Hacía un tiempo que no se celebraba una fiesta en la mansión Ozaki. La familia más rica del mundo brindaba espectáculos impresionantes a sus exclusivos invitados y no reparaba en gastos: música en vivo, espectáculos pirotécnicos, llamativos juegos electrónicos que solo se encuentran en los mejores parques temáticos del mundo, toneladas de alimento de todo tipo… el evento era todo un éxito, y como era de esperar: el escándalo era inmenso.
Dicho escándalo, asustaba y alteraba a los animales habitantes de las montañas. Las aves huían en grupos inmensos a cada carga de fuegos artificiales disparada, los ciervos buscaban refugio en las planicies más amplias para la seguridad de sus respectivas manadas, y los lobos… los lobos bajaban a investigar.
Vestía con un traje de una pieza hecho con piel de siervo, oscurecido por las manchas de tierra. Iba descalzo, en sus pies se notaba la dureza y el castigo que brindaba la montaña. Llevaba un collar con forma de luna en cuarto menguante en el cuello, aunque el lazo del mismo fue reemplazado por uno de cuero, seguramente porque el original se rompió. Tenía el cabello negro como la noche, largo enmarañado, y en su infantil gesto se dibujaban la confusión y la curiosidad.
Era un niño de apenas unos 7 años.
Bajó por lo restante de la colina hasta toparse con los bordes de la mansión Ozaki. Escaló con resaltante facilidad al pino cercano de mayor altura para observar con amplitud lo que se dibujaba ante sus ojos… ¿qué era todo ese ajetreo? Y más importante aún, ¿qué era esa estructura tan inmensa llena de luces, color y ruido?
Sus ojos azules se embobaron en el espectáculo, fascinados y asustados a la vez por las terroríficas maravillas que veían.
El chico parpadeó indeciso, perplejo; finalmente, y tras pensarlo con detenimiento: se decidió a ir a investigar. Caminó a paso decidido, pero precavido. A cada ruido significativo, corría a esconderse tras lo primero que encontraba. Lamentablemente para su nerviosa existencia: conforme iba alejándose del bosque, el terreno se despejaba considerablemente, y para cuando llegó a los territorios de la mansión ― cubiertos por una muralla de 10 metros ― ya no había donde ocultarse.
Examinó la muralla de concreto con curiosidad, ¿qué era aquello? Era tan duro como una roca, pero mucho más liso, y parecía haber sido moldeado con mucha paciencia. Con ambas manos, palpó la fría dureza de la muralla, impresionado por tal trabajo de tallado.
Para entonces, no se imaginaba que ya estaba siendo observado por alguien que se las había ingeniado para escalar la muralla desde el otro lado de la misma, y que se encontraba tan curiosa por él como él lo estaba por esa pared de concreto.
Era una niña del mismo tamaño que él, aunque a diferencia suya, ella iba vestida con un vestido sencillo de color azul oscuro con los bordes claros y un moño negro. Llevaba una bandita en la mejilla, señal de que era del tipo inquieta.
Era rubia, llevaba dos coletas de caballo. Tras su sonrisa pícara, un colmillo travieso resaltaba de entre sus labios. Con sus vivaces ojos celestes analizaba con fascinación al chiquillo… ¿qué podía ser la causa de su pinta?
― Oye, niño ― Dijo la pequeña, con la enternecedora voz de un angelito. ― ¿Qué haces vestido así? ¿Vienes disfrazado de cavernícola a la fiesta? ¡Qué divertido!
El chico se sobresaltó, en una reacción completamente defensiva, se puso en 4 patas y retrocedió gruñendo mientras con la vista buscaba a su presunto agresor. Cuando encontró finalmente el amigable e interesado rostro de la pequeña, no pudo evitar quedarse impresionado.
Ella tenía mejillas rosadas, una blanca piel sin pelo; como él, cubría su cuerpo para evitar el frío, e inclusive llevaban una cabellera considerablemente parecida en cuanto al largo. Claro, ella lo llevaba peinado y arreglado, y él en cambio era solo una maraña, producto de largos años viviendo solitario en las montañas.
La chica soltó una risotada sonora por lo que hizo el chico, y le dedicó una amplia sonrisa que lo dejó completamente confundido y con la guardia baja.
― ¡¿Qué es eso?! ― Exclamó ella, entre risas. ― ¿Juegas a ser un perro? Mejor, dime cómo te llamas. ¿Eres de la familia Ozaki, o tal vez de alguna otra familia de alto rango?
Era la primera vez que veía a alguien idéntico a él. Comprensiblemente, clavó sus ojos sobre los de ella, y se dedicó a observar su rostro con cuidado… eran muy parecidos… excepto por el claro hecho que las facciones de la desconocida eran mucho más finas y cuidadas, mientras que las de él se encontraban siempre ocultas tras manchas de lodo que le ayudaban a ocultar su olor de los depredadores.
― Veo que no hablas mucho… ― Observó la chiquilla, encogiéndose de hombros para luego reparar con una nueva sonrisa. ―  Bien, me presentaré yo primero. Soy Akane Sakagami. ― Se dio un ligero golpe de pecho, y cerrando los ojos con orgullo tomó una actitud presumida. ― Aunque no lo parezca, soy una gran científica con tan solo 6 años.
El chico arqueó la cabeza. Todos esos ruidos que ella hacía salir de su boca le hacían sentirse nostálgico… tenía un recuerdo lejano, aunque no estaba seguro de si había ocurrido en verdad o era solo producto de su imaginación. En ese recuerdo, alguien muy parecido a esa niña, pero más grande, y con el cabello mucho más largo, le abrazaba y con cariño le dedicaba esos mismos sonidos inentendibles para él… aquella persona solía llamarlo de una forma… y de hecho, solo ella le había nombrado hasta ese entonces ¿cómo era?... lo tenía en la punta de la lengua, estaba a punto de recordarlo.
― Bro…ten… ― Fue lo que dijo el chico, llevándose la palma de su mano derecha al pecho, a modo de señalamiento. ― Broten… ― Repitió.
― Ya veo, así que te llamas Broten ― Akane asintió, satisfecha por finalmente haber logrado sacarle una palabra de la boca al curioso niño cavernícola. ― Bien, Broten… ¿por qué estás afuera? ¡Pasa! Podemos ir a explorar los alrededores de la mansión juntos. Yo sería la jefa de la expedición por supuesto, tú serías mi Igor.
Broten no respondió, se concentró en mirar con detenimiento la sonrisa de la niña, para luego tratar de imitarla, sonriéndole de vuelta de una forma muy extraña.
― Eh… luego te enseñaré a sonreír como se debe, por ahora vamos a meterte al lugar. Como no hay tiempo para ir hasta la puerta, ¡debes saltar! Solo son 10 metros, ¡vamos!
Entendió lo que ella le quiso decir por los mímicos movimientos de sus brazos, y con mucho interés en pasar más tiempo con aquella que era igual a él, decidió obedecerle. No obstante, al saltar con todas sus fuerzas, apenas y pudo elevarse unos 20 centímetros. Apenado, suspiró… ya estaba acostumbrado a ser más débil y menos capaz que todas las criaturas del bosque.
―… Bien, supongo que es entendible a que no puedas hacerlo… no eres mitad ginoide como yo.
La niña entonces se deslizó hacia el frente con gracia, para salir ilesa de una caída de 10 metros sin siquiera parpadear al aterrizar. Mientras bajaba por tan impresionante altura, Broten pudo notar aterrorizado una nueva diferencia entre ambos: donde ella debía de tener sus rodillas, existía una especie de unión artificial apenas distinguible que embonaba sus piernas con sus muslos. No tenía la comprensión ni el conocimiento para determinar lo que ocurría con las piernas de su nueva amiga, que más allá de esa peculiaridad, eran enteramente similares a las de él. Al aterrizar, la jovencita se volvió en dirección a él, y le sonrió, presumida por su reciente prueba de habilidades.
 La aparente científica de 6 años frotó sus manos una con otra para prepararse, y caminó hasta Broten con una sonrisa dibujada en sus labios. Él retrocedió un par de pasos, estaba muy impresionado y su naturaleza precavida comenzaba a hacerle dudar sobre la confianza y simpatía que comenzaba a invertir en la niña.
― No te asustes ― Akane trató de tranquilizarle, sonriente; estaba acostumbrada a reacciones parecidas. ― Lo que pasa es que de niña tuve un accidente muy grave que por poco me hace morir, y mi mamá, que es muy lista, me salvó modificando  las partes dañadas de mi cuerpo. Genial, ¿no crees?
Ya que no entendía lo que decía ni lo que estaba ocurriendo, él se limitaba a observarla con los ojos muy abiertos. Luego, al ver que ella no dejaba de observarle a la espera de una respuesta, se decidió a volver a sonreírle de la misma forma extraña que antes.
― No, en serio… deja de sonreír así… das miedo ― Suspiró, encogiéndose de hombros. ― Ahora…
Sin dar espacio a las dudas sujetó a Broten por la cintura antes de que pudiese alejarse de nuevo, y plantando sus pies en el suelo con fuerza, se agachó para tomar impulso y acto seguido lo lanzó a volar hasta el otro lado de la muralla. Broten no pudo hacer otra cosa que gritar con todas sus fuerzas, horrorizado.
― ¡Ups! ¡Creo que usé mucha fuerza otra vez! ― Bufó Akane, mientras observaba a su nuevo amigo volar por los aires. ― ¡Ya me reuniré contigo, espérame!
 Broten pudo escucharla, pero no estaba seguro de lo que trataba de decirle su agresora; incluso bien podría haberle advertido que sus días estaban contados y  no había forma de saberlo. En medio de su vuelo iba dando giros involuntarios en el aire que lo mareaban y lo tensaban en demasía; más con el constante paso de los instantes, pudo controlar su pánico al notar que aún no se estrellaba; finalmente, se dio el lujo de observar el paisaje que había tras la muralla.
Más personas como él. La niña rubia era solo el inicio. Había incluso pequeños y grandes con las mismas facciones masculinas que él, y todos llevaban prendas para cubrirse del frío (aunque seguramente, como él, preferían andar desnudos).
Nunca se había imaginado que existieran tantas criaturas como él, encontrarse con tantos rostros sin pelo como el suyo era un descubrimiento mucho más notorio que el de aquella gigantesca mansión: con mesas repletas de alimento, juegos de feria, montañas rusas y fuegos artificiales. Por supuesto, también le dejaron con la boca abierta, pero no en un nivel equiparable al de enterarse por vez primera que no estaba solo.
Ahora lo comprendía: había ante él un mundo nuevo y desconocido, y gracias a una niña con una fuerza impresionantemente excesiva, incluso para un oso, pudo descubrirlo, y tal vez, hasta podría formar parte de él.
… Tal vez se dejó impresionar de más, pues olvidó vigilar su inminente aterrizaje mientras apreciaba todo el recinto. Terminó estrellándose de cabeza contra un árbol gigantesco, el golpe fue tan estruendoso que dejó volar astillas en un radio de 2 metros.
Perdió el conocimiento tras el impacto, y le salió un chichón del tamaño de la mitad de su cabeza apenas su pequeño cuerpecillo quedó inerte en el suelo. Todo ocurrió ante la incrédula mirada de los hermanos Luka y Haru, que se dedicaban a comer bajo ese mismo árbol.
―… Oye, ¿estás bien? ― Preguntó Haru con aires despreocupados, arqueando la cabeza y picándolo en la mejilla con un palito. ― Eso debió dolerte.
― ¡Pobre pequeñín! ― Exclamó Luka, soltando su hotdog al suelo y corriendo a cargarlo entre sus brazos con una… algo preocupante actitud. ― ¿Estás bien, hermoso?
― ¿Hermoso? ― Preguntó su hermana, aterrada por el comportamiento de su hermano. ― Hermanito, ¿sabes que hay unos 10 años de prisión para los pedófilos?
― ¡No digas idioteces y ven a ayudarme, tonta! ― Le riñó Luka, molesto, pero no lo suficiente para dejar de abrazar al inconsciente Broten a su pecho. ― Este hermoso niño necesita atención médica.
― S-sí que la necesitará, si sigues asfixiándolo así.
― ¡CALLA, TÚ NO SABES LO QUE ES BUENO PARA MI NIÑO!
― ¿Ahora es tu niño? ― Haru, con lágrimas en los ojos dramatizó con una pasional decepción. ― ¡Mamá, papá! ¡Su hijo resultó ser un maldito degenerado! Cuanto lo siento…
― ¡DEJA DE LLORAR, LA GENTE NOS MIRA! ― Bramó Luka en réplica instantánea, y acto seguido se echó al niño en un solo brazo, para luego tomar de la mano a su hermana y salir corriendo hacia el interior de la mansión.
― ¿A dónde vamos? ― Preguntó la chica, dejándose llevar con curiosidad.
― ¡A curar su herida! ― Respondió el otro, sin bajar el paso. ― Vamos a dejarlo aquí en este sofá por ahora ― Cuidadosamente recostó a Broten recargando su cabeza en un suave cojín rosado. ― Tú ve a buscar cobijas, un oso de peluche y ropa de su talla, ¡yo iré por el botiquín de primeros auxilios y por bocadillos porque el precioso debe morir de hambre!
―… Oye, en serio debes detener esa actitud tan asquerosa.
― ¡SILENCIO, HARU! ― Ordenó Luka, antes de darse la vuelta y echarse a correr. ― ¡Trae lo que te ordené!
Haru suspiró, y echó a andar a paso lento con las manos en la cabeza.
― Sí, sí…
De esta forma, Broten se quedó solo e inconsciente en el interior de una mansión de completos desconocidos.
O tal vez… no eran tan desconocidos.

