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Asociación de Lectores y Escritores (26/??)

Capítulo 26: Las cosas mejores que se avecinan

Con el primer compromiso del día tachado de la lista, Alice se sentía tan ligera como un atleta al quitarse las polainas de los tobillos. Más allá de que las noticias del resultado no eran lo que esperaba, seguía siendo ganadora del concurso, y sería publicada en la ALE; ¿qué más podía pedir? Un dinosaurio, una mansión, y una piscina de gelatina… pero todas esas cosas estaban fuera del contexto de la situación actual.

― ¡Bien, ahora vamos a ver a Marco Muchacho!

Cargaba con su bolso al hombro izquierdo, y con los platillos de comida en la mano derecha en un par de bolsas mientras andaba por las calles asoleadas en un día tan brillante como sus sentimientos en ese instante. Estaba verdaderamente feliz, y es por ello que tarareaba y se balanceaba un poco al ritmo de su tonada.

Al momento de balancearse a la derecha por la acera, presenció el aparador de una pequeña tienda de artículos antiguos y rústicos. Se sintió atraída de inmediato por los atrapa-sueños de pared, y especialmente por uno de esos palos de lluvia gigantescos con mensajes grabados en su contorno.

― Ay, mi mamá me tiró mi colección de palos de lluvia luego del tropiezo del 87 ― Pensó, recordando con tristeza. ― ¿Yo cómo iba a saber que iba a bajar por las escaleras ese día?

Bajó la bolsa con la comida por un momento para revisar la hora en su celular, tenía aún cosa de media hora antes de verse con Marco, y era el tiempo suficiente para entrar y echar buen ojo de los interesantes artículos que ese lugar parecía tener.

― Ya va siendo hora de reiniciar mi colección ― Asintió, tomando la comida nuevamente y entrando al establecimiento. ― De todas formas ya le sanó la pierna a mi mamá.

Objetos de épocas más sencillas adornaban rincones y paredes: carteles y señales antiguas, muñecas de porcelana, joyas, instrumentos musicales, y muchas cosas más. Todas llamaban su atención, pero desgraciadamente estaban todas fuera de su presupuesto. Las antigüedades, pese a ser tan viejas y oxidadas, usualmente eran más valiosas que las cosas nuevas. Y Alice sabía todo al respecto: se había visto todas las temporadas de todos los programas habidos y por haber referente a los objetos históricos.

― Debo pensar como Mike y Frank ― Pensaba la chica, tratando de no intimidarse demasiado por los elevados precios de la mayoría de los objetos. ― Y buscar el diamante en bruto en este negocio por un buen precio.

― ¿Puedo ayudarle en algo? ― Preguntó el encargado. Un hombre mayor con la superficie de su cabeza calva, pero aún un poco de cabello a los costados. Llevaba unos pequeños lentes solo comparables en lo diminuto por sus ojos adormilados.

Alice se estremeció, ¡no contaba con que el muy astuto le hablaría para tratar de intimidarla!

― ¡¿E-en cuanto los palos de lluvia grandototes?! ― Exclamó al instante, por la sorpresa.

― 500 Dólares. ― Respondió con temple y educación el hombre.

Alice frunció el ceño, mostrando los dientes. Era un rival malévolo.

"Tsk… es un negociador duro… debo romper el hielo."

― T-tengo 50 dólares que me dio mi mamá para pagarme el almuerzo. Tómelo o déjelo.

― Lo dejo. ― Respondió el hombre con inmediatez. Luego, no pudo evitar soltar una risilla divertida, pensando que Alice bromeaba.

La chica se estremeció, retrocediendo un par de pasos. Ese sujeto era un verdadero depredador de la recolección. Un veterano de mil batallas, un viejo lobo de mar, un insuperable negociador; jamás cedería ante las inexpertas propuestas de una novata.

Al ver que la joven chica no decía nada, el hombre ladeó la cabeza, extrañado.

― Pero si en verdad te interesa comprar algo, tenemos algunos artículos en el mostrador a un costado de la caja registradora… son artículos algo dañados, comunes, o en su defecto descompuestos que usualmente vendemos a quienes recién empiezan a comprar antigüedades y no quieren hacer gastos muy altos. Cuestan un poco más de lo que ofreces, pero como me emociona que los jóvenes se interesen por las antigüedades tanto como yo, te puedo vender cualquiera de esos artículos en 50 dólares. ¿Qué me dices, te interesa?

¿Pero sus oídos la estaban engañando? ¡Claro que no! ¡Inconforme con rechazar su más alta oferta, el desalmado negociante le ofrecía un artículo barato y roto a cambio de todo su dinero! Ese hombre era diabólico, un verdadero amo oscuro de la compraventa. Seguramente sus riquezas las consiguió estafando jóvenes emprendedores como ella, y de 50 dólares en 50 dólares hizo un imperio monopólico que secaba las billeteras de amantes de las antigüedades de toda la ciudad… ¡no! ¡DE TODO EL PAÍS!