Kentaro Ozaki, Ceo de la compañía, entró a la mansión buscando su nuevo prototipo de rifle de cacería para mostrárselo a unos invitados. La primera vez, pasó por un costado del chico inconsciente, que se encontraba en la sala de estar principal, sin siquiera notarlo. No obstante, cuando ya iba de regreso y con el rifle en sus manos, no pudo evitar notar al chico con pintas tan descuidadas tomando una siesta en el salón principal de su mansión.
― ¿Un colado? ― Se preguntó, acercándose lentamente hasta él. ― No es posible… los colados robarían la comida y se irían, no se quedarían a tomar una siesta…
Observó el rostro del chico con cuidado, tratando de reconocerlo. Nunca lo había visto en su vida.
― No tengo idea de si es un invitado… pero despertarlo sería de mala educación incluso si no lo fuera, ¿no es así?
Observó con cuidado la herida del chico, apenas a unos centímetros de su frente.
― Pobre, tal vez debería de ir por algo de hielo y…
De pronto guardó silencio, pues sus ojos se centraron impresionados en el cuello del niño; para ser más exactos, en el collar que colgaba del mismo: una figura metálica desgastada de una luna en color cobrizo.  Aunque era un medallón desgastado, viejo y oxidado, emitió un brillo destellante que tildó en la vista del joven magnate, aún si solo fue por unos instantes.
― ¿Qué es esto? ― susurró, observando con interés el peculiar amuleto. ― Podría jurar que brilló…
Curioso, sujetó el medallón con sus manos, y entonces el resplandor del collar volvió a presentarse; solo que esta vez, más que tildar, cegó su vista, y cubrió toda la habitación con su intensa luz destellante.
Cuando el brillo dejó de lastimarle y se animó a abrir sus parpados de nuevo, quedó boquiabierto. Nunca antes había sido testigo de algo tan desconcertante, impactante y misterioso.
― ¿D-dónde estoy? ― Se preguntó, irguiéndose con lentitud para observar a su alrededor. ― ¿Qué clase de lugar es este?
No se encontraba más en su mansión. Frente a sus ojos ya no estaba aquel niño extraño… ahora se encontraba en el campo abierto. Para ser más precisos: se encontraba en un desfiladero; un acantilado rocoso cubierto de vegetación, rodeado y cruzado por un riachuelo que descendía tímido como una pequeña cascada por la cima del precipicio.
Con la respiración acelerada, retrocedió del borde del desfiladero: una caída desde esa altura sería mortal, y las fuertes corrientes de viento que se presentaban a esa altura podían hacerlo resbalarse en cualquier momento con una superficie de roca lisa tan húmeda como en la que se encontraba parado.
Decidió que nada iba a ganar impacientándose y volviéndose loco, así que tomó asiento en una roca redonda ya en zona segura, y encendió un cigarrillo… ¿en dónde se encontraba? Todo lo que veía alrededor eran montañas y bosque.
Pronto su creciente sensación de soledad y abandono se esfumaron, pues el inconfundible sonido de un motor le hizo volverse 180 grados: una nave sobrevolaba en las cercanías, indecisa. Era como si estuviese dando vueltas en círculos… ¿sería que le estaban buscando?
Pensó en ir a llamar su atención para pedirles ayuda, pero de su padre había heredado la desconfianza hacia todos, a excepción de los de su familia, así que prefirió permanecer oculto. No se podía descartar la posibilidad de que quienes conducían esa nave, fueran quienes le habían llevado ahí en primer lugar, y estuviesen por darle caza.
― Creo que he leído muchas novelas ― Bufó, oculto detrás de un árbol, mientras observaba como la nave aterrizaba exactamente donde él había aparecido apenas el destello del collar cesó. ― Un momento… yo recuerdo esa nave… ¿no era la antigua nave de…?
Guardó silencio antes de terminar su oración, pues del transporte salieron dos personas discutiendo en voz alta por las puertas laterales. Se gritaban cosas que Kentaro no podía escuchar con claridad debido al ruido del motor de la nave. Aún así, era visible a simple vista que discutían con efusividad.
Una de ellas, una atractiva chica de unos 16 años, sostenía en sus brazos un bulto envuelto en sabanas: aparentaba ser un bebé. El otro, un hombre de unos 20 años, trataba de arrebatarle la criatura de sus brazos, con nerviosos y torpes movimientos.
― ¿Qué están haciendo? ― Susurraba Kentaro, pensando en si acercarse sería buena idea.
Con el paso de los minutos, el hombre se encogió de hombros y subió a la nave negando repetidas veces con la cabeza… ¿por qué estaba tan decepcionado? La chica se quedó observando como el hombre regresaba a la nave, él no se volvía por mucho que le llamara. Era como si no deseara volver a verla nunca más.
Ella aferró sus parpados, tratando de contener el llanto y reunir valor en el mismo esfuerzo… finalmente, apenas un par de minutos más tarde, caminó hasta el borde del acantilado.
― ¿Q-qué estás haciendo? ― Susurró Kentaro, con creciente intensidad. Salió de su escondite y corrió tan rápido como pudo hacia la chica entre trompicones, tratando de detener sus inminentes intenciones. ― ¡No, NO! ¡NO LO HAGAS!
Pero ella no le escuchó.
Susurró unas palabras inaudibles para cualquiera a excepción del bebé, y ante el rostro horrorizado de Kentaro: lo dejó ir.
El niño cayó desde los brazos de su madre por el inmenso, casi infinito acantilado. Se perdió su rastro en la densa niebla que se dibujaba al fondo de tan terrible caída. Una valiosa vida había llegado a su fin, por despiadada e incomprensible obra de su madre.
Conforme Kentaro corría hacia el precipicio gritando con todas sus fuerzas, su vista se tornaba borrosa; la chica, el acantilado, la nave… todo desaparecía lentamente ante sus ojos. Tras un último parpadeo, él ya no estaba más en aquel lugar desolado donde fue testigo de tan terrible acto de matanza… estaba de vuelta en su cómoda mansión, con su mano extendida hacia el medallón del niño. Tenía ahora un intenso dolor de cabeza y la respiración muy acelerada. Una línea de sudor se deslizaba por su frente, y en sus rodillas sentía aún las manchas de fango fresco que se hizo en el traje al ocultarse de los visitantes de aquella montaña… ¿qué acababa de ocurrir? Solo tenía la certeza de una cosa al respecto: fue real.
Retrocedió hiperventilando, se aflojó la corbata y encendió un cigarrillo. Tomó su teléfono celular de su bolsillo y marcó un número sin necesidad de observar la pantalla. Mientras esperaba a que atendieran, soltó severos y constantes suspiros de pesadez y estrés.
― Hola. Soy yo. ― Saludó, seco. ― No me importa en donde estés, necesito que vengas ahora mismo a casa.
― ¿Podría ser después? ― Repuso ella, relajada. Menospreciaba sin tapujos la seriedad de la llamada. ― Estoy muy entretenida en Big City, y papá dijo que estaba bien que faltara a la fiesta de la compañía.
― Briza ― Espetó Kentaro, casi escupiendo su nombre con repugnancia y furibunda decepción. ― Ven aquí inmediatamente, hermana… he encontrado a tu hijo. Me debes una explicación… a todos nos debes una explicación.
Ella guardó silencio, no dijo nada, fue como si la conversación se hubiese visto envuelta en un hiato de tensión que detenía el paso del tiempo para ambos bandos.
―… Tienes 2 horas para estar aquí, o voy a decírselo todo a padre. ― Amenazó finalmente, cuando su paciencia a la espera de una réplica cesó. ― ¿Escuchaste?
Colgó el teléfono, apagó el cigarrillo contra un cenicero de cristal ubicado en una mesa al centro de la sala, y se sentó a un costado del chico en un sofá individual, para observarlo con detenimiento.
El destino obraba misteriosamente. Incluso en un mundo tan lleno de maldad, crueldad e injusticias, a veces podían apreciarse milagros, situaciones especiales que vinculaban a almas inocentes con lo que realmente se les reserva.
En ese momento Kentaro no tenía idea de lo que estaba ocurriendo; tantas preguntas, tantas dudas, tantos misterios surgían uno tras otro como una gigantesca catarata en su mente. En medio de tantas dudas, ahora le quedaba claro que esa criatura que tenía al frente era el hijo de su hermana, y que eso lo convertía en su sobrino. Ese niño era un Ozaki.

― Broten… ¿eh? ― Murmuró. Pese a su inmenso dolor de cabeza, alta tensión e inmensa frustración generada por la increíble y despiadada irresponsabilidad de su hermana, una ligera sonrisa se dibujó lentamente en sus labios, de manera involuntaria. ― Me pregunto por qué de pronto conozco tu nombre.

Asociación de lectores y escritores (24/??)

Capítulo 24: El modus vivendi de las revistas


― ¡MALDICIÓN, SUELTEN LOS RESULTADOS DE UNA VEZ O VOY A VOLAR TODO EL EDIFICIO! ― Bramó Asmax, jalándose de los cabellos. ― ¡NO BROMEO, TENGO UN ENCENDEDOR!
― Que ruidoso eres ― Espetó con fastidio Ten, que dormitaba en el suelo, recargado sobre unos casilleros. ― Ya estaba quedándome dormido…
― ¿Y TÚ POR QUÉ ESTÁS TAN TRANQUILO? ― Le señaló su rival, frustrado. ― ¿No entiendes que este momento va a decidir un aspecto importante en tu carrera?
― Eso lo entiendo ― Asintió, calmo. ― Lo que tú no entiendes es que al final no importa realmente quien tenga una silla en mi mesa de editores, soy yo quien tiene control sobre el producto final.
― Eso no me convence del todo ― Escupió, desconfiado. ― Pienso que esta revista se mueve de formas cada vez más extrañas, no… tal vez incluso todo el medio empieza a modificarse… ¿opiniones de influencias jóvenes? Esas podrías obtenerlas leyendo las cartas y mails de tus fans…
― ¿Qué estás insinuando? ― Alan arqueó una ceja, ciertamente su amigo tenía un punto, pero si estaba a punto de decir lo que él imaginaba, estarían entrando en acusaciones muy serias.
― Lo que estás pensando que insinúo ― Aseguró entonces, tomando asiento en una de las sillas a un costado de su amigo. ― Ten… sospecho que esto puede tener algo que ver con la iniciativa crecimiento. Sé que vas a decir que estoy siendo paranoico, pero piénsalo un poco… la iniciativa consiste en que las editoriales sean dueñas del material intelectual del cliente a cambio de sumas mayores de dinero… esto sería de suponer que un escritor pasaría a ser un empleado que regala su talento a la empresa que le da comodidades económicas a cambio; pero si lo pensamos con detenimiento, también implica que pueden despedirle si su rendimiento no es el esperado, y contratar a otro cliente, más joven y más barato para continuar escribiendo lo que el cliente anterior dejó inconcluso…

“He de advertirte que la nueva generación pudiera no tener cabida para ti si no tienes cuidado, Ten… dependerá de cómo actúas si se te acepta como un líder o un icono o si se te excluye como un vejestorio sin utilidad”

Abrió los ojos como platos, y observó a AsmaX como si acabase de encontrar el hilo negro; ¿sería que Damián Gambino, además de predecir el fuerte cambio generacional podía ver una revolución total del medio donde los más veteranos (y mejor pagados) pasarían a ser los chivos expiatorios? Tenía mucho sentido si se tomaban en cuenta todos los movimientos recientes; para su criterio, no existía la posibilidad de que un escritor novato le reemplazase, por cuestiones de talento y calidad, pero con su equipo de editores y una narrativa fluida… no quería pensar más en ello, le repugnaba la sola reproducción de la idea… atentaba contra todo lo que significa escribir, contra todo lo que amaba.
― Aún si tan desarrollada conspiración fuese cierta, no pienso firmar nada; el mensaje que dimos esa tarde en Gambino´s sigue vigente… no voy a formar parte de este negocio si no puedo ser dueño de mis creaciones.
― No sabemos de lo que son capaces, pueden hacer trabas legales, alegar derechos sobre tus historias, congelarlas, y apoderarse de ellas… son gente muy peligrosa.
― ¿Quiénes? ― Preguntó una voz, desde la entrada de la habitación.
Ambos alzaron la vista en dirección a la puerta. Ahí, un anciano vestido con gabardina marrón clara les observaba, interesado. Dio pasos firmes hacia ellos, para luego esperar paciente por una contestación.
―… ustedes. ― AsmaX no se la pensó dos veces para responder, con el ceño fruncido. ― Después de todo, usted es un alto rango en esta revista y en muchas otras, incluyendo Mc Magazine… además, tiene bastante poder sobre el gremio de escritores; ¿o me equivoco, señor Ronald?
El hombre soltó una risilla, para luego suspirar con ligereza.
― ¿Eh? ― Ronald ladeó la mirada, su bigote canoso danzaba a cada palabra que decía. ― ¿Es idea mía, o me están acusando de algo, muchachos?
― Lo que mi colega dice ― Interfirió Ten, reacio al conflicto como siempre. ― Es que nos preocupan los movimientos de ustedes, los directivos; están ocurriendo muchos cambios, y es normal que el escritor se preocupe por su futuro y la estabilidad de su trabajo.
― Trabajan en las dos revistas más grandes y competitivas, ¿y hablan de estabilidad? ― Bufó, negando con la cabeza. ― No, chicos… estoy convencido de que los cambios que se planean desde arriba se piensan con la intención de beneficiarnos a todos; al empresario, y al artista.
Asmax rechinó los dientes, incrédulo.
― ¿Cómo beneficia al artista no ser dueño de su trabajo? Por favor no busque lavarnos la cabeza señor, esos discursos pueden comérselos los novatos, pero está usted hablando con los más grandes del momento.
― ¿Qué como lo beneficia, preguntas? Tendrá mayor estabilidad, mayores ganancias, menores responsabilidades y una serie de beneficios que actualmente no gozan… les hablo de servicios médicos, un fondo de retiro, una liquidación justa y sustancial, lo suficientemente vasta como para mantenerse hasta que pueda conseguir otro contrato…
 ― Estoy seguro que la gran mayoría de beneficios no serán disfrutados nunca, pues si se adueñan de las historias son dueños de todo; si un escritor enferma o baja su rendimiento, podrían reemplazarlo sin penuria y despedirlo sin liquidación argumentando que no era útil ni efectivo en su puesto.
― Lo que estás haciendo se llama asumir ― Respondió el anciano con una sonrisa. ― Y es una práctica bastante inexacta. Te recomiendo tengas fe en el sistema que tanto te ha dado, muchacho…
― ¿Que tanto me ha dado? ¡Yo me he ganado todo lo que tengo! ― AsmaX se levantó, indignado. ― Y estoy convencido que solo con mis historias y cuentos les he dado más millones de los que pueden contar en un año entero.
― Eso es trabajar en equipo. Sin tu revista nunca hubieras llegado a ser tan conocido, y sin tu talento tu revista no hubiera recibido tan buenos números. Si empiezas a ver al sistema como tu enemigo, me temo que no hay mucho que podamos hacer, solo pedirte que recapacites.
AsmaX mostró los dientes; era increíble que incluso con alguien de su talla usara las mismas respuestas políticas y baratas que se decían en los discursos públicos para ganarse a las masas. Lo tenía bien claro: el negocio literario era más sucio de lo que los cabecillas admitirían, y el escritor llevaba las de perder en todo momento… sobre todo si la iniciativa crecimiento se convertía en una realidad.
― Veo que les ha quedado claro ― El hombre esbozó una sonrisa amplia e hizo una reverencia. ― Ahora, si me disculpan; tengo que revisar el conteo y los resultados por mi cuenta. Voy a tener que pedirles que se retiren, esto solo compete a la administración.
― ¿Eh? ― Alan se levantó, confuso. ― Pero yo esperaba ver los resultados pri…
― Serás el primero en saberlos, te los enviaré con tus editores ― Le interrumpió, con justa imponencia. ― Comprenderás que tu presencia y la de tu amigo aquí no es correcta, teniendo en cuenta que esto es un evento competente a la MINI ALE.
AsmaX no hubiera tenido problema en presentar su descontento, pero era Ten quien trabajaba en la ALE, y era él a quien realmente competían los resultados de ese concurso… sería él quien tenía que plantar firme su pie.
―… Entiendo, señor Ronald ― Asintió, con gala de categoría. ― En ese caso nos vamos. Tenga un buen día.
…Pero, Ten no era esa clase de persona…
Los dos escritores abandonaron la habitación en silencio, y acto seguido, abandonaron el edificio en las mismas condiciones. Ten Zero se veía tranquilo y relajado, como indiferente; pero AsmaX estaba furibundo: todo con respecto a la situación le molestaba.
― ¿Puedes creer lo cínicamente que me respondió? ― Renegaba, ya cuando caminaban por las calles de la ciudad. ― ¡Nadie puede ser tan ciego como para creerle esa cantaleta tan políticamente falsa!
― Creo que estás perdiendo el enfoque ― Alan hablaba con temple, como si no le hubiesen afectado las posibilidades que su rival colocó en la mesa hacia apenas unos minutos. ― Es obvio que se apegue a lo que lo beneficie a él y a los suyos; nosotros hacemos lo mismo, pues nos apegamos abiertamente a que se preserven los derechos de los escritores. Esta discusión no ha sido una negociación, simplemente fue un choque de ideas entre los dos lados de la moneda… tú, el artista que no quiere ser un empleado, y él, el empresario que busca cambiar el medio en el que ejerces.
― Sí, sé que pierdo el enfoque, pero me irrita sentirme maniatado. ― Frunció el ceño.
― Lo sé, porque eres necio como una mula ― Rió levemente. ― Pero, al final es como dijo el señor Ronald… todo lo que podamos teorizar o predecir son solo teorías… en realidad no podemos saber lo que piensan… incluso con el tema de agregar al escritor a mi equipo de trabajo para “refrescar” a bella agente secreto, puede ser tan solo una sencilla idea de mis escritores.
― O puede ser el inicio de la iniciativa, recuerda que esos editores son empleados directos de la ALE.
― Es a lo que voy… no tenemos forma de saberlo, solo podemos esperar y el tiempo lo dirá… de cualquier forma, no es como si yo fuera a dejar que otros dominen mis historias… ¿o ya se te olvidó?
― ¿Qué cosa? ― Preguntó el otro, deteniéndose.
Ten sonrió de oreja a oreja, y se volvió hacia él, confiado.
― Soy Ten Zero. No me gusta ser egocéntrico, eso no me va… pero si tengo 5 historias semanales y me las arreglé para sostenerlas a todas 14 semanas en los primeros 5 lugares, algo de talento debo de tener.
AsmaX no parecía estar muy convencido, pues hizo aquel puchero con los labios que solía hacer cuando las cosas no salían como él quería, pero acabó por reír, sacando tremendas carcajadas.
― ¡Tienes razón, ser egocéntrico no te queda! ― Exclamó, para luego imitarle con voz burlona. ― “Si me las arreglé para blablablá algo de talento debo de tener, oye, soy Ten-Chan, bájate de mi nube”
― C-cállate, idiota… ― Alan apretaba un puño, ofendido.
― Pero ya en serio… falta poco, ¿no es así? ― De pronto, AsmaX había recuperado la seriedad, y observaba a su mejor amigo con una sonrisa. ― Para que rompas el record de mi tío… el de más semanas consecutivas en primer lugar.
― Faltan solo 5 semanas ― Asintió. ― ¿Pero quién las cuenta?