― E-está bien, gracias ― Asintió Alice, tímida.

Avanzó hacia el mostrador indicado por el hombre. Ahí encontró pequeñas rocas talladas, algunos carteles algo quemados o manchados por pintura, juguetes de hojalata, una antigua lata de aceite y demás variedad de objetos. Eran bastante llamativos, a decir verdad, pero solo hubo uno que le hizo caer la quijada, y le hizo recordar algo que dijo meses atrás, y que había olvidado completamente.

“– Lo siento Marco, me quedé tan concentrada en la charla que olvidé que venía con mi amiga. Nos vemos después, ¿Bien? Gracias por toda tu ayuda y también por la opinión, espero pronto seas publicado tú también; ¡Suerte y fuerza! Ah, prometo darte algún amuleto o algo la próxima vez que nos veamos… ya sabes, por darme aliento.”

“Ah, prometo darte algún amuleto o algo la próxima vez que nos veamos… ya sabes, por darme aliento.”

“Prometo darte algún amuleto o algo la próxima vez que nos veamos”

“Prometo darte algún amuleto”

“Algún amuleto”

“Amuleto”

¡HABÍA PROMETIDO DARLE UN AMULETO A MARCO Y NUNCA CUMPLIÓ! ¡Ahora lo recordaba todo! Estaba tan agradecida con él que quería premiarlo, ¡Y NUNCA LO HIZO! ¡Eso fue por ahí de la página 71, y hasta la 265 se vino a acordar!

Se sintió una amiga terrible en ese momento. Tantas veces había visto ya al chico desde aquella ocasión, y ni una vez lo recordó sino hasta ese momento. Y para esas alturas, le debía mucho más de lo que hacía en ese entonces: ahora le ayudaba a escribir una historia distinta cada semana para Yao, le daba consejos, se quedaba a su lado sin importar la situación y… la abrazó… eso… eso también estuvo bien.

― Q-quiero ese… señor…

Con una inmensa sonrisa vestida de su ligero rubor, avanzó Alice corriendo hacia el centro comercial. Faltaban apenas un par de cuadras, pronto podría llegar con Marco, y cumplir con una promesa que por poco y dejaba tirada en el olvido.

Podrían pensar algunos que exageraba al ponerse así con el tema. Podría decirse que es “solo una tonta promesa”; pero si algo había aprendido la joven en sus 16 años de vida (además de caminar, hablar, escribir, contar, patinar y pararse de manos), era que una promesa sin cumplir puede lastimar una amistad valiosa… y ella no quería herir de ninguna forma a un amigo tan importante como lo era Marco para ella.

Para cuando entró al centro comercial, lo hizo con la respiración agitada y con una capa de sudor haciendo brillar su cuello y frente, tenía también el cabello algo alborotado. ¡¿Desde cuándo las cuadras eran tan largas y sus piernas tan cortas?!

Apenas recuperó un poco aliento, se escabulló por entre los pasillos del centro comercial (omitiendo el exacto donde quedó con Marco) para luego meterse al baño de señoritas. Ahí se lavó la cara, se arregló el cabello, y se quedó recargada durante 5 minutos sobre la fría pared de azulejos para refrescarse con los excelentes aires acondicionados y la temperatura ambiente de la roca fresca.

― ¡Bien! ― Exclamó una vez estuvo lista para volver a la acción. ― Ya me puedo ir. Adiós, completas desconocidas que vinieron aquí solo a maquillarse aún más de lo que ya están.

Sin esperar una respuesta, Alice salió con una gran sonrisa en el rostro, su bolso al hombro y sus bolsas de comida al brazo. Caminó elegante y casual (dejando de lado todo el tema de correr como loca para los atletas) hasta el lugar donde Marco ya la esperaba, sentado en un banco en paciente soledad.

Como ella, él se arregló más de lo habitual. Llevaba una camisa de manga corta de color púrpura y un pantalón oscuro, además de un par de zapatos de vestir. Cuando vio a Alice, se levantó de inmediato y su rostro se iluminó en felicidad; seguramente era por la comida que Alice cargaba (o al menos eso pensó ella).

Y aunque sobra hacerlo por la obviedad del tema, es de apuntar que Marco se alegró como lo hizo por verla tan guapa como nunca antes. Siempre se veía linda a su parecer, pero nunca había logrado verla tan arreglada: falda y botas altas, una encantadora blusa de tirantes, un peinado radiante que le permitía ver la totalidad de su rostro encantador… el muchacho podría sentir ya como le temblaban las piernas, y eso que aún ni comenzaban a hablar.