*****


― Entonces, señores ― Ronald se acomodó la corbata, y se adentró en la habitación, sacándose la gabardina y colgándola en un gancho en la puerta, el cual fue colocado ahí por ordenes suyas, y para uso exclusivo propio. ― Ya sin intrusos en las oficinas, estoy listo para escuchar los resultados del concurso.
― Bueno, señor ― Dijo uno de ellos, sin detener su trabajo. ― Hace unas horas estaban muy apretadas dos historias, pero recientemente Demencias de Lily ha despuntado, y está ahora en primer lugar por más de 50 votos.
― ¿Cuántos votos faltan por contar? ― Preguntó en réplica el anciano, tomando asiendo al centro de la mesa.
― Unos 200, señor ― Dijo el más joven de ellos, que se dedicaba a separar los votos. ― No nos tomará más de 20 min…
― No tiene caso ― Aseguró entonces el hombre, negando con la cabeza. ― En estos concursos pequeños no existen las remontadas de más de 15 votos. Lo sé porque antes solía trabajar en su puesto, chicos; ya pueden dejar de contar.
― P-pero tenemos ordenes de…
― Si no me creen está bien, cuenten los votos restantes y verán de lo que hablo ― Ronald se recargó sobre la mesa con los brazos cruzados, desinteresado. ― Trataba de ahorrarles el trabajo, pero ya lo verán por ustedes mismos. Adelante, cuenten los votos.
Los presentes intercambiaron miradas, incómodos. Pero finalmente acordaron en seguir trabajando sin necesidad de decir palabra alguna; contaron votos en silencio durante unos 40 minutos, y al terminar, anotaron los resultados a mano en una hoja de papel:



1.- Demencias de Lily - Alice!: 2303 votos
2.- Olvido - TamoTodio: 2243 votos
3.- El amor se escribe con J – Liareh: 1520 votos
4.- ¡Ámame, maldición! – Nina Van Der Wood: 1312 votos
5.- Cincuenta sencillos pasos – Fujimaka: 1311 votos
6.- ¡Ese no es mi novio! – Hexa: 817 votos
7.- Sábanas – Drakboy: 620 votos
8.- Mi vida y la tuya – Adriankure: 228 votos
9.- Quiero tu amor – Tabitha: 211 votos
10.- Filosofía y romance – Sachy: 111 votos


― E-.estos son los diez relatos mejor votados, señor ― Dijo el más joven de ellos, entregándole al hombre el papel. ― Tenía razón, la distancia entre la ganadora y el segundo lugar solo se hizo más grande.
― Se los dije ― El hombre soltó una risilla burlona; los novatos se tomaban sus trabajos tan en serio que a veces eran incapaces de pensar con lógica; él, ya bien fogueado en el medio, sabía prácticamente todos los detalles que hacían de ese negocio, algo tan encantador. ― Pero debo admitir que fue un concurso bastante cerrado entre las primeras dos historias; estadísticamente hablando, se podría decir que ambos escritores son promesas para la revista.
― De hecho serían las tres escritoras, señor. ― Otro de los empleados se acercó a él, con deseos de ganar puntos con uno de los cabecillas de la revista. ― TamoTodio, el segundo lugar, es un equipo de dos jóvenes escritoras según se puede leer en su ficha de inscripción.
― ¿Hah? ― El anciano arqueó una ceja, observando con interés el nombre escrito en el segundo puesto. ― Así que esta historia está escrita en conjunto por dos escritoras… vaya, eso es muy interesante. Me alegro que lo comentaras, muchacho.
Ronald se quedó mirando la lista con cuidado. Una diferencia pequeña pero existente separaba a la historia de un equipo de escritoras de la victoria… cierto era que los lectores nunca se equivocaban, no desde un punto de calidad; ¿pero desde un punto de vista de marketing? No sabían de lo que se perdían dando su apoyo a una escritora común y corriente, al menos a simple vista: tan plana como para usar su nombre de pseudónimo, agregándole únicamente un signo de admiración.
― Muchachos, ahora son empleados de la ALE; una de las revistas más importantes del mundo. ¿Saben cuánto dinero maneja nuestra revista? ¿Se hacen una idea de lo que pagan los patrocinadores por ser anunciado en medio de nuestras historias? Estamos hablando de cifras desorbitantes… y aún así, no nos basta. Nosotros buscamos siempre más.
― ¿Señor? ― Inquirió el sujeto, a la espera de una explicación a lo que aparentemente insinuaba. No era el único, el resto de los empleados intercambiaban miradas, confusos.
― Les voy a preguntar algo, ¿qué vende más, un equipo de escritoras que son capaces de sincronizar sus ideas para crear un arte que combina sus personalidades y pensamientos a la perfección, o una historia común y corriente?
Nuevamente se observaron entre ellos, inciertos; el que estaba al frente se atrevió a responder, al notar el silencio de sus compañeros, aunque su voz era insegura y no se mostraba muy convencido de gustar del rumbo que la conversación estaba tomando.
― El equipo de escritoras, señor…
― Respuesta correcta, muchacho. ¿Cuál es tu nombre?
― Y-Yasu, señor.
― Bien, Yasu, como empleado de la ALE hoy tú y tus compañeros van a comprender que en un departamento tan pequeño como lo es la MINI ALE, es válido y necesario hacer ciertas… modificaciones, para acrecentar el atractivo del producto principal, que es la verdadera ALE.
― ¿Habla de modificar los resultados? ― Preguntó otro, consternado por lo que el hombre sugería. ― Como… ¿hacer que TamoTodio gane por tener un trasfondo más interesante que Alice!?
― Precisamente ― Asintió, sacando una pluma del bolsillo frontal de su camisa. ― Un equipo de dos escritoras jóvenes que trabajan juntas para llegar a la grandeza, dos mentes funcionando como una, un par de chicas que terminan la oración de la otra y hacen todo juntas… la ALE puede darse un festín apoyándolas; entrevistas, seguimiento de sus avances, eventos de equipos… es un mercado que ninguna otra revista ha explotado hasta el momento, esto que tenemos aquí puede ser oro puro.
― Pero eso no sería correcto.
Ronald ladeó la mirada hacia Yasu, que indignado, mantenía la mirada en el suelo. Encontraba deshonestas todas y cada una de las palabras de su superior; aún si él era solo un pequeño empleado de una división menor de la compañía, no apoyaría nunca el amaño de resultados en un evento literario. La realidad era que TamoTodio no tuvo meritos suficientes para vencer a Alice!, era ella la verdadera triunfadora.
― ¿Y por qué no? ― El hombre se encogió de hombros. ― Va a ser lo mejor para la revista en la que trabajas, la que firma tus cheques. Además, entiendo tu punto; estás pensando en la otra chica, “Alice!”. No te preocupes, muchacho… no se trata de frustrar la carrera de una joven promesa para fomentar a una promesa más explotable.
― Entonces ― Se interpuso el tercer empleado, que hasta el momento no había hablado, se había dedicado a observar en silencio a sus compañeros y a su superior. ― ¿qué ocurrirá al final? ¿Quién va a ganar, TamoTodio o Alice!?
Ronald no respondió de inmediato, pues se encontraba sobre-escribiendo en los resultados del evento. Al terminar, dejó la lista sobre la mesa y admiró el resultado final:



1.- Demencias de Lily - Alice!: 2303 votos
2.- Olvido - TamoTodio: 2303 votos
3.- El amor se escribe con J – Liareh: 1520 votos
4.- ¡Ámame, maldición! – Nina Van Der Wood: 1312 votos
5.- Cincuenta sencillos pasos – Fujimaka: 1311 votos
6.- ¡Ese no es mi novio! – Hexa: 817 votos
7.- Sábanas – Drakboy: 620 votos
8.- Mi vida y la tuya – Adriankure: 228 votos
9.- Quiero tu amor – Tabitha: 211 votos
10.- Filosofía y romance – Sachy: 111 votos





― Ambas lo hicieron, joven. ― Ronald sonrió de oreja a oreja, nuevamente había logrado sacar provecho en pro de la ALE, y esta vez sería por doble cuenta. ― Estamos ante el primer empate en la historia de un concurso. Esto va a encantar a los lectores, les hará interesarse en recibir ejemplares de la MINI ALE y ganaremos muchas suscripciones a domicilio gracias a esto.
No hubo mucho dialogo posterior a la explicación del señor Ronald. Los empleados procedieron con el papeleo correspondiente y el hombre abandonó el edificio con los resultados notariados y oficializados unos minutos más tarde. Aunque ninguno de los contadores de votos estaba del todo satisfecho con lo ocurrido, todos comprendían que su trabajo era mínimo en comparación a la ALE como tal… todos menos uno.
― ¡Es trampa lo que hace! ― Exclamó molesto Yasu, que junto con sus compañeros caminaba hacia la salida. ― ¡TamoTodio no merecerá toda la atención que va a recibir!
― No se puede hacer nada ― Dijo uno de sus compañeros, encogiéndose de hombros. ― Tú lo oíste, un equipo de escritoras vende; es normal que quiera algo que vende para la revista grande… si TamoTodio perdía este concurso existía la posibilidad de que no volvieran a saber de ella, él no va a correr riesgo con algo que considera que puede generarle grandes ganancias a la revista.
― Además, la MINI ALE es apenas una revista para suscriptores donde mostramos a jóvenes promesas ― Agregó el otro, con la misma resignación que el anterior. ― A ellos no les interesa lo que pase aquí; ¿y qué si se hizo un arreglo en el resultado final del concurso? Es solo una revista dentro de una revista más grande… el que aparezcan en la MINI ALE no les garantiza un futuro ni mucho menos… de hecho, el 90% de los escritores que mostramos aquí no logra publicar nunca más. Y creo que fui muy gentil con la cifra.
― Aún si dicen eso, es un movimiento deshonesto ― Yasu se llevó las manos a los bolsillos, refunfuñando. ― Deberíamos de presentar una queja, denunciar esto. No es posible que no exista una justicia… los relatos deberían ser calificados y juzgados con justicia, con objetividad, no teniendo en cuenta lo que venderá más en una revista.
― Supongamos que hacemos lo que dices y denunciamos lo que el señor Ronald ha hecho… ¿a quién va a importarle? ― Su compañero hablaba con honestidad brutal, como buscando hacerle entrar en razón. ― Incluso si vamos al gremio de escritores probablemente les dé igual; esto es la MINI ALE, nadie se preocupa por lo que ocurra aquí.
― Eso es cierto, y seguro en las otras revistas es igual ― Coincidió el otro. ― Hay que aceptarlo, Yasu… al final, no existen críticos objetivos o justicieros de la legalidad… las revistas siempre van a ver por sus intereses. ¡Mejor olvidémonos del maldito trabajo y vayamos a celebrar bebiendo que otro concurso terminó con éxito!