― ¡Hol… ― Trató de saludarle una vez estuvieron frente a frente, pero Alice colocó su dedo índice sobre sus labios. No iba a permitirle hablar.

― Cállate. Antes de saludarnos y todo eso, quiero darte algo… ¿me permitirás dártelo?

Apartó su dedo de la cara del chico con lentitud, y esta vez le observaba con sus grandes ojos claros, expectante de una respuesta con la atención que se le da a una prioridad.

― S-sí. ― Marco asintió, un tanto boquiabierto. ¿Qué era tan importante que no pudiese ser recibido luego de saludarse? Y más importante que eso, ¡¿Cómo podía alguien ser tan adorable?!

Alice dejó las bolsas de la comida en el banco donde antes Marco le esperaba sentado, y luego rebuscó con ambas manos dentro de su bolsa. Notó que su celular emitía una tildante luz roja, aquella que se mostraba al tener llamadas perdidas pendientes. Ya luego se comunicaría con quien tratara de contactarla, de momento tenía otro asunto urgente. Sacó un objeto brillante y con forma circular.

― Esto… esto es para ti ― Ofreció el objeto con ambas manos al chico, que lo sujetó con cuidado y curiosidad inmediata. ― ¿Recuerdas lo que dije la primera vez que nos vimos?

Era un reloj de bolsillo bastante antiguo. Su base y bordes, de un brillante color plateado con sutiles grabados en otro idioma en la parte inferior trasera y por los bordes laterales. El cristal protector de las manecillas estaba intacto, y dentro podían apreciarse números romanos en color dorado, además de otras manecillas y contadores más pequeños alrededor del principal. Las manecillas estaban completamente detenidas, siendo tan antiguo no sería sorpresa que hubiese dejado de funcionar, y es que el engranaje se sentía forzado al querer darle cuerda en la pequeña rueda situada bajo la agarradera, que era un lazo de cuero igualmente antiguo.

― Dijiste que me darías un amuleto… ― Marco alzó la vista, luego de perderse en analizar el objeto que le fue entregado. La chica no le apartaba la vista de encima. Como él, estaba un tanto sonrojada; le apenaba entregar obsequios.

― Y tú dijiste que lo estarías esperando ― Asintió ella, llevándose las manos a la espalda para entrecruzarlas ahí. ― Y… e-eh… ya no tienes que esperar… espero te guste… cuando lo vi, inmediatamente pensé en ti.

Nuevamente volvió a observar aquel obsequio… ¿Cuánto le habría costado semejante antigüedad? Encima, le dijo que pensó en él cuando lo vio… no podía estar más feliz al respecto. Apretó con apego su nuevo amuleto, y sonrió ampliamente a su amiga.

― Gracias de verdad, Alice… es el mejor regalo que alguien me haya dado nunca. Siempre lo tendré conmigo, te lo prometo.

― ¡N-no es necesario que lo tengas siempre contigo si no te gustó! ― Exclamó al instante, bajando la mirada por los nervios. Estaba roja como un tomate, se le veía verdaderamente apenada. ― N-no funciona, así que si no quieres usarlo lo entiendo… ¡b-basta con que lo guardes en un cajón, o lo uses como nivelador de una silla que no se quede quieta!

Marco guardó el reloj en el bolsillo derecho de su pantalón, para luego recargar su mano izquierda en el hombro derecho de la chica, tranquilizador. Aunque al igual que ella, estaba bastante apenado, sabía que tenía que dejar bien en claro lo mucho que significaba para él aquel obsequio.

― Me encanta…  yo, eh… ― Se rascaba su mejilla, mientras buscaba por las mejores palabras para expresarse. ― Desde que te conocí… mi suerte ha mejorado… y cada día se vuelve mejor que el anterior. Este amuleto, será el símbolo de las cosas mejores que se avecinan para mí

Alice sintió todo su cuerpo acelerarse.

Para ti…

Su corazón latió a mil por hora, como si fuese a salir disparado en cualquier momento.

Para aquel que experimente maravillosas recompensas tras correr un riesgo…

Sus piernas temblaban… no, todo su cuerpo lo hacía.

Para aquella persona solitaria que siente que se ha quedado atrás, y que desea mejorar.

¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Qué era esa dolorosa sensación de debilidad en su interior que le dificultaba respirar, y le impedía pensar? Trataba de responderle, en serio quería continuar la conversación, pero no le salían las palabras.

― ¡Vaya poema acabo de soltar, ¿no?! ― Rió el chico, rascándose la parte posterior de su cabeza, apenado. ― Lo siento, suelo decir cosas raras así cuando algo me inspira de verdad… a la gente no le gusta mucho, debo cambiarlo…

Estaba asustada. Se sentía increíblemente feliz, pero tenía miedo al mismo tiempo. Sabía que si levantaba la mirada se encontraría con sus ojos, y su sonrisa expectante de una respuesta. No podía mirarlo en ese momento, no comprendía muy bien por qué, pero estaba convencida de ello.