Sus dos amigos alzaron los brazos, celebrando y olvidándose del tema, pero en Yasu la inconformidad continuó acrecentándose, con las palabras de sus compañeros rondando en su mente. 

Asociación de lectores y escritores (23/??)

Capítulo dedicado a Claudia Aviles, "Kuri". Feliz cumpleaños!

Capítulo 23: El placer de ser leído (parte 2)

Marco se alejó caminando lentamente en dirección opuesta a la que llegaron, dejando a Alice con la mirada clavada en su silueta; tenía mil cosas en la cabeza, y mil más ocurriendo en su cuerpo, todo por obra suya. Deslizó su mano izquierda por su pecho sin desviar la mirada y la dejó ahí. Sintió su corazón latiendo intensamente, era la primera vez que sentía algo parecido.
Nunca antes se sintió así, nunca antes le habían abrazado así.
Aún con la respiración agitada y el rostro hecho un tomate, Alice fintó con darse la vuelta y volver a la biblioteca; pero sus pies, anclados al suelo no respondieron su llamado. Se quedó petrificada ahí durante lo que parecieron horas, aunque apenas fuesen unos minutos repletos de sorpresas.
Tenía verdaderamente un maremoto de pensamientos inundando su cabeza, y le costaba comprender por dónde tenía que empezar: por un lado, estaba el hecho de que tenía que ir a su casa para comunicarse con Yao y enterarse de lo ocurrido en el concurso, y por el otro UN CHICO LA ABRAZÓ COMO TERRY TANTO ANHELABA EN LA HISTORIA DE MINT.
Volvía a colorearse cuando apenas comenzaba a tranquilizarse. Nuevamente su mente revivía con detalle todo lo recién ocurrido, y su pecho se galardonaba de sentimientos nuevos para ella, aquellos de los que Claudia tanta le acusó en el pasado de carecer.
Tenía presente todo: el aroma de Marco, la fuerza arropadora de sus brazos, la masculinidad de su movimiento para atraerla a su pecho, la firmeza del mismo, la espontaneidad con lo que ocurrió… todo fue tan rápido, y tan explosivo, que en cierto modo no se podía creer que lo hubiese experimentado en realidad.
Sacudió la cabeza una y otra vez, agachando la mirada con los ojos brillosos clavados en sus manos enrojecidas por la helada que llegaba sutilmente conforme anochecía. Jugó con sus dedos índices mientras se divertía recordándolo y manteniéndolo presente. No sabía muy bien por qué (aunque ya comenzaba a teorizar), pero le gustaba y le alegraba en un modo muy particular que hubiese ocurrido… algo así como si estuviese muy avergonzada, agobiada y asustada, pero le alegrara igual haberlo sentido.
― Debo tomar nota ― Dijo, llevándose entonces una mano a la barbilla, analítica. ― Esta clase de detalles que se guardan en la mente de las chicas vienen bien a la narrativa, son miel para las lectoras…
Y… sin mayor detalle, volvió a ser ella misma.
― Lectoras… ― Repitió, volviéndose entonces en 180 grados. ― Eso me recuerda… ¡Ratón vaquero!
Alice echó a correr de vuelta a la biblioteca. Sabía que para esa hora ya habrían cerrado el lugar y que su amiga estaría preocupada por su ausencia, y tenía razón: a las afueras, Debité yacía sentada en los escalones con la cabeza gacha y la computadora abrazada a su pecho.
― ¡Ah, menos mal que tú y Gertrudis están bien! ― Celebró, mientras llegaba corriendo e hiperventilando.
Una vez estuvo lo suficientemente cerca como para ser escuchada en timbres normales, Alice se permitió caminar el resto del tramo; su condición física nunca fue conocida por sobrepasar a la media.
Debité, que tenía en sus ojos una angustia sin disimulo, recuperó su habitual y calma paz interior una vez apreció que su amiga se encontraba bien. Le dedicó una educada sonrisa de bienvenida y una reverencia.
― S-sí ― Respondió, con sus usuales trabas. ― C-cuando la bibliotecaria me invitó a salir e-estaba muy preocupada pues pensé que m-me habían abandonado.
Alice gimió con ternura, y se abalanzó hacia la chica para acariciarle la cabeza, sentándose a su lado en el acto.
― ¿Abandonarte? ¡Qué mona eres! No haría eso jamás, eres mi amiga… y menos dejándote mi computadora.
Debité pasó de la alegría del “no haría eso jamás, eres mi amiga” a la depresión del “y menos dejándote mi computadora” en menos de lo que canta un gallo. Ahora una nube de depresión se posaba sobre su nublado y pesimista existir solitario.
― T-tienes razón ― admitió, con la mirada gacha.
― ¡Pero no te deprimas tan fácil, dulzura! ― Dijo la de las coletas de la suerte, esta vez soltándole varias palmadillas en la espalda. ― Solo juego. Bajo ninguna circunstancia te dejaría, tú me has ayudado mucho y espero algún día hacerlo igual… no sé, cuando sea escritora publicada te podría conseguir entradas para los partidos de baseball más importantes o algo así.
La jovencita le observó con curiosidad. Estaba más que claro para ella que Alice no comprendía muy bien las zonas de influencia a las que accedería si cumplía sus sueños… pero estaba bien, porque estaba convencida, como tantas otras personas, que eventualmente lograría cumplirlos sin duda alguna. Ya entonces, podría empezar a entender las influencias que manejaría.
― L-leí la historia ¿s-sabes? ― Dijo finalmente Deb en réplica, con una sonrisa de media luna dirigida al suelo sombrío.
― ¿Y qué te ha parecido? ― Preguntó Alice curiosa. ― ¿Mi historia de batallas con comedia ha despertado instintos guerreros en ti?
Ratón Vaquero asintió, ruborizándose un poco.
― L-lo de un grupo de nerds y amantes de la ciencia ficción combatiendo entre ellos es muy d-divertido de por sí, y los tintes absurdos l-lo llevan a otro nivel, principalmente p-porque al final d-detienen los combates p-por alergias, o porque a uno le sangra la n-nariz y cosas así… pero a-antes de que lo corten, en verdad parece un combate real entre asesinos a s-sueldo… es muy divertido en verdad.
― No sé si sea tan divertido como un alien que brilla en la oscuridad ― Admitió la chica, nostálgica por las primeras historias que escribía. ― Pero, admito que buscar originalidad mientras adopto factores de otras historias del género me divierte mucho; de ahí que en 9 semanas no me haya bloqueado… recibo constantemente inspiración por las historias que tú seleccionas, y mis ideas siempre son frescas porque siempre recibo estímulos frescos a causa de esto mismo… hacer este trabajo es más fácil de lo que pensé en primer lugar.
― E-eso he notado yo también… p-pensé que era un trabajo pesado y tedioso… p-pero con tu buen trabajo resulta s-solo ser algo largo… c-creo que ese editor tuyo sabía esto, y por eso t-te dio esta tarea.
― Yo no lo creo así ― Admitió entonces, encogiéndose de hombros. ― Tal vez me equivoque, pero pienso que los motivos de Yao para hacerme trabajar así, es para poner a prueba mi constancia: soy una escritora novata, así que es normal que quiera asegurarse que resistiré las presiones de ser una escritora publicada semanalmente, pues su trabajo dependerá del mío si me da la oportunidad. Cuida su espalda, eso es todo.
― Y a-aún si así fuera, c-cuida tu espalda t-también mientras lo hace.
― Eso es cierto, estaría mintiendo si te dijera que no estoy mejorando enormidades a cada historia que escribo… ― Suspiró hondo, y luego observó el cielo con ligera preocupación; ya las primeras estrellas se atrevían a mostrarse en el temprano cielo nocturno. ― Pero…
Deb esperó paciente a que Alice terminara su oración, pero ese momento nunca llegó.
― Olvídalo ― Dijo finalmente, y se puso de pie. ― Se está haciendo tarde, y empieza a hacer fresco… deberíamos irnos a casa.
La otra asintió, dándose cuenta, como su amiga, que la noche abrazaba ya a su entorno y ahora las luces de la ciudad se convertían en la única iluminación a su alrededor.
― Por cierto, Deb… ¿vives cerca de aquí? Lo digo porque siempre estás ya en la biblioteca cuando Marco y yo llegamos, y a veces hasta te quedas cuando nos vamos
― N-no ― Negó de inmediato, relamiéndose un poco sus labios resecos. ― Vivo en Shirley.
Alice parpadeó un par de ocasiones, perpleja.
― Que curioso, me pareció que dijiste Shirley.
― E-eso dije.
Volvió a hacer lo mismo, con el rostro en blanco.
― ¿Vives en Shirley?
― S-sí.
― ¿Shirley, la zona de la ciudad que está a unas 4 horas de aquí? ¿Esa Shirley?
― S-sí.
― ¿Segura que no estás confundida y tu mamá se llama Shirley y vives aquí a la vuelta?
― S-segura.
― Ah… ― Alice asintió. ― Ya veo… solo quería asegurarme de que ¡NO ESTABAS LOCA! ¡¿QUÉ HACES AQUÍ A ESTAS HORAS SI VIVES TAN LEJOS?!
Deb desvió la mirada, intimidada por los gritos, y con los ojos llorosos se apresuró a responder.
― P-p-pues… y-yo… n-no sé… y-yo…
― Oye, oye… no llores ― Reculó Alice, colocando sus manos en los hombros de la jovencita. ― Lamento haberte gritado, pero es que vives demasiado lejos… dudo que alcances todos tus autobuses si te vas a estas horas… ¿o es que tus papás vienen por ti?
Volvió a negarse, para gusto de Alice, al menos ya no estaba al borde del llanto.
― N-no tenemos auto en casa, yo camino de regreso c-cuando cierran los autobuses…
― ¡¿C-cómo puedes caminar tanto?! ― Alice retrocedió un paso, tragando saliva con verdadera impresión. ― Debe tomarte unas… ¡5 horas!
― A v-veces es más ― Admitió, sin darle mayor importancia. ― P-pero a mí no me importa, p-porque la biblioteca es mi lugar favorito en el mundo.
Alice sostuvo su mirada en Debité por tal contestación, dulcificando su rostro y dejándose llevar por sus pensamientos. Hoy, todo el universo parecía estar dándole el mismo mensaje, y estaba muy agradecida; le ayudaban a hacerse más fuerte.

“va a ser tu mayor regalo, y te impulsará a seguir buscando más”

― ¿P-pasa algo? ― Preguntó Deb, sonrojándose irremediablemente al ser observada sin parar.
― No ― Negó ella, cerrando los ojos al hacerlo. Franca, volvió a observarla con una sonrisa de realización, esta vez centrándose en sus pequeños ojos tímidos, que tanto habían leído ya. ― Solo estaba pensando que tú y yo somos muy parecidas… hacemos cosas absurdas por algo que amamos, y buscamos siempre más, aún si tenemos que caminar por más de 5 horas, o robar el auto de nuestra mejor amiga para después ir en pijama a unas oficinas.
― E-eh… b-bueno… n-no creo que y-yo robaría u-un auto para v-venir a leer pero…
― ¡Olvida el auto, Deb! ― La llama en el mirar de Alice, y su determinada sonrisa de motivación, iluminaban su rostro en pasión. ― Lo que trato de decir, es que tu cosa favorita en el mundo es leer, ¡y nadie te detendrá a la hora de hacerlo! Estoy segura de que si tu padre te dijera “Ratón vaquero, deja de leer” tú le dirías “¡ÑO!” sin pensártelo dos veces, ¡¿CIERTO?!
― B-bueno… le tengo mucho miedo a mi papá, así que le diría que está bien… ― Admitió, agachando la mirada, para luego inmediatamente levantarla de nuevo, esta vez con decisión impresa en su rostro. ― ¡P-pero sin duda seguiría leyendo a escondidas! P-porque leer es parte muy importante de mi vida, y no podría r-renunciar a ello n-nunca.
Y tal cual, dio en el blanco.
― Esa es la actitud ― Finalizó Alice, habiendo comprobado su teoría. ― Como sea… ya es muy tarde, y ahora que sé que vives hasta la punta de la chimichanga no podría dejarte ir sola nunca… ¿por qué no te quedas en mi casa? Podemos llamar a tus padres desde allá, y avisarles que estás conmigo para que no se preocupen.
Deb, al escuchar la propuesta de su amiga, no pudo disimular en absoluto su creciente emoción: nunca una amiga la había invitado a quedarse con ella, y es que nunca había tenido una amiga. Un rubor de intensa emoción cubrió sus mejillas pálidas y una sonrisa de expectativa que no era capaz de controlar brotó en sus labios.
― ¿C-como una p-pijamada? ― Preguntó, bajando la mirada y moviendo suavemente sus piernas con las flexiones de sus rodillas.
― ¡Claro! ― Asintió, sonriente. ― Como mañana es fin de semana, ¡podemos desvelarnos hablando de libros, viendo videos tontos en internet y otras cosas geniales! ¿Qué dices?
― ¡S-sí, sí quiero! ― Exclamó al instante, incapaz de ocultar su emoción; ¿Qué diría Sarah, la niña del kínder que se burlaba de ella por siempre estar sola si la viera en ese momento? Seguro le daría una buena lección; siendo esta que la paciencia persevera.
― ¡Entonces vámonos!
Sin esperar una réplica, Alice tomó la mano de su amiga, que a pesar de ser apenas dos años menor que ella, era mucho más pequeña que ella en estatura y dimensiones: su mano diminuta era casi como la de una niña pequeña.
― ¡A-Alice! ― Exclamó Deb, sorprendida al ser dirigida de este modo. ― P-puedo andar yo s-sola, no te preocupes.
― Nada de eso ― Repuso la otra, obstinada. ― Eres mi responsabilidad ahora, y si llegara a pasarte algo, tus padres van a querer cobrarte como si fueras nueva.
Con Charla animada, comentarios nerviosos de Ratón Vaquero y las clásicas contestaciones despreocupadas y relajadas de Alice, las chicas enmarcaron su rumbo hacia la residencia Delaware; no pasó mucho cuando ya se encontraban cruzando el umbral de aquel siempre cálido hogar. Como si de una pintura se tratase: la madre trabajaba intensamente en las tareas del hogar, su padre leía el periódico en la mesa, el abuelo veía televisión en la sala, y el hermano se mantenía oculto en su habitación.
― ¡Querida familia, reunios alrededor de mí, que os he traído una nueva hija para mantener! ― Alice entró triunfal, con los brazos extendidos, siendo seguida por Deb, que se estremeció por semejante presentación. ― ¡Me la he encontrado en la calle y he decidido que me hace falta una hermana!
― S-sí mija ― Asintió su papá, dando vuelta a la página de su periódico. ― Pero no vayas a llegar muy tarde, ¿eh?
― Pero si tú ya tienes una hermana, tonta ― Agregó su madre, pasando un trapo por la barra lateral que separaba la cocina de la mesa.
― No sé si te has fijado madre, pero ese del que hablas es hombre. ― Alice despreció con un gesto de la mano a su hermano. ― Necesitamos presencia femenina en la familia, FE-ME-NI-NA.
― Me refería a Melissa.
― Ah… claro… Melissa… ― Alice suspiró, desviando la mirada. ― ¡En fin, les presento a Debité! Va a quedarse esta noche, pues vive en Shirley y se nos hizo tarde en la biblioteca.
Su madre detuvo la labor, el padre bajó el periódico y su hermano espió por lo más alto de las escaleras: todos observaron con curiosidad a la nueva amiga de su hija; últimamente, mucha gente nueva llegaba a su casa siendo invitados por la joven, y seriamente era algo a resaltar. Desde que Alice era una niña, únicamente se le veía con Claudia, y que en semanas recientes incluso fuese capaz de llevar un chico a casa, a un editor chino/afroamericano y ahora a una amiga nueva, verdaderamente llamaba la atención de toda la familia… ¿qué había cambiado en Alice?
― Cuando me dijiste que ibas a ser escritora creí que iba a ser el final de tu vida social, ¡pero mira, se ha triplicado! ― Celebró su madre, acercándose hacia su hija y su amiga. Extendió su mano con educación. ― Mucho gusto querida, soy la madre de Alice. ¿Debité, verdad?
― S-sí ― Respondió la chica, correspondiendo el apretón de mano de la madre. ― M-mucho gusto, señora. L-lamento las molestias.
― No te preocupes por eso ― Le tranquilizó, cálida. ― Es una bendición que mi Alice tenga más amistades cada vez… dime, ¿ya saben tus padres que vas a quedarte esta noche?
― Tenemos que avisarles ― Se interpuso Alice. ― Les hubiera avisado desde antes de venirnos para acá, pero dejé mi celular en mi cuarto. ¿Puedes llamarles tú, mamá? Tengo que subir y llamar a Yao.
La mujer asintió, y con un ademán invitó a la chica a acercarse a la sala.
― Tenemos el teléfono por acá, vamos a llamarle a tus padres cariño, por la hora que es deben estar preocupados.
Tras mirar a Alice con incertidumbre por unos instantes, Deb acabó por asentir y seguir a la mujer. Alice, por su parte, se giró a su derecha y subió las escaleras con todas sus fuerzas. Al pasar por el último escalón, derrapó para girarse una vez más y adentrarse en su habitación.
― ¡Tú teléfono no ha parado de timbrar todo el día! ― Gritó su hermano desde la habitación de al lado.
Eso se esperaba que ocurriera. Esa mañana no estaba lista, no encontró la fuerza necesaria para tomar el teléfono y recibir el veredicto de los lectores llegado el momento, y ahora lo comprendía: estaba siendo inmadura e insegura. Por pensar tanto en su situación, perdió la seguridad en su propia creación, y supuso, aún si fue solo por un pequeño periodo de tiempo, que si los lectores desaprobaban su relato, era un fracaso el haberlo intentado. Ese fue su error, en realidad, sus errores.
Un escritor no puede dudar de su entrega, es el equivalente de un padre que no ama a sus hijos; es erróneo, indebido y ataca directamente a los instintos más primarios de un creador de historias: si has creado algo con tus propias manos, es porque crees en ello, es porque has invertido tiempo, alma, vida y corazón en su creación. Desconfiar en tu obra, es desconfiar en ti.
Tampoco debió temer a la opinión de los lectores. Las críticas, para bien o para mal, siempre llegarán cuando se vive en el mundo de las letras; es parte de la vida de un escritor lidiar con las opiniones de terceros, y hacer con ellas lo debido: utilizarlas para crecer, alimentar su ego y confianza con ellas, y finalmente ignorarlas cuando se considera propio hacerlo. Nunca hay que dejarse llevar ni por la soberbia ni por la inseguridad, siempre hay que mantenerse propio y centrado, pues allá afuera tienes o tendrás lectores que esperarán expectantes por tu próxima entrega, y también tú esperarás expectantes por su próxima opinión y recibimiento.
Y su tercer y último error era el más evidente de todos: los fracasos no existen, incluso en la derrota se ganan experiencias y lecciones que ayudan a mejorar en todo momento. Ahora era una escritora, y participaría en concursos y buscaría ganar premios y medallas constantemente; es natural asumir y asegurar que perderá en más de una ocasión, de hecho: seguramente perderá más veces de las que ganará, pero eso no haría que sus intentos fuesen un fracaso; todo lo contrario, un fracaso sería no intentarlo, o no crecer durante el proceso de cada derrota.

“En el mundo de la literatura hay cosas aterradoras, pero el que tanta gente te haya leído, jamás va a ser parte de ellas”