― G-gracias ― Susurró, encogiéndose entera. Fue lo mejor que pudo decir dado su estado actual. A ella no le parecían cosas raras en absoluto, ni pensaba que debía de cambiar su forma de expresarse… no podía describirlo con exactitud, pero sus palabras… habían llegado a su interior de un modo que nunca antes había sentido.

― Oye, Alice… ― Le llamó Marco nuevamente, haciéndola temblar de pies a cabeza solo de escuchar como pronunciaba su nombre.

― ¿S-sí, Marco? ― Preguntó ella, levantando la mirada lentamente hacia él. Estaba aterrada, pero quería verlo a los ojos al escuchar lo que iba a decirle.

― ¿Invitaste a Claudia?


―… ¿Eh? ― Negó con lentitud, extrañada. Tras sentir toda la atmósfera que crearon antes destrozada con una sola pregunta, se limitó a buscar un poco de contexto. ― No lo hice… ¿por qué preguntas?

― Porque ahí está ― Señaló detrás de ella con un solo dedo. Traté de saludarla con la mano, pero me ignoró por completo…

Alice se giró completamente para ver en la dirección indicada, y efectivamente: Claudia estaba ahí. Llevaba un vestido sencillo color blanco con estampado de flores de lavanda. Su cabello lo llevaba atado en una coleta de caballo. Por alguna razón de sus vivaces ojos verdes no se emanaba la misma energía de siempre. Apenas observó su mirada vacía, cansada, Alice tuvo un mal presentimiento.

― Marco ― Dijo, mirando al muchacho con seriedad. ― Espérame. Iré a hablar con ella…

Confundido por lo que ocurría, Marco se limitó a asentir. Alice agradeció su comprensión con una leve sonrisa, para luego caminar hacia quien era su mejor amiga de toda la vida.

― Hola Claudia ― Saludó Alice con voz baja, ladeando un poco su cabeza. ― ¿Pasa algo? ¿Quieres ir a dar una vuelta?

Claudia asintió, y dando media vuelta echó a andar como si no le importara si su amiga le seguía o no. A pesar de esto, Alice le siguió el paso sin pensárselo siquiera. El mal presentimiento que tenía la joven crecía a cada segundo, y era ahora una certeza… algo estaba mal… quedaba solo presenciar qué tan grande era el problema.

― Te estuve llamando, estos dos días… ― La voz de Claudia, a pesar de su bajo timbre, imponía en cada palabra su resentimiento y molestia enmarcada. ― Perdí la cuenta de cuantas veces traté de comunicarme contigo.

Alice inmediatamente abrió su bolso para tomar su celular. Ahí estaba: 10 llamadas perdidas más, que se sumaban a las del día anterior. En ese momento, solo pudo sentirse inmediatamente culpable por reflejo al no haberle devuelto las llamadas de inmediato la noche anterior.

― L-lo lamento, Claudia ― Se disculpó de inmediato, sujetándola cariñosamente por el brazo. ― Ayer recibí los resultados y…

Pero Claudia se detuvo en seco, y con un violento tirón apartó su brazo, asustando y desconcertando a Alice, que se quedó mirando con confusión la mirada fúrica de su amiga, nunca la había visto así… ¿qué le había pasado ayer?

― Sí, lo sé ― Le interrumpió, frunciendo el ceño. ― Sé que ayer recibiste los resultados del concurso, ¿pero me llamaste para contarme? No, porque según tu mamá, tuviste una animada pijamada con otra amiga.

― A-ah, eso fue porq…

― No quiero oír tus excusas ― Le interrumpió de nuevo. ― Si me vas a decir que no pudiste devolverme una miserable llamada solo porque tenías a una amiga ahí, créeme que no quiero oírlo.

Alice trató de calmarla, socarrona y nerviosa; nunca había tenido que hablar con ella en esas circunstancias, así que le dolía siquiera tratar.

― H-hoy te iba a llamar.

― ¿Cuándo, Alice? ― Claudia puso los ojos en blanco, mientras sonreía con penitente sarcasmo. ― ¿Cuándo acabara tu cita con ese idiota? ¿Qué crees que voy a esperar hasta que me des el honor de tu tiempo? Déjame decirte cuando se atiende a una amiga que te llama mil veces: antes de jugar a enamorarte con el primero que tolera tus rarezas, y antes de tener una fiesta nocturna con otra amiga que apenas conoces.

 La chica se estremeció. Nunca imaginó que su Claudia pudiese llegar a ser tan cruel con ella. Tantas cosas deseaba poder explicarle, tanto quería decir, hablar y disculparse… pero las palabras no salían. Tenía un nudo en la garganta.

Pasó de sentirse en un nivel de felicidad completamente nuevo y misterioso, a estrellarse con la mayor de sus miserias de un instante a otro. Cometió un inmenso error, y era hasta ese momento que lo notaba… hasta ese punto donde parecía ya no existir vuelta atrás.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, estaba a nada de estallar en llanto. Esa persona que tenía al frente, ella era su amiga más preciada, su persona favorita en todo el mundo… ¿por qué entonces pasaba aquello? ¿Por qué lo permitió pasar?

Al no recibir respuesta, Claudia siguió caminando. Alice trató de seguirla, pero ella avanzaba más rápido cada vez… era como si quisiera alejarse de ella, y no solo por unos momentos… esta vez, sentía que si la dejaba ir, sería para siempre… tenía esa certeza atorada en el pecho.

― ¡C-Claudia, espera por favor! ― Exclamó, con todas sus fuerzas, dejando salir palabras de su garganta bloqueada ante un inminente final triste de una de las mejores cosas que le habían pasado en la vida.

Claudia se detuvo, su figura de espaldas se mantuvo quieta. Notó Alice como la chica de cabello oscuro apretó sus manos como puños, para volverse nuevamente hacia ella… esta vez, el enojo parecía haberse disipado… quedaba solo la tristeza… quedaba solo la realidad, y no lucían bien en aquellos ojos vacíos, desilusionados.

― Ya esperé suficiente, Alice… ― Suspiró bajo, agachando su mirada. ― Estos años, desde que volvimos a estudiar juntas, no he dejado de depender de ti para no ocuparme de mí misma… y ahora que me doy cuenta de ello, me lastima.

¿Qué?

En ti enfoqué mis energías, y en mí enfocaste las tuyas… creamos juntas una vida donde bajo mutua dependencia nos refugiábamos en la seguridad de tenernos siempre para darnos apoyo incondicional…

¿Por qué?

No te lo recrimino, es todo lo contrario… te lo agradezco mucho… gracias a ti me mantuve ocupada y me oculté bajo la falsa idea de que había cambiado… pero no he cambiado nada… sigo siendo la misma niña de secundaria que depende de los demás para ser feliz… solo que en vez de depender de dos ingratos, dependo de ti… no eres para nada como ellos, tienes un corazón noble y jamás harías algo para herirme… pero que tú seas una excelente amiga, no significa que deje de estar mal el depender de ti.

No podía ser…

Estos dos días, me di cuenta de que has salido adelante… poco a poco vas encontrando tu estilo en la escritura, haces nuevas amistades y hasta parece que te estás consiguiendo un novio… yo quiero hacer lo mismo, quiero ser como tú, y buscar mi propia felicidad… ya no quiero depender de ti ni de nadie. Esta vez… haré las cosas bien.

Por favor, no…

Lo siento, Alice… ya no podré hacer tus tareas por ti… y ya no podemos ser amigas.

¡NO!
….
No….

― N-no… ― Susurró Alice, con la cabeza agachada. Pero Claudia ya no estaba ahí… ella ya se había ido… estaba sola, y a partir de ese día, y durante el resto de su vida, sin su mejor amiga… ella seguiría sola.

No supo cuanto permaneció ahí, encogida. Con la mirada baja, y perdida en la soledad. No trató de ir tras ella, pues nunca le había escuchado hablar con tanta seriedad… ¿en verdad… en verdad era el fin? Le aterraba solo imaginarlo. En urgencia de evitar la soledad, sus piernas la guiaron al estar su mente demasiado abrumada para reaccionar.

Cada paso su cuerpo era más pesado, y es que el peso de la culpabilidad cargaba sus hombros de plomo y sus ojos de llanto.

― ¿Alice?

Marco seguía ahí, menos mal… no podía imaginarse siquiera lo que hubiera pasado si el chico se hubiese ido en ese momento. A pasos lentos y cortos, como los de un bebé tratando de aprender a caminar, avanzó hacia él.

― ¿Está todo bien? ― Fue lo primero que se le vino a la mente al chico al notar la fragilidad emocional por la que estaba pasando la chica. Era evidente que no estaba bien, pero no conocía otra forma de acercarse a alguien en mal estado, no era su fuerte.

Alice negó con la cabeza, y alzando sus ojos llorosos hacia los de él, esbozó de inmediato un puchero de dolor en su estado más puro: aquel que es alcanzado antes de romper en llanto.

― G-gané el concurso… ― Fueron sus palabras, y después de eso trató de esbozar una forzada sonrisilla, como tratando de tranquilizarlo. ― E-empaté con otro relato, pero gané… y g-ganar es lo más importante, ¿n-no es así?

Marco negó con la cabeza de inmediato, haciendo un puchero de preocupación en sus labios.