Cerró los ojos, y sonrió, dejando que el rubor de sus mejillas entintara su rostro; suspiró lentamente, y finalmente volvió a abrirlos. Caminó hasta el escritorio, al frente de su cama y tomó su celular con ambas manos: tenía 47 llamadas perdidas, 40 de Yao y 7 de Claudia.
― ¿Qué querrá Claudia? ― Se preguntó, pero ya lo averiguaría luego; tenía que llamar a Yao antes.
Se llevó el teléfono al oído y esperó pacientemente, no tuvo que esperar mucho para que el editor chino contestara.
― Hola Yao, lamento comunicarme hasta ahora, pasa que…
― Voy a interrumpirte en este momento porque lo que voy a decirte es mil veces más importante. Alice, has ganado el concurso. Tu one-shot, las aventuras de Oscar y Lily, será publicado en el especial de diciembre de la ALE, que como todos saben, es el volumen más vendido del año. Alice… lo has logrado, ¡vas a ser publicada en una de las revistas más grandes del mundo!
― Ramón, se llama Ramón.
― Alice, acabo de informarte que acabas de ganar el concurso, ¿en serio es eso lo que tienes que decir?
Hubo un periodo de silencio de al menos 10 segundos, seguido de un intenso golpe seco que resonó en el oído de Yao.
― ¿Alice? ¿Te has desmayado? ¿¡Alice!?
Pero Alice estaba bien, al escuchar las palabras de Yao su cuerpo perdió repentinamente todas las fuerzas físicas y la capacidad de reaccionar. Por ello, cayó de rodillas en el suelo con estruendo, y ahora yacía arrodillada en el suelo, temblorosa y con los ojos llorosos.
― E-estoy bien… s-solo me caí… ― Tragó Saliva. ― E-entonces, ¿g-gané?
―  ¡Así es, Alice! ― Respondió Yao, ahora con júbilo desbordante. ― Estoy seguro de que ahora mismo te encuentras en shock, incapaz de asimilar lo que has logrado.
― De hecho así es ― Admitió, se sentía mareada, como si su cuerpo y alma se separasen de poco a poco. ― He ganado… y van a publicar mi one-shot en la ALE…
― También debes saber que han ocurrido una serie de… situaciones algo particulares que han condicionado tu victoria de cierta manera… pero son nimiedades de las que te hablaré a detalle mañana; por ahora, estate tranquila y orgullosa, pues es oficial que eres ganadora del concurso. ¿Te parece si quedamos temprano en el restaurante de siempre?
― Claro ― Asintió, echando la cabeza hacia atrás. ― ¿Te parece a las 10?
― A las 10 será. Adiós.
Yao colgó, y Alice se quedó arrodillada, anonadada. Tanto trabajo, tanto esfuerzo, y finalmente recibió una recompensa… tendría que estar saltando de alegría, tendría que estar besando a su computadora, tendría que estar bailando como irlandesa en las escaleras al ritmo de un clásico de One Biebersion… sin embargo, ahí estaba: quieta, de rodillas, llorando.
¿Llorando?
Con los dedos de su mano izquierda, palpó suavemente la piel suave de su rostro, se encontraba húmeda por todo el tramo debajo de sus ojos grandes, que desbordaban lágrimas gruesas sin parar. Sollozó, involuntaria; y sin esperarlo, siendo totalmente incapaz de controlarlo, pronto se vio encorvada con ambas manos en su rostro, llorando a rienda suelta con intenso desconsuelo.
No estaba triste, ¡era todo lo contrario! ¡Quería gritar, quería saltar, quería bailar, pero no podía! Todo lo que su cuerpo era capaz de hacer en ese momento era llorar, y seguir llorando. Se dio cuenta entonces de lo mucho que significaba para ella el logro recién alcanzado: todo este tiempo había andado a ciegas en un mundo competitivo y cruel, escribiendo y desarrollando amor por la literatura sin saber si en realidad tenía lo necesario para codearse en lo más alto con los más grandes. Todos los testimonios a su favor eran únicamente predicciones, opiniones personales, “CREO que puedes llegar a ser una gran escritora” “PUEDE que tengas futuro en esto”, “con el trabajo debido, ES POSIBLE que llegues a ser publicada”… no tenía nada seguro, se aventuraba valiente y esperanzada a un modo riesgoso de vida; y ese día, finalmente, encontró un hecho, no una opinión ni una posibilidad, no… finalmente encontró pruebas solidas de sus capacidades, finalmente podía estar segura de que no estaba apuntando muy alto: para ella, era posible estar en la misma lista de escritores que Ten Zero, Mint y Kopazo.
― ¿Alice? ― Preguntó su madre a espaldas suyas, en el arco de la puerta; preocupada la observaba con quietud y miedo. ― ¿Qué te ocurre, cielo? ¿Está todo bien?
Se volvió hacia ella, con los ojos enrojecidos y el rostro hinchándose a cada instante. Entre sollozos y resoplidos, asintió con lentitud.
― S-sí mamá, gané el concurso de one-shots y v-van a publicar mi cuento en la ALE en d-diciembre.
― ¡¿Pero entonces por qué lloras, pedazo de tonta?! ― La mujer se acercó a ella con alivio confuso y la abrazó, encorvándose sobre su retoño.
― ¡NO SÉ! ― Exclamó, rompiendo en sollozos sin moverse. ― ¡ESTOY TAN FELIZ QUE NO PUEDO PARAR DE LLORAR!
― De verdad que eres rara, Alice ― Murmuró la mujer, desconcertada. ― Vas por ahí todo el día hablando de lo emocionada que estás por ser escritora, y por ser la mejor… y cuando te pasa algo bueno te pones a llorar en vez de saltar de alegría… en serio que no te entiendo.
― ¡Y-yo tampoco puedo entenderlo! Es solo… es solo….
Pero ya no pudo hablar más, su voz ahogada se perdió entre su desahogo constante, y prefirió rendirse, optando por esconder su rostro en el hombro de su madre.
Incapaz de comprender lo que pasaba por la mente de su hija (como siempre), la mujer no pudo hacer otra cosa que acariciar su cabeza con lentitud, y permitir que la euforia que invadía su cuerpo fluyera con naturalidad. Alice, agradecida, se acurrucó de su madre y lloró como una niña pequeña durante al menos diez minutos. Cuando el llanto se detuvo, y sus sollozos dejaron de estremecer su cuerpo delgado, su madre apartó un poco su cuerpo de ella para poder mirarla a los ojos.
― ¿Ya estás mejor?
― S-sí ― Repuso, sorbiéndose la nariz y pasándose las manos por la cara, buscando limpiarse.
― Entonces ve a lavarte ― La mujer se levantó completamente y caminó hasta la puerta, se volvió una última vez antes de bajar por las escaleras. ― Que tu amiga está esperándote abajo y seguro querrás celebrar como se debe… y otra cosa, cariño...
― ¿S-sí? ― Preguntó ella, alzando su rostro enrojecido e hinchado.
― Felicidades… sé que has trabajado mucho para esto... estoy muy orgullosa por ver que tu esfuerzo ha rendido frutos.
Sin dar tiempo a una reacción, la mujer se fue escaleras abajo, dejando a la chica con una creciente sonrisa en el rostro, y una cálida sensación de felicidad en el pecho.
Mientras se lavaba el rostro, el color y la fuerza corporal regresaban a Alice, viéndose estimulada por las relajantes y cálidas caricias del agua caliente. Ahora sus caderas danzaban delante del lavabo del baño, balanceándose de un lado a otro: el maremoto de emociones intensas se había acabado, y ahora la alegría fluía con la misma naturalidad que el agua del grifo.
Cerró la llave del agua y se secó con una toalla, sacudiéndose su rostro sin cuidado alguno. Al acabar, se irguió y observó su rostro renovado en el espejo: se veía como nueva.
― Hola, preciosa ― Se dijo, en tono coqueto, moviendo una ceja de arriba abajo. ― ¿Tienes algo que hacer más tarde? Podríamos ir a comer algo, o a tomar un café… ¿qué quien soy, preguntas? Soy Alice!, una escritora que ha dejado su nombre en la ALE, y que quiere dejar su nombre escrito en ti, primor.
Rió suavemente, sentía bien al mencionar su logro más reciente en voz alta. Al hacerlo, podía sentirse por un instante en las nubes; el surrealismo de la situación colisionaba con la fascinante realidad: ya nunca más sería vista como una amateur, desde ese momento, era una potencial promesa para el mundo de la escritura.
― No puedo esperar para contarles a todos que… ― Se detuvo de pronto, recordando que esa misma tarde prometió a Marco avisarle en cuanto supiera los resultados. ― Es cierto, debo llamarle a Marco…
Irremediablemente recordó lo ocurrido con el chico en la tarde; realmente le había ayudado con sus palabras aún cuando él aseguraba que había sido del otro modo. Sin embargo, el momento que en particular llegó a su mente en el momento fue lo posterior a sus palabras de aliento: el abrazo.
Recapituló la tranquilizante y esporádica sensación de estar entre sus brazos fuertes a detalle, le era difícil de describirlo, pero se sintió muy tranquila en ese momento, aún si estaba muerta de vergüenza y los nervios le aceleraron el corazón a tope.
Su rostro enrojeció. Retorciéndose, con ansiedad, regresó a su cuarto incapaz de controlar su creciente vergüenza. Recogió su teléfono del suelo y se lanzó sobre la cama, buscando en él su lista de contactos.

Marco Muchacho

― ¿Marco… Muchacho? ― Susurró, confundida. ― ¿Por qué le puse ese nombre de contacto? Claro, es un muchacho, pero… en fin… vamos a llamarle.
Pero no oprimió el botón de llamada. ¿Era en serio buena idea llamarle aún cuando dijo que estaría ocupado? ¿No era un mensaje de texto más apropiado? Por desgracia, para ella sería imposible comunicarle todo su agradecimiento y alegría en un simple texto.
― ¡Ya sé! ― Exclamó finalmente, sonriente.

¡Hola Marco! Gracias a ti hoy tuve la fuerza suficiente para recibir el resultado, y aunque no aceptaste mi agradecimiento antes, creo que igual te lo mereces: gracias.
Quiero hablarte de cómo me fue en el concurso, pero como estás ocupado ahora mismo preferiría hacerlo en persona. ¿Te importaría que nos viéramos mañana en la tarde? Podríamos comer algo en el centro comercial. Avísame si puedes, ¡chau!