― Lo más importante es darlo todo… entregar tu máximo, para no tener arrepentimientos… creo.

Eso lo explicaba todo… ella no había dado su máximo, y por eso sentía ese arrepentimiento tan grande destrozándola por dentro. Un par de gruesas lágrimas escaparon por sus ojos, y serían las primeras de muchas más.

― Q-quiero otro abrazo como el del otro día… ― Imploró, incapaz de ocultar su tristeza agobiante e inconmensurable. ― A-aunque te advierto que voy a llenarte tu camisa de mocos y lágrimas.

Marco rió levemente, y no dijo más… simplemente cubrió a la chica con sus brazos amplios, protectores, y le permitió desahogar sus penas como un fiel y silencioso guardián de lágrimas.

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Claudia avanzaba a paso veloz a través del centro comercial. Sabía que si se quedaba quieta acabaría doblándose y volvería arrastrándose en llanto hacia Alice… pero así nunca sería libre de crecer… ninguna de las dos lo haría.

Estaba al tanto de que no sería tan simple como cortar de raíz su amistad y cambiar de un momento a otro… pero nunca imaginó que sería tan difícil. Se sentía tan vulnerable y sola en ese momento, que rompería en llanto en cualquier instante… tenía que hablar con alguien… tenía que mantenerse libre de la soledad.

Tomó su teléfono, y llamó sin pensárselo al primer número de su lista de contactos.

― Hola, ¿Anthony?

― ¡Ah, Claudia! ― Respondió el chico de inmediato. Aunque parecía que se encontraba en un lugar altamente concurrido, era capaz de escuchar su voz lo suficientemente claro. ― ¿Qué se te ofrece?

― ¿Qué te parece si vamos a tomar algo? Necesito la compañía de un amigo ahora mismo.

Una seca e irónica risa fue la respuesta en primera instancia.

― ¿Un amigo, dices?

― Eh… pues sí, un amigo… ― Claudia hizo una leve pausa, extrañada. Nunca había escuchado a Anthony hacer una expresión tan burlona. ― ¿Pasa algo?

― No, no pasa nada ― Replicó, casual. ― Solo que me pregunto bajo que términos somos amigos… ya sabes, quiero saber exactamente cuándo te viene bien que seamos amigos, y cuando dejas los frijoles hirviendo en casa, me gritas cuando te llamo, ignoras mis llamadas y me tratas como basura. Ya sabes, para tener un calendario.

― Anthony ― Claudia se sujetó la frente; no podía estar pasando eso justo luego de lo que acababa de pasar. ― Tú y yo siempre somos amigos, esas cosas que mencionas ocurrieron cuando tenía la cabeza ocupada de otros temas y…

― Déjame decirte algo, Claudia… cuando un amigo te necesita, tú estás ahí para él y lo apoyas. Independientemente de cuan pequeño y patético te sientas, sin que te importen tus inseguridades y tus miedos. Eso he hecho yo para apoyarte a ti y para apoyarte a Alice. Ahora mismo estoy rodeado por un montón de gente que se preocupa por mí, y que me escucha… tú y Alice nunca… les repito, NUNCA me han escuchado. Se trata todo de ustedes, y eso me parecía bien hasta hace poco… pero ya he llegado al límite. A partir de ahora, voy a hacer amistades únicamente con quienes se preocupen por mí de la misma forma en que yo me preocupo de ellos. Y tú no estás en esa lista… lo cual es bastante preocupante, quiero decir, aquí hay una chica que quiere invocar a Satanás mediante copulación que sabe ser una amiga mejor que tú, y eso ya es decir mucho.

― Yo… Anthony… lo (en este punto exacto de la historia, ALE ha alcanzado 100mil palabras. ¿Y qué mejor forma de celebrarlo que haciéndolo notar interrumpiendo una escena dramática para que ustedes puedan leerlo? ¡Gracias a todos! Ahora, seguimos con su programación habitual) siento… ― Sus casi nulas resistencias cedieron con las palabras quemantes del chico. La verdad ácida en su naturaleza burlona destrozó su espíritu (que ya estaba por el suelo) con facilidad. ― A-ahora no puedo con esto… p-perdona.

Colgó la llamada, presionando su mano contra el pecho echó a correr aunque ya no tenía lugar alguno a donde huir. No se había enterado nunca de lo desconsiderada y cruel que había sido con el chico… ¿Cómo pudo haberle reclamado a Alice los malos tratos de un par de días cuando ella hizo lo mismo con Anthony durante meses enteros? Verdaderamente, no era una buena persona.

Pero, muy a pesar de su egoísmo… ¿no era todo para mejor? ¿No estaría mejor Alice independizándose junto con ella? ¿No sería Anthony una persona más plena sin la carga de dos amigas ingratas que no valoran sus esfuerzos nobles y desinteresados?

Así lo parecía… ellos siguieron adelante sin ella… Alice era ahora una talentosa escritora con mucho futuro, y Anthony al parecer se había unido a un culto satánico o algo así, el caso es que estaba rodeado de gente que lo comprendía y apoyaba.  Ahora ella debía hacer lo mismo.

Si ellos lo lograron por su cuenta, ¿por qué no iba a poder ella? No querer depender de nadie fue lo que la llevó a esas instancias definitivas, y ahora que el daño estaba hecho no había vuelta atrás… ella sabía que era lo correcto, y con un poco de suerte, y con muchas lágrimas y esfuerzo de su parte, no tendría arrepentimientos al levantarse una mañana de los días venideros.


 ― ¿Eh? ¡Te crees muy listo, ¿no?! ― Claudia se puso de pie y le encaró. ― ¡Déjame decirte que eres un gran hijo de…

― ¡Eres la chica del otro día! ― Le interrumpió, pasando por alto la lindura que estaba a punto de decirle.

― ¿Eh? Tú eres…

AsmaX sonrió, sorprendido ante aquel inesperado y curioso reencuentro.

― ¿Qué haces tú aquí? ― Le preguntó con mal humor la chica, con el ceño fruncido. ― ¿No deberías estar escribiendo o algo así?

El hombre rió, divertido por la agresividad permanente de la joven hacia su persona.

― Los escritores también tenemos derecho a vivir, ¿sabes? ― Suspiró bajo. ― Como sea… puedo ver que no te encuentras bien… ¿puedo ayudarte en algo?

― Eso depende… ¿tienes una especie de caja mágica que ayude a eliminar la tristeza escondida en tus bolsillos?

El hombre revisó sus bolsillos, y sacó de ellos un clip, una pelota de tenis, y un delfín de juguete.

― Bueno… creo que el delfín es lindo, así que puede funcionar.

Para su sorpresa, la chica tomó el delfín en sus manos y comenzó a jugar con él, como haciéndolo nadar sobre olas imaginarias en el aire.

― Esto de hecho ayuda un poco ― Confesó la chica, riendo bajo. ― Pero… no es lo que necesito.

El joven Gambino entrecerró los ojos, analizando con cuidado la expresión de la chica. Finalmente, le dedicó una radiante sonrisa de oreja a oreja.

― Yo sé que es lo que necesitas… y tú también. Te lo dije el día en que nos conocimos, ¿no es así? Que un buen escritor sabe plasmar sus sentimientos y sus vivencias en la hoja.

― No, no… ― Negó rápidamente la chica, impaciente. ― Para eso, tendría que ser una escritora en primer lugar. Nunca he escrito nada, más allá de aquellas tontas historias que hacía en secundaria.
El hombre arqueó una ceja, sabía que había logrado sembrar en ella el interés en la posibilidad de hacerlo.

― Eso dices tú… pero todos somos capaces de tomar una hoja y tinta para escribir lo que sentimos. No tienes que verlo como un cuento o una novela… simplemente puede ser un diario, o una carta para ti misma… personalmente, cuando escribo mis sentimientos negativos, veo una liberación considerable de sensaciones en mi cuerpo… realmente me libera.

Claudia observó al hombre, sus palabras realmente tenían sentido; ¿y cómo iba a contradecir a uno de los escritores más importantes de la época? Tal vez, algún día podría intentarlo… tal vez.

― De momento… no me siento capaz de hacerlo, pero agradezco tus palabras… de verdad… tal vez algún día, cuando sienta que no existe escape… tal vez entonces me lo piense… eso de una carta a mí misma suena como una práctica sensacional. Por ahora solo… solo iré a llamar a mi mejor amiga, y le hablaré, como hacen las chicas normales…

El hombre sacó entonces su billetera por tal contestación, y rebuscando entre los pliegues de la misma, sacó una tarjeta de presentación. Luego, buscó en los bolsillos de su abrigo para sacar una gruesa pluma de color oscuro para escribir una dirección en el reverso de la misma.

― Para cuando quieras hablar con alguien, y te sientas sola ― Dijo, mientras pasaba la tarjeta a la chica, que dubitativa aceptó la tarjeta. ― Asegúrate que sea en la tarde.

Sosteniendo la tarjeta como si se tratara de su boleto de abordaje hacia una nueva vida, Claudia subió en el Claudiusmovil para viajar a la dirección indicada. No pasaron más de 10 minutos al volante cuando ya se encontraba en la calle indicada. Un par de vueltas bastaron para dar con los departamentos correctos.

Se estacionó frente al edificio, donde había muchos espacios disponibles. Parecían unos departamentos algo humildes para un escritor de elite… imaginaba que todos ellos vivirían en enormes mansiones y pent-houses fantásticas, pero al parecer, algunos gustaban de mantenerse humildes.