 Envió el mensaje apenas terminó de escribirlo, y como toda persona en el mundo: se arrepintió instantes después.
― ¡Debí hacerlo sonar más casual! ― Se golpeó la frente con la palma extendida. ― Va a asumir que algo malo me pasó y voy a preocuparlo y… ¡ya sé! Tal vez deba enviarle otro mensaje diciéndole que no es nada malo… ¡pero eso solo va a distraerlo aún más de las cosas que lo tienen ocupado!
Mordió una almohada, con desesperación; al final, tendría que conformarse con ese mensaje absurdamente largo y extraño.
― ¡ALICE, BAJA DE UNA VEZ QUE EL ABUELO YA QUIERE RETAR A DEBITÉ EN UNA PARTIDA DE AJEDREZ!
Abrió los ojos como platos, se había olvidado por completo de su amiga. Dejando su celular en la cama, se levantó de un salto y corrió escaleras abajo para rescatar a Ratón Vaquero, que de hecho se las había arreglado bastante bien a solas con su familia, pues aunque era tímida por demás, poseía muy buenos modales y un encanto natural para ser adorable como una niña pequeña, o un hámster.
Antes de subir a su habitación, las chicas ayudaron a la madre de Alice con la cena y comieron con el resto de la familia; siendo el único incidente el hecho de que el hermano pequeño de Alice parecía haberse enamorado a primera vista de Deb, y no paraba de buscar seducirla.
― Tienes 10 años ― Le espetó Alice, molesta. ― Concéntrate en ser un maestro Pokémono y deja en paz a mi amiga.
― No importa que sea mayor ― Respondió el pequeño con tranquilidad. ― Me gustan maduras. Grrr.
Aún así, la cena fue un éxito, y minutos más tarde las chicas se encontraban charlando animadamente en la habitación. No pasó mucho para que Alice finalmente pudiese comentarle a Ratón Vaquero sobre su victoria en el concurso, y lo bien que se sentía al respecto, más allá de que rompió en llanto inmediatamente después de enterarse.
― Fue muy complicado, ¿sabes? ― Confesó, algo avergonzada. ― De pronto, era como si todo este peso inmenso en mi espalda que ni siquiera sabía que tenía desapareciera… algo así como cuando en la clase de educación física te hacen usar polainas en las piernas al correr y tras quitártelas te sientes ligera como una pluma.
― N-no sabía que estabas t-tan tensa.
― Ni siquiera yo lo sabía; claro, estaba asustada antes, pero esto era diferente… era algo más grande que yo misma, como si mi mundo dependiera de ello… la verdad fue un gran alivio, y siento que es un peso que nunca más tendré que cargar.
― E-eso es cierto, p-porque ahora ya sabes que eres una escritora de alto nivel.
― ¡De nivel ALE! ― Exclamó la chica, apretando sus puños y dientes con emoción.
― D-de nivel ALE. ― Coincidió su amiga, orgullosa.
A decir verdad, Debité ya sabía de la calidad de su amiga desde tiempo atrás; tenía semanas leyendo sus historias, y para sus expertos ojos lectores no era un secreto su calidad. Una simple amateur jamás podría trabajar en tantos géneros sin problemas habiendo leído apenas unos cuantos libros de cada tipo… sin duda, era especial. Desconocía cuán lejos podía llegar con su habilidad y esmero, pues cierto era que la cima pertenecía a genios sin igual: AsmaX y Ten Zero, siendo por supuesto los principales exponentes.
Al final, solo Alice podría decidir cuáles serían sus alcances, trabajando duro y mejorando su arte. Algo si era seguro: Deb deseaba estar ahí en todo momento, leyendo cada página de su querida amiga, y experimentando de primera mano su crecimiento y trayectoria.
Siendo la chica de las coletas de la suerte una distraída de primera el tema pronto embarcó otros horizontes, por alguna razón al final invirtieron una hora charlando sobre calamares gigantes y otra más hablando sobre las posibilidades de hacer un torneo internacional de vencidas. Con este ritmo, la hora de dormir no tardó mucho en llegar; fue un día largo, y era hora de descansar, por muy emocionadas y animadas que se encontraran.
Como Deb no traía consigo un pijama, Alice le prestó unos shorts viejos y una blusa de tirantes, que a pesar de ser prendas antiguas que ella únicamente usaba en días de extremo calor, quedaban sueltas a la chiquilla, como una niña vistiendo las ropas de su hermana mayor para jugar a ser grande.
― Vaya que eres pequeñita ― Admiró Alice, reteniendo la risa. ― Y mira que soy flacucha y plana, ¡si vistieras algo de Claudia creo que habría lugar para dos ratones vaqueros y un par de melones dentro!
― B-bueno… he intentado de todo para crecer ― Admitió, pesimista. ― P-pero nada funciona… he tomado mucha l-leche, m-me he colgado de piernas e-en una puerta, he hecho rituales d-de un libro de hechizos que leí hace dos años… n-nada ha funcionado.
― ¿En serio? ― Soltó una carcajada. ― ¡No tienes porque esforzarte tanto para mejorar tu aspecto! ¿O es que alguien te gusta, picarona?
Aunque Alice lo dijo en broma, Deb se sobresaltó, sonrojándose como un tomate; se apresuró a negar con la cabeza y con las manos una y otra vez.
― ¡P-para n-nada! Y-yo, n-nunca he… d-digo… y-yo… e-eso n-no e-es p-posible…
― ¿Ehhh? ― Arqueó una ceja, ¿en serio había dado en el blanco? ― ¿Tan joven y en serio ya te has fijado en alguien?
La jovencita negó con la cabeza, agachando la mirada con notoria vergüenza creciente.
― H-hay un chico e-en mi escuela… ― Admitió finalmente, incapaz de creer que estuviese hablando de ello. ― M-me recuerda mucho a m-mi personaje masculino favorito… hasta tienen el m-mismo nombre y p-personalidad… pero él n-no sabe que existo, y eso q-que una vez me golpeó con el balón de fútbol sin querer.
― Vaya ― Admiró Alice, boquiabierta. ― Por tu personalidad tan retraída me sorprende… pero no se puede hacer nada, después de todo se parece a tu personaje favorito, ¿no? ¿De qué libro es, sobre qué va la historia?
― E-es una historia romántica de época, s-se llama “pasión colonial”, t-trata sobre un colonizador que viaja hasta Venezuela c-cuando recién inicia la conquista de América, y d-de sus encuentros con una m-mujer casada con un militar. El día en que se conocen, él la toma por la cintura e-en medio de una trifulca, la lleva a su tienda y…
― ¡SUFICIENTE! ― Le interrumpió Alice, sobresaltándose y retrocediendo con el rostro desencajado; ¿qué hacía una chica de su edad leyendo esa clase de historias? Tal fue el impacto, que Alice se cayó de espaldas al suelo.
― ¡¿E-estás bien?! ― Preguntó Debité, preocupada levantándose por el otro costado de la cama para rodearla y asistirle.
― E-estoy bien ― Le tranquilizó Alice, levantándose de cintura para arriba aún en el suelo, mientras se acariciaba la cabeza con la mano izquierda. ― E-es solo que me sorprendió que leyeras porno…
― ¡N-no es porno! ― Se apresuró a defenderse, con el rostro colorado. ― E-es un romance… y el r-romance es pasional a v-veces, a-así que es n-normal q-que existan esas e-escenas, p-porque e-es parte del amor, y en el a-amor es muy sano q-que p-pase e-eso y… y…
Mientras Debité luchaba a toda costa defenderse (como todas las que leen esa clase de historias sucias y buscan sin éxito ser vistas como inocentes), Alice se fue levantando lentamente, y mientras lo hacía: enfocó su mirada en el celular, que yacía al centro de la cama, donde lo había dejado hacía un rato.
Lo tomó, y tras desbloquear el menú con un simple movimiento de su índice diestro, notó que tenía un nuevo mensaje en su bandeja de entrada. Era de Marco.

Me alegra que me hayas enviado el mensaje, y me parece bien que nos veamos mañana; ¿te parece bien a las dos? Confírmame, y dime también en donde quedaremos con exactitud.
Hasta mañana, lo espero con ansias.

―… p-por eso lo f-físico e-es irremediablemente p-parte del amor… y-yo no lo l-leo por l-las escenas d-de sexo, y-yo creo q-que la historia es m-muy bella i-incluso s-sin esos t-toques eróticos y…
― Dime, Deb… ― Le interrumpió Alice. Tenía los codos recargados en el colchón, así como la mitad de su cuerpo; las piernas aún le colgaban entre el viento y el suelo, pues danzaban de arriba abajo con rítmica lentitud. ― ¿Alguna vez abrazaste a un chico?
― ¿E-eh?

*****

― ¡Esto fue muy divertido, Kuri! Tenemos que volver a quedar para comer así los 3, ¿eh? Nada de andarte perdiendo ni de cambiarnos por tus nuevos amigos.
― No pidas lo imposible, mi amor ― Bufó Nadia, dándole un codazo juguetón a su novio, mientras observaba a Claudia con una leve sonrisa. ― Ahora ella se junta con gente tan inteligente como ella, gente de elite que van a ser millonarios, supermodelos o astronautas. Nosotros solo somos sus tontos amigos de la secundaria.
― Tienes razón, pero aún así…
― Eso no es cierto ― Se apresuró a decir Claudia, interrumpiéndoles. Miraba al suelo, realmente en la tarde se habían ido todas sus energías, y cada vez era menos capaz de aparentar. ― Que estudiemos en diferentes escuelas no significa nada… ustedes siempre van a ser mis amigos.
La pareja intercambio miradas de satisfacción, y luego se abalanzaron sobre ella para abrazarla con condescendiente falsedad. A Claudia le repugnó cada instante de ese abrazo, la lástima que le tenían irradiaba por los poros de ambos, y contagiaba sus sentidos el solo sentir su maldita piedad cercana a ella misma. No necesitaba nada de esta basura, ¿por qué tenía que tolerarlo?
Claro, porque ella era la derrotada.
― ¿Ves, amor? ― Apuntó Jim finalmente, sujetando del hombro a la bella chica, que con su cabellera rubia, buena estatura y radiante figura era capaz de cautivar a cualquier hombre que se cruzara en su camino. ― Kuri es Kuri, aunque vista el saco de esa escuela de niños ricos.
― Yimiliyimiliyimi ― Susurró Claudia, aguantando un suspiro. ― Tienes la boca llena de razón… siempre voy a ser la Kuri que ustedes conocen, la fiel compañera, la que siempre los acompañaba a donde querían, la que les ayudaba a estudiar, la que se metía en problemas por su culpa, la que era incapaz de vivir despegada a ustedes. Siempre voy a ser la misma triste criatura pasiva, sumisa y resignada que está para su servicio cuando necesiten algo, SIEMPRE.
Cualquier persona medianamente inteligente, no… cualquier persona con sensibilidad y sentido común hubiesen comprendido el corrosivo sarcasmo de sus palabras, y con dignidad se hubiesen alejado de ella para dejarla en soledad como tanto lo necesitaba… pero estas personas no tenían ni sentido común, ni sensibilidad… ella más que nadie debería de saberlo, fue víctima de su falta de tacto hacía apenas cosa de un año.
― ¡Te quiero mucho, amiguis! ― Exclamó Nadia por tal contestación, y nuevamente le abrazó y besó su mejilla. ― No sabes cómo me alegra que a pesar de que tuvimos nuestros problemitas hemos podido sacar la amistad adelante.
¿Problemitas? ¿PROBLEMITAS?
― Lo sé, yo también estoy hecha un mar de goce. No sabes cuánto me alegra haber pasado una tarde entera con ustedes dos, a solas. Pero ya debo irme… tengo muchos trabajos por hacer.
― Y hablando de trabajos por hacer… ― Jim esbozó una sonrisa socarrona. ― Nos estábamos preguntando si…
― Claro, claro… ― Claudia alzó una mano, agitándola con tranquilidad. ― Díganme cuando quieran estudiar y quedaremos en algún lugar… hasta luego, cuídense.
Dedicó una última sonrisa desganada a ambos antes de darse la vuelta y apartarse de ellos a pasos agigantados. Se sentía sucia, menospreciada, humillada y patética; ¿cómo no hacerlo? Todo lo que crecía, todo lo que cambiaba, al final no importaba cuando estaba al lado de ellos… era como volver a estar en la secundaria y vivir a la sombra y resignación nuevamente; nada detestaba más que esa sensación de retroceder más de un año en tan solo un día.
― Pueden irse a la mierda los dos ― Decía entre dientes, apretando los puños. ― Malditos hipócritas, ¿Cómo se les ocurre…?
Anduvo a paso acelerado e intenso, incluso parecía que corría; tanto así fue, que su largo tramo en el estacionamiento a su auto lo hizo apenas en un minuto. Se trepó en el claudiusmovil con torpeza, y ya estando refugiada en terreno amigable, rompió en llanto.
Estaba llena de rabia e impotencia, la vergüenza además cubría su criterio y para ella no existían salidas en ese momento. Realmente necesitaba un cambio de ambiente, una buena dosis de apoyo, y por supuesto: una compañía grata.
Ya eran las 7, Alice para esas horas ya debía haberse desocupado de sus deberes de escritura; ya estaría en su casa haciendo la tarea para esos momentos. No tuvo que pensárselo mucho para llamarle, ni siquiera le molestaba que la escuchara llorando.
― ¡Hola, soy Alice la chimichanga voladora y no te puedo contestar en este momento! Deja tu mensaje después del Bip… ¿o era del ring? No sé, la verdad nunca me lo había preguntado… en fin, adiós.
Alice no contestó, fue atendida por el buzón de voz… en 7 ocasiones.





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