Subió las escaleras exteriores, y recorrió hacia la derecha, buscando el departamento correcto, y una vez estuvo frente a él, suspiró profundo… una vez tocara esa puerta, las cosas cambiarían para siempre.

Y ella quería el cambio.

Tocó la puerta, exactamente tres golpes. No tuvo que esperar mucho para que esta se abriera.

― H-hola… ― Saludó Claudia, sonrojada. ― S-sé que esto es sorpresivo… pero no tengo a quien más acudir… yo… tengo muchos sentimientos guardados y… AsmaX me dio tu dirección, espero no te moleste.

Mint escuchó atentamente las palabras de Claudia, y cuando esta terminó de hablar, le dedicó una amplia sonrisa amigable.

― Él me habló de ti, hace un tiempo… me dijo que tarde o temprano vendrías pidiendo consejo, y que muy probablemente vendrías hambrienta.…

Claudia rió levemente, sorprendida de aún ser capaz de realizar tal hazaña.

― Bueno… no he comido en todo el día…

― Pasa ― Dijo la chica, apartándose de la entrada. ― Estaba a punto de prepararme algo.


Para … para ti… para aquel que experimente maravillosas recompensas tras correr un riesgo… para aquella persona solitaria que siente que se ha quedado atrás, y que desea mejorar.


Un alma más en el Castillo de la Mota


Un alma más en el Castillo de la Mota


Cuando era joven, soñaba como muchos otros con riquezas, lujos y respeto. Me gustaba apuntar al cielo para no mantener la mirada fija en la casa de cartón y aluminio que mi padre construyó para nosotros a las afueras de la Comarca.

Cuando las necesidades incrementaron, mis expectativas se redujeron para traer un balance justo a mi vida limitada. Llegó la adultez a una edad temprana para mí: mamá murió y mi padre enfermó, y me tocó a mí lidiar con las responsabilidades que ambos dejaron vacantes. “¿Qué hago?” solía preguntarme a diario con lágrimas en los ojos; ya fuera frente a la estufa de barro, al enterarme que no nos quedaba comida, o en las calles, cuando andando por Santo Tomás hombres adultos me quitaban el dinero ganado en la chatarrería.

Así crecí, luchando. Pero no todo fue sufrimiento, también hubo aprendizaje en mi camino: los hurtos injustos curtieron mi carácter, las carencias alimentaron mi humildad, y la crudeza despiadada de la realidad fue artífice de mi despertar; dejé atrás mis tontos sueños de infante, y me iluminé para crecer en plenitud. Comprendí a base de trabajo duro los verdaderos elementos esenciales para una vida plena, y asimilé la inutilidad de mis antiguos anhelos.

Cambios en el blog (SÍ, OTRA VEZ)

La gente suele decirme que mi blog es muy difícil de navegar, y tienen completa razón. Tengo muchos cuentos perdidos con el tiempo, y muchas de mis historias suelen quedar en el olvido debido a la poca capacidad que tengo de mantenerlas visibles.

Debido a esto, he decidido arreglarlo de una vez por todas con un sistema de categorías que hará todo más fácil. A partir de ahora, al entrar a mi blog podrán ver esto en el área derecha, justo debajo del contador de visitas:



¿Genial, no? De este modo, todo lo que tienen que hacer es dar click en una categoría y darán con lo que buscan. Cabe mencionar que para dar con mis series como "Amo a mi esposa! (creo)" y "Asociación de lectores y escritores" solo basta con dar click en la categoría "Historias largas", aunque igualmente pueden acceder a ellas dando click en sus portadas, úbicadas más abajo.

En la sección de "Favoritos del autor" se encontrarán con aquellos cuentos e historias que significan mucho para mí, y que a pesar de haber sido yo el autor, considero que son excelentes y valen la pena.

El resto de las categorías me parece que se explican por si solas; por ejemplo, esta irrelevante entrada irá a pasar a la categoría de "Noticias y blog personal".


Otro cambio importante ha sido añadido al blog, esta vez siendo los comentarios de disqus.




Son unos comentarios muy sencillos y dinámicos. (Blogger, te amo, pero tus comentarios son lo peor). Tienen sistema de votos a favor y en contra, y es muy sencillo de utilizar para responder comentarios y convivir con ustedes. Para registrarse basta con que sincronicen la cuenta con facebook o twitter y ya está, todos salimos ganando. Bienvenido a Voz Dormida, Disqus.



EEEso es todo por ahora. He estado muy activo últimamente y eso me tiene harto feliz. Espero tengan un gran día. Disfruten de mi más reciente capítulo de ALE, y de mis otros aportes por igual. Saludos a todos.

Bienvenido al mejor blog del universo!

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